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:: INFORME SIPAZ: Agosto de 2002; Año 7, No.3

-> Sumario Acciones Recomendadas
-> Coyuntura Tiempos de definición para el
conflicto de Chiapas
-> Enfoque Encuentro Nacional por la Paz: la Sociedad
Civil recarga las baterías por Chiapas
-> Apéndice La Suprema Corte de Justicia de la
Nación rechazó los recursos presentados
por los Pueblos Indígenas contra la
Reforma Constitucional
-> Actividades de SIPAZ
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:: SUMARIO

Al cierre de este informe, se esperaba la inminente resolución de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) sobre la reforma constitucional en materia indígena aprobada el año pasado. Por considerarla una reducción de los Acuerdos de San Andrés, la misma fue rechazada por el EZLN, los congresos de los estados con más población indígena, y sus principales organizaciones.

Más de 300 recursos o controversias constitucionales fueron presentados ante la SCJN contra la reforma, un hecho inusual e histórico, ya que nunca se había dado un cuestionamiento tan amplio a una reforma constitucional.

En los últimos meses, muchas organizaciones de la sociedad civil señalaron que la SCJN tiene en sus manos la oportunidad de contribuir al proceso de paz en Chiapas, ya que el cumplimiento de los Acuerdos de San Andrés es una de las condiciones planteadas por el EZLN para reanudar el diálogo.

La resolución de la SCJN llevará a los actores a redefinir sus estrategias. Si la reforma es declarada válida, el fallo podría ser leído por algunos como el agotamiento de la vía política y pacífica para resolver el conflicto. Sin embargo, quedaría la posibilidad de recurrir a los organismos internacionales como la Organización Internacional del Trabajo (OIT), la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) o la Organización de Naciones Unidas (ONU). Sin embargo, es sabido que las resoluciones de los organismos internacionales no tienen carácter coercitivo a nivel interno.

Del 5 al 7 de julio 2002 se realizó en San Cristóbal de las Casas, Chiapas, el Encuentro Nacional por la Paz con Justicia y Dignidad, en el que participaron más de mil personas, indígenas y no indígenas, de 285 organizaciones, 23 estados mexicanos y 13 países.

El Encuentro constituyó una oportunidad para afianzar el vínculo entre los movimientos indígena, social y civil. El principal objetivo era reactivar la articulación de iniciativas civiles respecto al conflicto de Chiapas; pero los temas trabajados permitieron ir más allá, afirmando así el carácter nacional e incluso internacional de lo que está en juego en Chiapas.

Un primer tema fue el conflicto armado en México, sus consecuencias y el proceso de paz. El segundo fue democracia y derechos de los pueblos indígenas, y el tercero, desarrollo económico alternativo para las comunidades y pueblos indígenas. Hubo también un cuarto tema o eje transversal: la construcción de alternativas de articulación y participación civil nacional e internacional para alcanzar la Paz con Justicia y Dignidad.

Otro momento de fortalecimiento de la sociedad civil organizada fue el conflicto en San Salvador Atenco, donde los ejidatarios rechazaban la expropiación de sus tierras para la construcción del nuevo aeropuerto internacional en el estado de México. Esta lucha -que recibió el apoyo de amplios sectores sociales- logró que el gobierno cancelara el proyecto en agosto.

El rechazo al Plan Puebla-Panamá constituyó otro eje de convergencia popular en este período. En Veracruz, Chiapas, Managua y Guatemala, las organizaciones sociales e indígenas de la región mesoamericana se han reunido para reiterar su rechazo categórico al megaproyecto. En respuesta a las críticas, el presidente Fox y el ex coordinador del Plan, Florencio Salazar, han declarado que nada se hará sin el consentimiento de los habitantes de la región.

En Chiapas, mientras tanto, se multiplican las denuncias de los municipios autónomos zapatistas sobre el incremento notorio de las actividades militares y paramilitares en la zona de conflicto. Incluso se habla de la formación de un nuevo grupo acusado de ser paramilitar (OPDIC). En agosto se registró una preocupante escalada de violencia en municipios autónomos ubicados en la zona Selva.

El 31 de julio de 2002, las autoridades del municipio autónomo Ricardo Flores Magón denunciaron una agresión por parte del OPDIC en el ejido La Culebra, con un saldo de 7 bases de apoyo heridos. El 7 de agosto, el zapatista José López Sántiz fue asesinado en el municipio autónomo 17 de Noviembre (Altamirano). El 19 de agosto, en el Crucero Quexil, municipio autónomo San Manuel, donde las bases de apoyo del EZLN mantienen un retén de vigilancia para evitar el tráfico de alcohol, vehículos robados y maderas preciosas, se generó un enfrentamiento con un saldo de 9 heridos. El 25 de agosto, en la ranchería Amaytik (Ocosingo), dos zapatistas que fungían como autoridades del municipio autónomo Ricardo Flores Magón, también resultaron asesinadas. El mismo día, otro zapatista fue muerto en el municipio autónomo Olga Isabel (Chilón). Este último crimen sería obra de un grupo armado llamado "los Aguilares". En la mayoría de los casos, los zapatistas culpan a grupos armados cercanos al Partido Revolucionario Institucional.

Al momento del cierre de este informe, las brigadas civiles de observación seguían investigando estos hechos. Varias organizaciones no gubernamentales del estado denuncian que éstos y otros hechos violentos en contra de los municipios autónomos zapatistas tienen patrones similares.

Otro factor de preocupación es el deterioro evidente de la convivencia entre zapatistas y otras organizaciones indígenas en la zona Selva, con la multiplicación de acusaciones mutuas y conflictos violentos entre esos grupos.

La tierra continúa siendo un factor de tensión permanente. El gobernador Pablo Salazar reconoce que el 80% de los problemas sociales y políticos en Chiapas están ligados a temas agrarios. Existen focos rojos en varias zonas del estado, principalmente en la zona Selva. A ello se suma la amenaza de desalojo de las comunidades asentadas en la Biósfera de Montes Azules.

Por su parte, las autoridades federales reconocen que existen unos 5 mil conflictos agrarios en México. La masacre en Agua Fría (Oaxaca) en junio, que causó 26 muertos y 42 heridos por conflictos agrarios entre comunidades, llevó a la creación de un órgano interministerial para definir una estrategia de prevención y respuesta a potenciales conflictos agrarios.

A pesar de algunos avances, México sigue siendo objeto de preocupación por parte de organismos nacionales e internacionales de derechos humanos. La saliente Alta Comisionada para los DDHH, Mary Robinson, el Representante del Secretario General de la ONU para Desplazados Internos, Francis Deng, y el Presidente de la Comisión Interamericana de DDHH (OEA), Juan Méndez, visitaron México en el trimestre. Lo mismo hicieron Amnistía Internacional, la Federación Internacional de DDHH y la Comisión Civil Internacional de Observación de los DDHH, coincidiendo en que los pueblos indígenas son las principales víctimas de las frecuentes violaciones a los derechos humanos en México.

Acciones recomendadas

  1. Escribir al presidente Fox expresándole :
    1. su preocupación porque la reforma constitucional sobre derechos indígenas se ha convertido en un obstáculo para reanudar el proceso de paz y avanzar hacia una solución al conflicto de Chiapas;
    2. la esperanza de la comunidad internacional en que el Estado mexicano, tanto a través del Poder Ejecutivo, Legislativo como Judicial, revisará la reforma aprobada para hacerla congruente con los compromisos asumidos en San Andrés y ante la OIT al ratificar el Convenio 169.
    3. su preocupación por el incremento de la actividad militar en Chiapas, que no contribuye a la distensión, sino que aumenta la conflictividad política y social en el estado.
  2. Urgir a la OIT para que exhorte al Estado mexicano a que la legislación interna sobre pueblos indígenas sea congruente con el Convenio 169.
  3. Urgir al gobierno estatal a que se investigue de manera inmediata, imparcial y eficaz los recientes hechos de violencia ocurridos en Chiapas y [se someta a los culpables ante] la justicia.
  4. Difundir información -como la contenida en este informe- sobre la situación en Chiapas y en México.

POR FAVOR, ESCRIBIR A:

Lic. Vicente Fox
Presidente de la República
Residencia Oficial de los Pinos
11850 México, D.F., México
Fax: (+52) 55 55 22 41 17
http://www.presidencia.gob.mx/?P=17

Dr. Juan Somavia
Director General
Organización Internacional del Trabajo
4, route des Morillons
CH-1211, Geneva 22, Suiza
Fax: (00-41) 22 917 90 10
cabinet@ilo.org

Lic. Pablo Salazar Mendiguchía
Gobernador del Estado de Chiapas
Palacio de Gobierno, 1er piso
Fax: (+52)-961-61-20917
salazarp@prodigy.net.mx
http://www.pablosalazar.org.mx

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:: COYUNTURA

Tiempos de definición para el conflicto de Chiapas

Al momento de publicación de este informe, se esperaba la inminente resolución de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) sobre la reforma constitucional en materia indígena aprobada el año pasado.

Antecedentes
En febrero del 96, la primera mesa de negociación entre el gobierno federal y el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) culminó con la firma de los Acuerdos de San Andrés sobre Derechos y Cultura Indígena. Al final de ese año, la legislativa Comisión de Concordia y Pacificación (COCOPA) redactó una propuesta de reforma constitucional en base a dichos acuerdos.

Después de muchos avatares, el proyecto fue finalmente presentado al Congreso por el recién investido presidente Vicente Fox, en diciembre de 2000. En abril de 2001, el Congreso aprobó una reforma constitucional muy diferente al proyecto original. La misma fue rechazada por el EZLN, los congresos de los estados con más población indígena, y sus principales organizaciones. Sin embargo, el proceso de reforma siguió su curso, y al obtener una mayoría de votos en las legislaturas estatales, la ley fue finalmente promulgada en agosto de 2001.

Más de 300 recursos o controversias constitucionales fueron presentados ante la SCJN, un hecho inusual e histórico, ya que nunca se había dado un cuestionamiento tan amplio a una reforma constitucional. Después de las audiencias realizadas en mayo y junio, la SCJN está por emitir su fallo.

En agosto, la Corte todavía estaba analizando si tiene facultad para opinar sobre reformas constitucionales. En los últimos meses, muchas organizaciones de la sociedad civil han subrayado la responsabilidad y la oportunidad que la SCJN tiene de hacer respetar los Acuerdos de San Andrés y, de esta manera, contribuir al proceso de paz en Chiapas. En efecto, el cumplimiento de dichos Acuerdos a través de la iniciativa de la COCOPA es una de las condiciones planteadas por el EZLN para reanudar el diálogo. Otros analistas consideran la postura que asumirá la SCJN ante este tema -tan sensible políticamente- como un parámetro para evaluar la efectiva división de poderes en la democracia mexicana.

El fallo de la SCJN abre dos escenarios posibles. Si la reforma es declarada válida, se iniciaría la adecuación de las leyes secundarias al texto constitucional. En caso de que la Corte invalide la ley, se definiría a partir de qué momento se tiene que rehacer el proceso: desde la misma discusión en el Congreso federal, en la votación de las legislaturas estatales o en el cómputo final de los resultados. Pero ninguna opción garantiza que se reabra la discusión sobre el contenido de la ley.

Lo cierto es que esa resolución llevará a los actores a redefinir sus estrategias. Como la reforma remite la definición de autonomía a las legislaturas estatales, sería más complicado articular una estrategia conjunta entre los distintos pueblos indígenas del país. Y todavía sería posible recurrir a los organismos internacionales como la Organización Internacional del Trabajo (OIT), la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) o la Organización de Naciones Unidas (ONU). Sin embargo, es sabido que las resoluciones de los organismos internacionales no tienen carácter coercitivo a nivel interno.

Por otro lado, en informes anteriores hemos alertado sobre el peligro de que un fallo negativo podría ser visto como el agotamiento de las vías legales y pacíficas. En cualquier caso, la posibilidad de reanudar el proceso de paz en Chiapas está muy lejos. Mientras el EZLN sigue reclamando el cumplimiento de las tres condiciones exigidas, todavía no se logró la liberación de los cinco presos zapatistas encarcelados en Tabasco y Querétaro, a pesar de las gestiones de la COCOPA.

Una difícil relación

Mientras se espera el fin de este impasse, otros hechos han puesto en evidencia la confrontación entre el Estado y los pueblos indígenas, expresada en falta de confianza y dificultades de comunicación.

El gobierno federal ha manifestado su intención de transformar el Instituto Nacional Indigenista (INI) para que el diseño, orientación y supervisión de las políticas aplicadas a los pueblos indígenas queden enteramente bajo su responsabilidad. Para ello, durante todo el mes de julio se buscó consultar a los 62 pueblos indígenas de México sobre qué tipo de relación desean tener con el Estado y qué tipo de reforma esperan para el INI.

La consulta, titulada 'Pueblos Indígenas, Políticas Públicas y Reforma Institucional', fue rechazada por las principales organizaciones indígenas. En la declaración de Waut, el Congreso Nacional Indígena, que aglutina a muchas de ellas, afirmó: "No aceptaremos una sola reforma legal e institucional mientras no se cumplan las tres señales para el diálogo".

Hasta la canonización del indio Juan Diego, en el marco de la visita del Papa a México, generó polémica y críticas severas de varias organizaciones indígenas. Algunas de ellas rechazaron la invitación para asistir a la ceremonia de canonización, argumentando: "Los que impulsan la canonización de Juan Diego no son indígenas, son los mismos que se han opuesto sistemáticamente al movimiento y a la lucha por los legítimos derechos de las comunidades".

Otra fuerte confrontación fue el conflicto suscitado entre el gobierno federal y los ejidatarios de San Salvador Atenco, quienes rechazaban la expropiación de sus tierras para la construcción del nuevo aeropuerto internacional en el estado de México. La lucha organizada de los campesinos -con el apoyo de doce ejidos vecinos y otros sectores de la sociedad civil- logró finalmente que el gobierno desistiera del proyecto.

Para algunos analistas, este conflicto puede ser visto como una advertencia sobre lo que podría ocurrir con el Plan Puebla-Panamá (PPP) (1). En los últimos meses, la oposición popular al Plan ha crecido más que los avances del mismo. En Veracruz, Chiapas, Managua y Guatemala, las organizaciones sociales e indígenas de la región mesoamericana se han reunido para reiterar su rechazo categórico al megaproyecto, por considerarlo funcional a los intereses estratégicos norteamericanos; y porque, a pesar de los fuertes impactos sociales y ambientales que tendrá, los pueblos no han sido consultados para su elaboración.

Varios sectores religiosos e intelectuales se han sumado a las críticas, a tal punto que el presidente Fox y el ex coordinador del PPP, Florencio Salazar, han declarado que nada se hará sin el consentimiento de los habitantes de la región. Quizás estas afirmaciones contengan, más allá de un sincero respeto a la voluntad popular, una dosis de realismo: Atenco demostró que imponer proyectos sin el consentimiento de los afectados puede tener altos costos sociales y políticos.

El Encuentro Nacional por la Paz realizado en julio en Chiapas (ver Enfoque), la exhortación del Papa a reconocer los derechos de los pueblos indígenas mexicanos y la victoria de Atenco han levantado los ánimos: se percibe una mayor confianza de la sociedad civil organizada en su capacidad de hacer valer sus reivindicaciones.

Grave escalada de violencia en Chiapas

En Chiapas, no obstante, se multiplican las denuncias de los municipios autónomos zapatistas sobre el incremento notorio de las actividades militares en la zona de conflicto (sobrevuelos, patrullajes, hostigamiento del Ejército hacia las comunidades).

Por otro lado, las comunidades zapatistas, la Red de Defensores Comunitarios de Derechos Humanos y la organización civil Las Abejas denuncian la persistencia de la presencia paramilitar, e incluso la posible formación de nuevos grupos: el municipio autónomo Ricardo Flores Magón afirma que se ha constituido en Ocosingo el grupo armado Organización para la Defensa de los Derechos Indígenas y Campesinos (OPDIC), dirigido por el actual diputado local priísta Pedro Chulín, quien también ha sido señalado como líder del presunto grupo paramilitar Movimiento Indígena Revolucionario Antizapatista (MIRA).

En julio y agosto se registró una preocupante escalada de violencia en municipios autónomos ubicados en la zona Selva. El 31 de julio, las autoridades del municipio autónomo Ricardo Flores Magón denunciaron una agresión por parte del OPDIC en el ejido La Culebra, con un saldo de 7 bases de apoyo heridos. El 7 de agosto, el zapatista José López Sántiz fue asesinado en el municipio autónomo 17 de Noviembre (Altamirano). El 19 de agosto, en el Crucero Quexil, municipio autónomo San Manuel, donde las bases de apoyo del EZLN mantienen un retén de vigilancia para evitar el tráfico de alcohol, vehículos robados y maderas preciosas, se generó un enfrentamiento con un saldo de nueve heridos. El 25 de agosto, en la ranchería Amaytik (Ocosingo), dos zapatistas que fungían como autoridades del municipio autónomo Ricardo Flores Magón también resultaron asesinadas. El mismo día, otro zapatista fue muerto en el municipio autónomo Olga Isabel (Chilón). Este último crimen sería obra de un grupo armado llamado "los Aguilares". En la mayoría de los casos, los zapatistas culpan a grupos armados cercanos al Partido Revolucionario Instritucional.

Al momento del cierre de este informe, las brigadas civiles de observación seguían investigando estos hechos.

Varias organizaciones no gubernamentales del estado denuncian que éstos y otros hechos violentos registrados últimamente en contra de los municipios autónomos zapatistas tienen patrones similares.

Otro factor de preocupación es el deterioro evidente de la convivencia entre zapatistas y otras organizaciones indígenas, particularmente en la zona de las Cañadas (Selva). Es frecuente el intercambio de acusaciones entre autoridades de municipios autónomos y líderes de ORCAO (2), ARIC-Independiente (3), FOS (4), etc., y las versiones sobre los hechos de violencia protagonizados por unos y otros se contradicen.

Aun antes de esta reciente escalada de violencia, muchas organizaciones criticaban al gobierno estatal por no haber actuado de manera más contundente. Por su parte, el gobernador Salazar explicó a la Comisión Civil Internacional de Observación de los DDHH (CCIODH) que su estrategia se ha dividido en dos etapas: primero, impulsar políticas de reconciliación comunitaria, y luego combatir la impunidad.

En esa entrevista, el gobernador también destacó sus acciones para desmantelar el aparato represivo (con un ex procurador de Justicia y 25 jefes de policía presos), así como el procesamiento de 88 ex alcaldes, la prisión de ex altos funcionarios y las órdenes de aprehensión contra más del 20% del gabinete del gobernador anterior, por actos de corrupción.

La tierra continúa siendo un factor de tensión permanente. Pablo Salazar reconoce que el 80% de los problemas sociales y políticos en Chiapas están ligados a temas agrarios. Existen focos rojos en varias zonas del estado, principalmente en la Selva, la mayoría de los cuales pueden resultar en muertos, heridos y secuestrados. A ello se suma la amenaza de desalojo de las comunidades de la Biósfera de Montes Azules y la violencia latente en la zona de Chimalapas (frontera con Oaxaca).

Por su parte, las autoridades federales reconocen que existen unos 5 mil conflictos agrarios en México (362 de ellos con riesgo de estallido social), que involucran principalmente a los pueblos indígenas. La masacre en Agua Fría (Oaxaca) en junio, que causó 26 muertos y 42 heridos por conflictos agrarios entre comunidades, fue otro llamado de atención que justificó la reunión del secretario de Gobernación con los secretarios de Defensa Nacional, de Medio Ambiente y Recursos Naturales, de Reforma Agraria y de Desarrollo Social para definir, en colaboración con los gobiernos estatales, una estrategia interinstitucional de prevención y respuesta a potenciales conflictos agrarios.

Pese a los esfuerzos, México reprobado en Derechos Humanos

A mediados de junio, en la primera aplicación de la recientemente aprobada ley de transparencia informativa, se dio acceso al público a los documentos de la Guerra Sucia en México (70s y 80s). Encabezando la ceremonia de apertura de dichos archivos, Fox aseguró que el gobierno está en la búsqueda de la verdad y de aplicar la ley, pero que no debe haber lugar para la venganza, el revanchismo o el escarnio. Las ONGs de derechos humanos critican que la fiscalía especial creada para investigar ese período tiene una función limitada, ya que no juzgará instituciones ni determinará si los hechos se insertaron en una política de Estado.

Otra señal positiva del gobierno federal fue la creación de dos nuevas dependencias para atender asuntos de DDHH, en la Secretaría de Gobernación y en la Procuraduría General de la República, tal vez como resultado de la mesa de diálogo entre el gobierno federal y las ONGs, que reclaman una política de Estado en materia de DDHH.

A pesar de estos avances, el gobierno federal siguió recibiendo informes críticos en los últimos meses, tanto por parte de organismos nacionales como internacionales de DDHH. En agosto el Centro de DDHH Miguel Agustín Pro difundió su informe sobre la tortura en el primer semestre de 2002, en el cual registra que 35 personas fueron torturadas por agentes policiales y militares, incluyendo trece menores de edad y dos mujeres indígenas violadas por militares.

México sigue siendo objeto de preocupación también para los organismos internacionales de DDHH. La saliente Alta Comisionada para los DDHH, Mary Robinson, el Representante del Secretario General de la ONU para Desplazados Internos, Francis Deng, y el Presidente de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (de la Organización de Estados Americanos), Juan Méndez, visitaron México en el trimestre (y los dos últimos también Chiapas).

En junio, Amnistía Internacional presentó su informe anual correspondiente a 2001, en el que señaló abusos e injusticias en México; y su encargado para México también visitó Chiapas. Por su parte, la Federación Internacional de DDHH dio a conocer el informe de la misión de observación sobre los pueblos indígenas realizada a fines de 2001. Allí consideró insuficiente la reforma constitucional en materia indígena "en relación con el contenido y el espíritu de los Acuerdos de San Andrés Larrainzar y las disposiciones del convenio 169 de la OIT", lo cual "no contribuye al objetivo de pacificación". También la CCIODH estuvo en México y visitó Chiapas para presentar el informe de la misión realizada a principios de 2002; allí afirma que poco ha cambiado con los nuevos gobiernos en cuanto a la situación de los pueblos indígenas, que siguen siendo las principales víctimas de las violaciones a los derechos humanos.

(1) Megaproyecto intersectorial y transnacional de desarrollo económico que abarcará el sur-sureste de México y toda América Central. (Volver)
(2) Organización Regional de Cafeticultores de Ocosingo, que agrupa a varias organizaciones campesinas. (Volver)
(3) Asociación Rural de Interés Colectivo, organización indígena de las cañadas de la Selva Lacandona. (Volver)
(4) Frente de Organizaciones de la Selva, de filiación priísta. (Volver)

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:: ENFOQUE

Encuentro Nacional por la Paz: la sociedad civil recarga las baterías por Chiapas.

Del 5 al 7 de julio se realizó en San Cristóbal de las Casas, Chiapas, el Encuentro Nacional por la Paz con Justicia y Dignidad, en el que participaron más de mil personas (indígenas y no indígenas) provenientes de 285 organizaciones, 23 estados de la República y 13 países.

El Encuentro se propuso como principal objetivo reactivar la articulación de iniciativas de la sociedad civil respecto al conflicto de Chiapas, con énfasis en la defensa a los Acuerdos de San Andrés sobre derechos y cultura indígena.

Para ello se trabajó en torno a tres grandes temas: el primero fue el conflicto armado en México, sus consecuencias y el proceso de paz; el segundo fue democracia y derechos de los pueblos indígenas; el tercero, desarrollo económico alternativo para las comunidades, municipios y pueblos indígenas. Un cuarto tema -o eje transversal a los otros- fue la construcción de alternativas de articulación y participación civil nacional e internacional para alcanzar la Paz con Justicia y Dignidad.

El momento y las razones del Encuentro

La convocatoria partió de Samuel Ruiz -obispo emérito de San Cristóbal de las Casas-, junto con otras personalidades y miembros de la ex Comisión Nacional de Intermediación (CONAI), a los que se fueron sumando organizaciones civiles, intelectuales y representantes de diferentes sectores sociales. La iniciativa surgió después de una serie de reuniones en la ciudad de México para crear un nuevo esfuerzo por la paz.

Según Miguel Alvarez, de Servicios y Asesoría para la Paz (SERAPAZ), "otra razón para convocar el encuentro es porque a corto plazo no se vislumbran posibilidades de reanudación del diálogo... desde la sociedad civil debía surgir la posibilidad de reactivar la atención nacional hacia la situación de Chiapas, debido a que la visión de la actualidad se reduce a diferencias intercomunitarias”. (Hoy, 4/7/02).

Felipe Toussaint, de la Comisión de Apoyo a la Unidad y la Reconciliación Comunitaria (CORECO), y otro de los organizadores del Encuentro, considera que después de las grandes iniciativas de 1994-96, la movilización popular a favor de una solución pacífica al conflicto de Chiapas se redujo significativamente. La masacre de Acteal en 1997 generó una reacción importante, pero decayó después del golpe a los municipios autónomos, en 1998. Las elecciones de 2000 contribuyeron a la dispersión y división de la sociedad civil, que no obstante demostró una gran capacidad de movilización durante la marcha zapatista al Distrito Federal, a principios de 2001.

Sin embargo, el repliegue y el prolongado silencio de la comandancia zapatista después de la aprobación de la reforma indígena (que difiere de los Acuerdos de San Andrés), llevaron la situación a un impasse, que probablemente se extenderá hasta que haya una resolución de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) sobre los recursos presentados contra la ley indígena. Según Toussaint, en esta coyuntura decisiva "era importante que la sociedad civil diga: aquí estamos presentes y queremos seguir trabajando a favor del proceso de paz, como un actor que tiene que estar en el proceso de paz".

Por su parte, Gonzalo Ituarte, ex miembro de la CONAI, comenta: "El Gobierno de Vicente Fox no tiene en este momento claridad del conflicto ni de un proceso de paz ni de la problemática indígena y sus causas de fondo... Hoy no se ve disponibilidad de un nuevo esfuerzo y en Chiapas hay polarización y destrucción del tejido social. La paz que habla Fox en sus viajes al extranjero, parecería que es sólo la del silencio de las armas y no se ha entendido que el conflicto está vigente, sigue el ejército en sus posiciones, el EZLN sigue armado, la declaración de guerra está vigente y se mantiene el problema de los paramilitares. Y mientras los responsables y protectores políticos, económicos y armados de la creación de estos grupos no sean castigados, difícilmente puede confiarse en condiciones mínimas para un diálogo de paz. (La Jornada, 11/7/02).

Ausencias, silencios y disputas

Los organizadores enviaron una carta al EZLN informándole de la realización del Encuentro y solicitando su apoyo para que sus bases participaran; también explicaron que su intención no era presionarlo para que modificara su estrategia actual. En todo caso, el EZLN no se pronunció a favor ni en contra del Encuentro, aunque fue evidente la participación de simpatizantes y bases de apoyo zapatistas. Según comentó Toussaint, "Tal vez al EZLN le importa ver los resultados del Encuentro, cuánta gente se logrará reunir. Y ver si la sociedad civil se sigue moviendo o no se sigue moviendo, porque desde el principio cuando dejaron de ‘sonar los fusiles’ como dicen y buscaron una solución dialogada y política, en quien se han querido apoyar es en la sociedad civil".

Los gobiernos federal y estatal al principio parecieron ver al Encuentro con buenos ojos. Santiago Creel, el secretario de Gobernación, declaró: “Espero que lo que se reflexione en San Cristóbal de las Casas sea algo que aporte, que enriquezca la reflexión y el debate sobre un asunto que requiere ser estudiado, que requiere de una reflexión permanente" (Diario de Chiapas, 5/7/02). Por su parte, el secretario de Gobierno de Chiapas, Emilio Zebadúa, dijo que el Encuentro “seguramente echará luces sobre lo que consideran ellos [los participantes] necesario para que el EZLN rompa el silencio y vuelva a dar una señal que permita vislumbrar una oportunidad para retornar al diálogo”. (Expreso, 11/7/02).

Sin embargo, las relaciones se fueron tensando en los días previos a la inauguración. En conferencia de prensa, los organizadores manifestaron su temor de que el gobierno del estado "pretenda capitalizar este esfuerzo de la sociedad civil como si se realizara de manera conjunta con ellos o como si secundara sus iniciativas acerca de la cuestión de Chiapas". Además de marcar distancia, dejaron claro que no se dejarían presionar por el gobierno estatal, que, según ellos, pretendía a través del Encuentro presionar a los zapatistas.

Si bien hubo funcionarios del gobierno como observadores o participantes, pocos días después del Encuentro el gobernador Salazar cuestionaba: “Son ilusos, son ingenuos, son tontos los que creen que en Chiapas se puede construir un proceso de reconciliación en contra del gobierno, al margen del gobierno o aislando al gobierno”. “Fueron propuestas de paz con lenguaje de guerra, propuestas de reconciliación pero excluyendo al gobierno”. (Expreso, 11/7/02).

En opinión de Toussaint, "Pablo Salazar se olvida que estas organizaciones, que de alguna manera le ayudaron a llegar al gobierno, han mantenido su postura de actuar con una sana autonomía frente a instancias del gobierno, para mantener una capacidad de convocatoria y de diálogo con los actores que están en oposición al gobierno. (...) El proceso de paz es una responsabilidad de todos en la que cada quien tiene su función, y la sociedad civil tenemos nuestra función, y no tenemos que esperar que el gobierno nos diga qué es lo que vamos a hacer".

Logros, perspectivas e interrogantes

En términos cuantitativos, el Encuentro fue un éxito indiscutible. El historiador Andrés Aubry calificó al encuentro como un ladrillo para la construcción de la paz: la asistencia de más de mil personas de todas partes fue una muestra de que la sociedad civil no se encuentra pasiva. "La gente respondió a este evento, vino de todas partes y en buen número (...) [El Encuentro] muestra que la denominada sociedad civil responderá cuando haya una emergencia” (Expreso, 10/7/02).

Según Felipe Toussaint, otro logro fue que, al mismo tiempo que se reafirmó la defensa de los Acuerdos de San Andrés, hubo gran interés y esfuerzos por avanzar hacia una articulación mayor con otros temas como los económicos (particularmente la lucha contra el Plan Puebla-Panamá y el ALCA) y con otras iniciativas sectoriales.

Los participantes acordaron entregar las conclusiones del Encuentro a los ministros de la SCJN (el 14 de julio), y realizar un segundo encuentro en seis meses, posiblemente en el estado de Guerrero, para reafirmar el carácter nacional del proceso.

Más allá del entusiasmo inmediato y del éxito evidente de convocatoria, quedan interrogantes sobre el futuro de esta iniciativa, sobre todo en cuanto a su posible impacto sobre los actores políticos, y a la continuidad de las líneas de acción aprobadas. Dependerá mucho de la capacidad de las organizaciones de articular estrategias conjuntas para llevar a la práctica los compromisos asumidos; sobre todo en la etapa que se abrirá después de la resolución de la SCJN.

Principales acuerdos

Los resultados de las tres mesas de trabajo se concentraron en once puntos:

  • Impulsar que todas las luchas civiles se orienten de manera articulada a la creación de condiciones de paz, al respeto de los derechos humanos y a la construcción de la democracia.
  • Defender los Acuerdos de San Andrés, exigiendo el cumplimiento de las tres señales demandadas por el EZLN.
  • Fortalecer la participación y observación civil en la lucha contra la militarización, paramilitarización, para la liberación de los presos políticos y la creación de condiciones para el retorno de los desplazados.
  • Involucrar por igual a mujeres y hombres en todos los procesos y proyectos de lucha que favorezcan la construcción de la paz.
  • Difundir la gravedad de la situación de guerra y de los conflictos a nivel nacional, así como las necesidades de una verdadera paz.
  • Respaldar los procesos de autonomía y de resistencia de los pueblos indígenas.
  • Impulsar procesos de unidad y participación de la sociedad civil para la construcción de la paz y la democracia.
  • Promover valores políticos basados en el mandar obedeciendo y que respeten la diversidad cultural.
  • Promover la participación de la sociedad civil mexicana en los procesos de lucha continental e internacional y contra los proyectos globalizadores neoliberales como el Tratado de Libre Comercio (TLCAN), el Plan Puebla Panamá (PPP), el Acuerdo de Libre Comercio de las Américas (ALCA).
  • Reforzar la lucha contra las privatizaciones, defender los derechos laborales contenidos en el artículo 123 de la Constitución y recuperar el espíritu original del artículo 27.
  • Generar alternativas económicas que favorezcan la autonomía, la diversidad biológica y cultural.

Para más información sobre el Encuentro, consulte la página web:

http://www.derechoshumanos.laneta.org/especiales/Encuentro.htm

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:: APÉNDICE

LA SUPREMA CORTE DE JUSTICIA DE LA NACIÓN RECHAZÓ LOS RECURSOS PRESENTADOS POR LOS PUEBLOS INDÍGENAS
CONTRA LA REFORMA CONSTITUCIONAL

“Nosotros hemos luchado mucho, pero hemos avanzado poco. Hemos tocado muchas puertas a nivel estatal y federal, y hasta internacional, pero poco caso nos han hecho. ¿Por qué no nos hacen caso las autoridades? Nuestra misma gente nos pregunta: ¿a qué venimos a la ciudad si nunca nos toman en cuenta? ¿Hasta cuándo nos van a escuchar?, o ¿es necesario que se levante otra vez el EZLN para que nos escuchen?”
(Autoridades indígenas reunidas en el Distrito Federal el 12/9/02).

A un año de haberlas recibido, el 6 de septiembre la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) resolvió declarar improcedentes las controversias constitucionales presentadas por diversos municipios indígenas en contra del procedimiento de reforma constitucional en materia de derechos indígenas (ver Coyuntura en el informe).
Tal resolución se fundamentó en que, según la Corte, el articulo 105 constitucional, fracción I -que establece los asuntos de competencia de la SCJN en materia de controversias constitucionales- no faculta al máximo órgano judicial a revisar los procedimientos de reforma constitucional, ya que el llamado Órgano Reformador no es de igual naturaleza que aquellos que realizan las funciones de gobierno (aunque lo conforman el Congreso federal y las legislaturas de los estados). En pocas palabras, la Corte consideró que no tiene facultad para juzgar la constitucionalidad de las reformas a la Constitución emanadas del Poder Legislativo.

Las reacciones

Las reacciones no se hicieron esperar. Organizaciones indígenas de Chiapas expresaron su profunda decepción por el fallo. En una declaración conjunta afirmaron: “.... volvemos a ser excluidos. No somos nada para ellos (...) ninguno de los tres poderes está escuchando ni entendiendo nuestra lucha y han cerrado las puertas para la paz con justicia y dignidad. Y el estado Mexicano sólo está preocupado en intereses transnacionales y en el Plan Puebla-Panamá”.

Desde el 6 de septiembre hasta hoy, las organizaciones indígenas han venido realizando de manera pacífica acciones de protesta locales y de carácter nacional: marchas, bloqueos, plantones, actos y encuentros, que en su mayor parte fueron ignorados por los grandes medios de comunicación. En todas ellas el énfasis estuvo en la decisión de desconocer la reforma indígena y ejercer la autonomía que se les niega por la vía de los hechos.
Las concentraciones principales fueron el Encuentro Nacional de Pueblos Indios (Chilpancingo, Guerrero, 12 y 13 de septiembre) y el III Foro Nacional en Defensa de la Medicina Tradicional (Atlapulco, Estado de México, de 14 al 16). En el primero, 200 representantes de 36 organizaciones convocaron a los pueblos indios a articular su movimiento y emprender iniciativas conjuntas para el ejercicio directo de la autonomía, y a la sociedad civil a unir fuerzas para la construcción de un proyecto de nación plural y democrático. En el segundo, unos 500 delegados de 29 pueblos originarios dieron a conocer la 1ª Declaración de M’enhuani, en la cual afirmaron su reconocimiento de los Acuerdos de San Andrés como única ley en materia indígena, y llamaron a los pueblos indios a fortalecer todas las expresiones de autonomía en las distintas regiones del país.

Asimismo, se acordó realizar el 12 de octubre una gran jornada de protesta y movilización nacional e internacional. También algunas organizaciones nucleadas en el Congreso Nacional Indígena anunciaron que continuarán la batalla legal, interponiendo recursos de amparo para evitar que la reforma se aplique en sus territorios, y recurriendo a la OIT y al sistema interamericano.

El EZLN, sin embargo, hasta el momento ha guardado silencio. Un “silencio elocuente”, según interpretó Felipe Arizmendi, obispo de San Cristóbal de las Casas: “ Su respuesta la ha dado con su silencio; para ellos esa es la forma de responder, ellos piensan que desde el momento en que no se aceptan las propuestas que ellos han hecho, los compromisos que se hicieron con ellos de parte del gobierno, consideran que es inútil del diálogo”.

Una de las críticas más fuertes a la SCJN provino de un amplio y reconocido sector de la sociedad civil, conformado por ONGs, los principales centros de DDHH, organizaciones sociales, académicos e intelectuales destacados, quienes calificaron al fallo como una “burla” que reproduce “la discriminación, el racismo y toda la actitud colonialista” a la que han estado sometidos los indígenas de México. El comunicado concluye afirmando que “nadie tiene ya autoridad moral para juzgar el camino que libremente escojan los pueblos para conseguir sus justos propósitos de autonomía y dignidad”.

La Conferencia Episcopal Mexicana emitió un comunicado donde convoca a la sociedad mexicana a un Diálogo Nacional -al que contribuya la comunidad internacional- para buscar hacer realidad las palabras del Papa en su reciente visita a México: “México necesita a sus indígenas, y los indígenas necesitan a México”. Los obispos católicos afirman: “... como Iglesia, queremos fortalecer nuestro compromiso con los indígenas. No es posible seguir viviendo en un México dividido por el racismo y la discriminación; los pueblos indios merecen con justicia un reconocimiento a sus culturas, a su modo de ver y a su autonomía”.

Desde el mundo protestante, el líder de la Iglesia Presbiteriana, Pastor Abner López, exhortó al Congreso a tener la suficiente sensibilidad para revisar las reformas constitucionales en materia indígena, pues de otra forma será prácticamente imposible continuar el diálogo de paz entre el EZLN y el gobierno federal. También criticó al gobierno del presidente Fox, pues su preocupación por los pueblos indígenas ha sido “sólo en apariencia”.

El gobierno de Chiapas sostuvo que la decisión de la Corte “no puede ser vista como el fin del camino, sino como el inicio de una nueva etapa de la que deben surgir nuevas iniciativas de paz”. Afirmó también que el Congreso de la Unión debe evaluar la posibilidad de impulsar una reforma adicional, pues “Ningún esfuerzo es excesivo en estos tiempos si con ello se expresa la voluntad inquebrantable de responder a los pueblos indios y abonar la paz”. Asimismo, afirmó que la disposición al diálogo y la negociación del gobierno de Chiapas “se mantienen inalterables”.

A nivel político, el rechazo categórico provino del PRD, mientras que en el PRI se expresaron diferentes opiniones, desde quienes pidieron abocarse de inmediato a considerar “la reforma de la reforma” hasta los que afirmaron que el tema no necesita ni debe ser reconsiderado. La mayoría de los legisladores del PAN aprobaron el fallo de la SCJN. Las expresiones al interior de la COCOPA fueron un reflejo de esta falta de consenso respecto al tema.

El Poder Ejecutivo –a través del Secretario de Gobernación Santiago Creel y del Comisionado para la Paz en Chiapas, Luis H. Álvarez- manifestó su estricto respeto a la resolución de la SCJN, al mismo tiempo que “mantendrá permanentemente abiertos los canales para un diálogo respetuoso con el Poder Legislativo y con otros actores sociales y políticos, a fin de consolidar el reconocimiento de los derechos de los indígenas en el marco jurídico nacional”. También reiteró su disposición “inalterable” a reanudar las conversaciones con el EZLN

Análisis

El fallo de la SCJN representa un golpe para las esperanzas de reanudación del proceso de paz en Chiapas, y para hacer efectivos los derechos de los pueblos indígenas de México. Después de haberse sentido abandonados por el Ejecutivo y traicionados por el Legislativo, los pueblos indígenas esperaban que el Poder Judicial les diera la razón para invalidar una reforma cuya legalidad es cuestionable -en la medida que el procedimiento para su aprobación estuvo viciado- y que carece de legitimidad, puesto que fue rechazada por quienes supuestamente son sus beneficiarios.

Llama la atención que la Corte demorara más de un año para tomar una resolución que ni siquiera se refirió al contenido o el procedimiento de aprobación de la reforma impugnada, por considerar que no tenía facultades para ello. Sin embargo, esa decisión tan postergada se dio a conocer en el momento de mayor conflictividad política y vulnerabilidad social en Chiapas, inmediatamente después de una escalada de violencia que cobró las vidas de varios dirigentes civiles zapatistas.

En este contexto, la resolución de la SCJN, lejos de contribuir a la distensión de la situación, es probable que agregue un factor de radicalización a la dinámica de confrontación que hoy se vive en Chiapas y en otros estados del país, reafirmando la convicción de quienes creen que las vías legales para plantear pacíficamente sus demandas se han cerrado.
Por otro lado, es preocupante el precedente que sienta esta resolución para el futuro de las instituciones democráticas mexicanas: si el máximo órgano del Poder Judicial no se considera facultado para velar por la constitucionalidad de las reformas a la Carta Magna, ¿a qué institución del Estado corresponde esa función esencial?

Es también preocupante la señal que el Estado mexicano envía al mundo respecto a su voluntad de cumplir los compromisos asumidos, tanto a nivel nacional (en los Acuerdos de San Andrés) como internacional (al ratificar el Convenio 169 de la OIT). La SCJN ha dejado pasar una oportunidad histórica para (en un mismo pronunciamiento) hacer valer las demandas y derechos de los pueblos indígenas, contribuir al fortalecimiento de la institucionalidad democrática e impulsar el cumplimiento de los compromisos internacionales asumidos por México.

Esperamos que, a pesar de este sombrío panorama, los diferentes actores involucrados en este conflicto -que trasciende las fronteras de Chiapas para enfrentar una vez más al Estado mexicano con sus pueblos originarios- harán los mayores esfuerzos para buscar, con responsabilidad y honestidad, los caminos de entendimiento necesarios para desbloquear la actual situación.

Asimismo, consideramos que cualquier solución, para que sea sustentable, debe anteponer -por encima de los intereses económicos y políticos, sectoriales y transnacionales- el legítimo derecho de los pueblos indígenas a ejercer sus formas de organización social, económica y política, así como a preservar sus territorios y los recursos naturales existentes en ellos, que son la garantía de su existencia presente y la esperanza de un futuro mejor para sus descendientes.

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:: Actividades de SIPAZ

Junio-Agosto de 2002

Acompañamiento

  • El equipo de SIPAZ hizo varias visitas a comunidades de los municipios de Tila y Sabanilla, ambos parte de la zona Norte de Chiapas. Desde los cambios de gobiernos estatal y federal, la situación se ha calmado, pero persiste la desconfianza entre los grupos. SIPAZ mantiene relaciones con los distintos actores políticos y religiosos para promover espacios de distensión, respeto y acercamiento. En El Limar, escuchamos la palabra de grupos anteriormente opuestos sobre sus esperanzas y temores tras la reapertura del templo. Hablamos con grupos de desplazados y bases de apoyo zapatistas en distintas comunidades. Nos entrevistamos también con regidores en Tila y Sabanilla y con funcionarios del gobierno en Yajalón, quienes atienden los municipios de Tila y Sabanilla.
  • A pedido del Centro de DDHH Miguel Agustín Pro, SIPAZ visita regularmente a su abogado en la oficina de la ONG en Palenque. Tras el asesinato de Digna Ochoa (octubre 2001), varios defensores de DDHH recibieron amenazas.

Contactos e información

  • SIPAZ mantuvo reuniones en la ciudad de México con asesores, ONGs y Embajadas.
  • El equipo atendió en San Cristóbal a varias delegaciones, periodistas y otras visitas internacionales, para darles a conocer la coyuntura de Chiapas y el trabajo de SIPAZ.
  • También participamos en el Encuentro Nacional por la Paz con Justicia y Dignidad, realizado en San Cristóbal del 5 al 7 de julio.

Diálogo interreligioso

  • Mantuvimos reuniones con actores religiosos de San Cristóbal de las Casas, del municipio de Chenalhó y con el Grupo Plural Ecuménico.
  • Continúa desarrollándose el proyecto Pasantías de intercambio y formación entre líderes religiosos de Chenalhó y las Comisiones de Paz de Nicaragua. Durante los últimos meses, los delegados que estuvieron en Nicaragua en septiembre de 2001 (presbiterianos y Abejas de Chenalhó, un misionero protestante, una religiosa católica y SIPAZ) visitaron diez comunidades de Chenalhó para presentar en asambleas comunitarias el proyecto, las experiencias del viaje a Nicaragua y de las Comisiones de Paz en ese país, así como escuchar la palabra de las comunidades. En estas reuniones participaron un total de aproximadamente 700 hombres, mujeres y niños de diferentes denominaciones cristianas y tendencias políticas.
  • SIPAZ participó también en una reunión de la Comisión Diocesana de Mujeres (CODIMUJ) de la iglesia católica para presentar el mismo proyecto.
  • También participamos en el Foro sobre Derecho a la Libertad de Culto, un evento de carácter nacional, organizado en Chiapas por la subsecretaría de Asuntos Religiosos del gobierno del Estado.
  • Asistimos a la Conferencia sobre Cristianismo e Islam, organizada por la Misión Conjunta de Chiapas de la Iglesia Nacional Presbiteriana de México.
  • El equipo continúa participando en la preparación y facilitación de oraciones ecuménicas por la Paz en San Cristóbal de las Casas.

Educación para la Paz

  • SIPAZ co-facilitó una serie de talleres sobre Transformación de conflictos para los alumnos de los CEDECOs (Centros de Desarrollo Comunitario) en San Cristóbal de las Casas y las Margaritas. Los participantes son jóvenes, en su mayoría indígenas, que concurren a capacitarse profesionalmente en los CEDECOs.
  • También facilitamos talleres de capacitación sobre Transformación de conflictos para los miembros de la organización Melel Xojobal. Los talleres fueron solicitados para fortalecer su trabajo con niños en situación de calle, los que están experimentando muchas formas de violencia.
  • SIPAZ continúa participando en la Red por la Paz, un espacio de acción y reflexión que busca apoyar procesos de reconciliación y paz a nivel de las organizaciones y comunidades de Chiapas.

Internacional

  • SIPAZ participó en el VII Congreso Regional de Hacedoras y Hacedores de Paz, organizado por la Red Regional de Justicia y Paz (México, Centroamérica, Colombia y el Caribe). El Salvador, 8 al 10 de agosto.

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