
ENFOQUE: La disputa por la autonomía de los pueblos indígenas y afromexicanos. Entre reconocimiento de derechos y autonomía construida “desde abajo”
01/09/2026
Actividades de SIPAZ (De mediados de mayo a mediados de agosto de 2026)
01/09/2026
H ablar de construcción de paz en Chiapas implica defender la dignidad humana, promover la justicia, reconocer y respetar la diversidad cultural y religiosa, y generar espacios donde las diferencias puedan ser abordadas mediante el diálogo y la organización colectiva.
En este proceso, el ecumenismo y el diálogo interreligioso han desempeñado un papel particularmente importante en el estado. Uno de los principales referentes ha sido la Diócesis de San Cristóbal de las Casas, en particular desde la llegada de Samuel Ruiz García (obispo entre 1959 y 1999). Con su apuesta por los pueblos indígenas, por una Iglesia autóctona y por el diálogo entre diferentes tradiciones religiosas, contribuyó a abrir caminos de reconciliación y participación social.
En ese mismo horizonte ubicamos la labor de SIPAZ, que desde hace 30 años ha cimentado su trabajo en el acompañamiento a organizaciones sociales, comunidades indígenas, organismos de derechos humanos, redes nacionales e internacionales, así como a actores religiosos.
El ecumenismo como camino hacia la paz
El ecumenismo suele entenderse como la búsqueda de unidad y colaboración entre distintas denominaciones religiosas cristianas. Sin embargo, en contextos como el chiapaneco, no se trata únicamente de encontrar puntos de coincidencia entre diversas confesiones de fe, sino de construir espacios comunes para enfrentar problemas que afectan a la sociedad en su conjunto.
Frente a una realidad atravesada por la violencia y las divisiones, las comunidades de fe pueden aportar algo diferente: escuchar al otro, reconocerlo y buscar aquello que permite caminar juntos. Esto resulta particularmente importante en Chiapas, donde la diversidad religiosa se entrecruza con la diversidad cultural de los pueblos originarios.
La experiencia de la Diócesis de San Cristóbal permite observar cómo la fe está profundamente vinculada con la realidad social. La opción pastoral de “jTatik” Samuel fue transformándose a partir de su contacto con las comunidades indígenas y del reconocimiento de las condiciones de marginación y discriminación que enfrentaban. Esta transformación contribuyó a fortalecer los procesos organizativos de estos pueblos y a vincular la experiencia religiosa con la defensa de sus derechos.
Desde esta perspectiva, la paz se construye desde abajo cuando quienes históricamente han sido excluidos pueden participar como sujetos y no solo como destinatarios de decisiones tomadas por otros.
«La paz se construye desde abajo cuando quienes históricamente han sido excluidos pueden participar como sujetos y no solo como destinatarios.»
Una Iglesia que aprendió a escuchar
Uno de los aspectos más importantes del legado de “jTatik” Samuel fue la promoción de una Iglesia autóctona, es decir, una Iglesia capaz de reconocer que los pueblos indígenas no debían abandonar su cultura para vivir su fe.
En este proceso adquirió especial importancia la Teología India, que busca recuperar y reconocer las experiencias religiosas y espirituales milenarias de los pueblos originarios. Parte de una premisa profundamente significativa: los pueblos originarios poseen una experiencia espiritual propia que merece ser escuchada y valorada. Su relación con la Madre Tierra, la búsqueda de la armonía comunitaria, la justicia, los acuerdos y el “Lekil kuxlejal” (el buen vivir) constituyen elementos que pueden dialogar con la tradición cristiana y enriquecerla.
Esto representó un cambio radical respecto de las prácticas históricas de imposición religiosa. En lugar de considerar las espiritualidades indígenas como obstáculos que debían ser eliminados, la Teología India busca reconocer en ellas una fuente de sabiduría. El diálogo deja entonces de ser una estrategia para convencer al otro y se convierte en una oportunidad para aprender de él.
«El diálogo deja entonces de ser una estrategia para convencer al otro y se convierte en una oportunidad para aprender de él.»
En febrero de 1991, Chiapas fue sede del «Primer Encuentro Continental de Teología India». Con el paso del tiempo, estos procesos contribuyeron a superar algunos de los prejuicios que habían dificultado la inculturación de la Iglesia y la apropiación indígena de la fe cristiana.
Del diálogo interreligioso a la construcción de paz
El aporte del ecumenismo a la paz adquiere una dimensión aún mayor cuando se relaciona con la defensa de la Madre Tierra y de los derechos humanos. La experiencia en Chiapas muestra que una Iglesia puede desempeñar un papel social sin abandonar su identidad espiritual.
La Iglesia católica, en conjunto con organizaciones civiles, ha participado en procesos de mediación y diálogo en momentos especialmente difíciles de la historia reciente de Chiapas. Después del levantamiento zapatista, desempeñó un papel central como mediadora entre el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) y el Gobierno federal. Este enfoque la llevó a reconocer las desigualdades que existen entre las partes y a crear condiciones para que quienes han tenido menos posibilidades de ser escuchados puedan participar.
Aquí aparece una de las contribuciones más importantes del ecumenismo: la posibilidad de construir puentes. En contextos polarizados, las comunidades religiosas pueden ofrecer espacios de encuentro entre personas que difícilmente se sentarían juntas en otros ámbitos. La espiritualidad puede convertirse en un lenguaje común en torno a valores como la defensa de la vida, la justicia, la reconciliación y la dignidad humana.
«La espiritualidad puede convertirse en un lenguaje común en torno a valores como la defensa de la vida, la justicia, la reconciliación y la dignidad humana.»
Esta dimensión alcanzó una expresión internacional significativa en 1998, cuando se realizó en Chiapas un encuentro del «Peace Council», con la participación de personalidades vinculadas a la paz. Posteriormente, SIPAZ promovió también encuentros ecuménicos e interreligiosos en Chiapas. En 1999, a iniciativa nuestra, cerca de 300 líderes religiosos de 26 países participaron en un pronunciamiento de reconocimiento a los 40 años de ministerio de Samuel Ruiz. El documento fue respaldado por distintas denominaciones cristianas y por representantes de tradiciones judías, musulmanas y budistas.
Estos acontecimientos muestran que la experiencia chiapaneca no permaneció encerrada en las fronteras del estado. La solidaridad internacional permitió que los conflictos y las esperanzas de las comunidades fueran conocidos en otros lugares del mundo.
SIPAZ y el ecumenismo: una misma lógica de articulación
La relación entre el ecumenismo y el trabajo de SIPAZ puede comprenderse a partir de una idea común: la construcción de paz requiere articulación.
SIPAZ surgió de una coalición internacional y desde sus primeros años mantuvo vínculos con organizaciones sociales y religiosas. Con el tiempo, hemos aprendido que el ecumenismo no es solamente un tema religioso, sino también una forma de construir tejido social. Cuando distintas personas y organizaciones somos capaces de trabajar juntas pese a las diferencias, fortalecemos nuestras capacidades para resistir a las diversas formas de violencia que buscan la división.
«El ecumenismo no es solamente un tema religioso, sino también una forma de construir tejido social.»

Festival por la Paz y la Esperanza convocado por la Red Ecuménica Comunitaria, San Cristóbal de las Casas, agosto de 2026 © SIPAZ
Esta cuestión adquiere particular relevancia en el contexto actual. Entendemos que la articulación resulta cada vez más necesaria ante escenarios donde enfrentamos múltiples formas de violencia y donde el aislamiento puede incrementar nuestra vulnerabilidad. Por lo tanto, hemos continuado acompañando procesos comunitarios, encuentros, espacios de la Diócesis de San Cristóbal, iniciativas relacionadas con la defensa de la Madre Tierra y acciones de diversas organizaciones hermanas. En años recientes, iglesias católicas y evangélicas han participado conjuntamente en peregrinaciones por la paz.
Converger y acompañar
Don Samuel impulsó procesos en los que los pueblos indígenas fueran sujetos de su propia historia y de su experiencia religiosa. SIPAZ, por su parte, procura acompañar sin apropiarse de los procesos locales. Su tarea consiste en estar presente, escuchar, documentar, articular, visibilizar y fortalecer las capacidades de quienes defienden pacíficamente sus derechos.
Esta forma de actuar supone reconocer que las comunidades poseen conocimientos y estrategias propios para enfrentar sus problemas. El acompañamiento externo no debe sustituirlas, sino contribuir a ampliar su margen de acción.
También supone comprender la paz como un proceso a largo plazo. La construcción de paz requiere memoria, porque olvidar las violaciones y los conflictos puede permitir que se repitan. Requiere justicia, porque las heridas no desaparecen simplemente con el paso del tiempo. Requiere diálogo, porque las diferencias necesitan espacios para ser procesadas. Y requiere esperanza, porque ninguna transformación social profunda es posible si las personas dejan de imaginar un futuro distinto.
«Ninguna transformación social profunda es posible si las personas dejan de imaginar un futuro distinto.»
La espiritualidad como base e impulso de transformación y resistencia
La experiencia de Chiapas demuestra que el ecumenismo puede ser mucho más que un diálogo entre iglesias. La espiritualidad puede convertirse en una fuerza de transformación social. La lucha y la unión de las que hemos sido testigos y partícipes nos demuestran que la fe puede cruzar fronteras religiosas y culturales para convertirse en un lenguaje común de resistencia, esperanza y justicia.
La paz no es un punto de llegada, sino un camino colectivo. Un camino que requiere presencia, diálogo, memoria, justicia y solidaridad. Un camino en el que nadie debería pretender caminar por encima, sino lado a lado. La paz se construye cuando las personas recuperan la palabra, cuando los pueblos pueden decidir sobre su futuro, cuando las diferencias religiosas dejan de ser motivo de confrontación, cuando la diversidad cultural es reconocida como una riqueza y cuando la solidaridad sustituye al aislamiento.
«La paz no es un punto de llegada, sino un camino colectivo.»
En esa tarea, SIPAZ continúa con el compromiso de acompañar a actores que, desde su espiritualidad o convicción, apuestan por construir una paz verdadera en Chiapas.







