
ENFOQUE: «Chiapas, la paz pendiente»
12/06/2026
Actividades de SIPAZ (De mediados de febrero a mediados de mayo de 2026)
12/06/2026Llegaron personas de diferentes partes del mundo, poniendo sus cuerpos para frenar la violencia y usando como herramientas la documentación. Ahí los idiomas se vistieron de todos los colores. Ellas y ellos con su presencia y con la denuncia diluyeron los ataques militares y paramilitares en diferentes regiones de Chiapas. La solidaridad alimentó las resistencias, con ellas alumbraron los caminos oscuros de la violencia y la guerra
Si bien la cita con la que abrimos este artículo se refiere al proyecto de los Campamentos Civiles de Paz (CCP) y posteriormente Brigadas Civiles de Paz (BRIco) desarrollado por la Coordinación de Organismos No Gubernamentales por la Paz (CONPAZ) y por el Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de las Casas (Frayba) en Chiapas después del levantamiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) en 1994, también alude a la columna vertebral de lo que un año después se iba a convertir en el Servicio Internacional para la Paz (SIPAZ): el acompañamiento internacional.
SIPAZ consolidó su presencia recurriendo a los principales fundamentos de lo que implica esta forma de intervención civil de paz que ya había sido usada en contextos de guerra en países como Guatemala y Colombia: personas de otros países que, en un acto de solidaridad, se hacen presentes en los lugares y momentos de mayor tensión para frenar la violencia (efecto disuasivo), combinando esta estrategia con la producción y difusión de información al público y a actores clave para potenciar la solidaridad nacional e internacional (efecto “boomerang”, generando acciones por rebote).
Para profundizar la reflexión sobre Acompañamiento Internacional, realizamos una entrevista con el Movimiento Sueco por la Reconciliación (SweFOR), organización igualmente presente en Chiapas desde 2000. En la misma, ratificó su convicción de que la presencia de personas u organizaciones internacionales en comunidades y territorios de Chiapas que enfrentan situaciones de violencia, conflicto o vulneración de derechos humanos ha logrado brindar protección a líderes sociales, defensores de derechos humanos y comunidades en riesgo mediante una presencia no armada. SweFOR afirmaba: «el acompañamiento internacional es una herramienta y una esperanza para las personas y comunidades que se encuentran en situaciones de injusticia o de riesgo, les muestra que hay actores que puedan observar, acompañar, estar presentes en solidaridad y eso los anima a seguir adelante». SweFOR rescataba en los logros de SIPAZ que su presencia prolongada en terreno le ha permitido «construir relaciones de confianza de años con muchos actores», algo que considera «sumamente importante cuando trabajas con temas tan delicados como riesgo y violaciones de derechos humanos con personas que han sufrido violencia por su activismo».
«El acompañamiento internacional es una herramienta y una esperanza para las personas y comunidades que se encuentran en situaciones de injusticia o de riesgo.»
«Construir relaciones de confianza de años con muchos actores» es sumamente importante cuando se trabaja con riesgo, violencia y violaciones de derechos humanos».
SweFOR veía también que la principal plusvalía de SIPAZ más allá de la presencia física y protectora ha sido en su capacidad de recopilar y difundir información a lo largo del tiempo: «SIPAZ ha logrado llevar la información de lo que está pasando en Chiapas y México a un contexto más global. Las comunidades de este modo cuentan con un canal que les permite visibilizar la situación de derechos humanos en sus territorios. La página web de SIPAZ es como una base de datos histórica muy rica y amplia. Ofrece una entrada a la memoria misma de la lucha de defensa de derechos humanos en México».
«La página web de SIPAZ es como una base de datos histórica muy rica y amplia. Ofrece una entrada a la memoria misma de la lucha de defensa de derechos humanos en México.»
De manera general, los acompañantes internacionales suelen actuar como observadores imparciales, facilitando espacios de diálogo y contribuyendo a la resolución pacífica de disputas. «Un actor internacional como SIPAZ puede funcionar como un puente, como un actor externo en quien sí se puede tener confianza, ya que no tiene un interés político o económico en los conflictos que se están viviendo. Es un actor que puede jugar un rol muy importante para reparar la confianza y contribuir a consolidar el tejido social», reconocía SweFOR.
«Un actor internacional como SIPAZ puede funcionar como un puente (…). Es un actor que puede jugar un rol muy importante para reparar la confianza y contribuir a consolidar el tejido social.»
SweFOR señalaba, sin embargo, que en años recientes el modelo de acompañamiento internacional enfrenta nuevos desafíos. Uno de ellos es la limitación de recursos económicos y humanos, ya que muchas organizaciones dependen de financiamiento externo y de personal voluntario.
Además, si bien la presencia de observadores internacionales ha permitido disuadir actos de violencia debido a la atención que generan ante gobiernos, organismos internacionales y opinión pública, el impacto se ha visto limitado cuando no existe voluntad política de las autoridades para atender las problemáticas denunciadas. No obstante, aunque la incidencia formal presente límites, se ha mantenido cierta visibilidad que hace que “actores estatales se han visto obligados a actuar de una u otra manera, a reconocer las problemáticas”, ponderaba SweFOR.
Eso se da además en un contexto global donde cada vez más las violaciones a derechos humanos se consideran “daños colaterales” y los mecanismos internacionales encargados de hacer valer el marco de derechos humanos (Naciones Unidas o Comisión Interamericana de Derechos Humanos) enfrentan su propia crisis y limitaciones. «Es preocupante que todo el sistema o estructura de protección de defensa de derechos humanos se esté debilitando», reconocía SweFOR.
«Es preocupante que todo el sistema o estructura de protección de defensa de derechos humanos se esté debilitando.»
Asimismo, existen riesgos para la seguridad de los propios acompañantes, especialmente en contextos donde persisten grupos armados como el crimen organizado, cuya presencia ha crecido en Chiapas en años recientes. «Es muy complejo entender el interés de cada quien, y quién tiene relación con quién entre autoridades, grupos armados más locales y las organizaciones grandes del crimen organizado. Es complejo como acompañante u organización de acompañamiento saber dónde podemos movernos y dónde no. Esos actores también quieren operar sin ojos internacionales. Tal vez el costo político no les importa tanto como una autoridad, pero el acompañamiento internacional todavía tiene como un rol muy importante en documentar, en visibilizar», concluía SweFOR.
El campo del acompañamiento internacional ha ido evolucionando para responder a los cambios de contexto. «Aquí en Chiapas hemos tenido que ser flexibles porque el contexto ha ido cambiando durante estos últimos 30 años, desde el levantamiento zapatista hasta la fecha, en lo político y también con la violencia asociada al crimen organizado», compartía SweFOR.
Como organizaciones acompañantes, «hemos llegado a desarrollar un acompañamiento más integral, que no solo usa la presencia física de un observador o una observadora en chaleco en el terreno, sino también un acompañamiento que ha incorporado otras herramientas como la difusión de información, herramientas de análisis, en el caso de SIPAZ también metodologías de transformación positiva de conflictos. Se ha logrado trabajar en conjunto con organizaciones locales acompañadas para visibilizar problemáticas muy importantes y abrir el espacio cívico en lugares y momentos muy complicados», reflexionaba SweFOR.
En el libro de Frayba de 2020 mencionado al inicio, SIPAZ mismo compartía que «la respuesta de la sociedad civil expresada en el acompañamiento nacional e internacional sigue posibilitando la articulación de acciones de solidaridad, aumentando sus alcances y en una lógica creciente de intercambio más allá de limitar la violencia directa hacia los procesos locales organizados. (…) [un intercambio donde] los puntos a cuestionar o (re-) construir van rebasando una geografía concreta para llevarnos al corazón de lo que significan conceptos como humanidad y dignidad». Seis años después de la publicación de este libro, estos puntos siguen siendo neurálgicos para nuestro futuro en un mundo cada vez más convulsionado y violento.
«Los puntos a cuestionar o (re-) construir van rebasando una geografía concreta para llevarnos al corazón de lo que significan conceptos como humanidad y dignidad.»




