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:: INFORME SIPAZ: Junio de 2002 - Año 7, No.2

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-> Coyuntura CHIAPAS: Para opder dialogar hay que
saber escuchar
-> Enfoque Mitos y Realidades de la problemática
agraria en Chiapas
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:: SUMARIO

La situación en Chiapas -y a nivel nacional- no ha cambiado mucho en los últimos meses, ya sea en cuanto al tema de la reforma constitucional sobre derechos indígenas o a la situación en materia de derechos hu-manos; y ciertamente, tampoco ha mejorado en cuanto a la problemática agraria y a los conflictos sociales vinculados a ella.

En cuanto a la reforma indígena, todavía se está esperando la resolución de la Suprema Corte de Justicia de la Nación respecto a las más de 300 controversias constitucionales presentadas en contra de la reforma indígena aprobada hace un año. Las audiencias individuales finalizarán el 15 de junio. El desenlace de este proceso ha generado una gran expectativa en las organizaciones indígenas y sociales.

Por otro lado, en febrero, 168 diputados volvieron a presentar la ley COCOPA ante el Congreso federal, pero hay pocas posibilidades de que sea aprobada sin un cambio en el Poder Legislativo (hasta 2003). También está pendiente el pronunciamiento de la Organización Internacional del Trabajo sobre las reclamaciones presentadas contra México por la violación del Convenio 169 sobre pueblos indígenas y tribales. La OIT admitió en marzo las reclamaciones, y se espera que una resolución de condena a la reforma indígena sig-nifique una sanción moral para el Estado mexicano, además de cuestionar aun más la legitimidad de la ley.

A pesar de los cambios de gobiernos que se dieron hace más de un año, tanto a nivel nacional como estatal, la situación de los derechos humanos no ha mejorado significativamente.

El Relator Especial de la ONU para los Derechos de los Pueblos Indígenas, R. Stavenhagen afirmó que México viola de manera sistemática los derechos de los pueblos indígenas. Por su parte, el Relator Especial de la ONU sobre la Independencia de Jueces y Abogados, P. Cumaraswamy sostuvo en su informe sobre México que la corrupción afecta entre 50 y 70% de los jueces federales, y que persiste la impunidad.

En su informe anual de 2001, el Centro de DDHH Miguel Agustín Pro denunció que la tortura y la violencia policíaca son recurrentes en el gobierno foxista. Similar conclusión tuvo el primer Diagnóstico Nacional de Tortura, presentado en abril por la oficial Comisión Nacional de DDHH.

A medio año del asesinato de la defensora Digna Ochoa, la investigación no ha registrado avances significativos, y las hipótesis van -según la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal “desde la posibili-dad de un suicidio hasta la de un crimen de Estado”.

Como un hecho alentador en este sombrío panorama, México firmó el acuerdo con la Oficina de la Alta Comisionada para los DDHH para iniciar la segunda parte del Programa de cooperación técnica, que incluirá la apertura de una oficina permanente del organismo de la ONU en México y la realización de un diagnóstico sobre la situación de los derechos humanos en el país.

En Chiapas, organizaciones de derechos humanos han denunciado la responsabilidad de autoridades estatales en violaciones de derechos humanos. El gobernador Pablo Salazar criticó el trabajo de dichas organizaciones.

Muchas organizaciones sociales denuncian la tensión que se vive en la Biósfera Integral de Montes Azules, por la persistencia de rumores de una inminente expulsión de comunidades indígenas asentadas en esa zona protegida. El propio gobernador Salazar denunció que el Procurador Federal de Protección al Medio Ambiente está promoviendo el desalojo de las comunidades, y anunció que su gobierno no va a permitir esa acción. En todo caso, es indudable que resulta problemático tener leyes estrictas para la preservación del medio ambiente en una región donde la demanda de tierras no cesa.

Y seguramente las demandas de tierras no cesarán mientras no se den soluciones estructurales de fondo, que contemplen todos los aspectos de la problemática agraria: el alto crecimiento demográfico, los escasos recursos naturales, la expansión de la ganadería, las dificultades para una explotación más eficiente de la tierra y la falta de capacitación y empleos en otros sectores para la población indígena.

Para el Presidente Fox, la solución a estos problemas sería el Plan Puebla-Panamá, presentado como la principal propuesta de desarrollo para el sur de México y América Central. Sin embargo, organizaciones populares y ONGs critican este plan por considerarlo funcional a los intereses estratégicos norteamericanos y al modelo económico neoliberal dominante; y porque, a pesar de los fuertes impactos sociales y ambien-tales que tendrá, los pueblos no han sido consultados para su elaboración.

En Chiapas, después de ocho años de conflicto y seis de estancamiento del proceso de paz, predomina una lógica de confrontación e intolerancia social, política y también religiosa. El gobierno estatal reconoce la existencia de problemas intercomunitarios en al menos 40 comunidades de los municipios de Ocosingo, Altamirano y Las Margaritas.

Las causas de estos conflictos -que se dan incluso entre organizaciones que antes estaban aliadas- son múltiples: las relaciones con ambos gobiernos y la aceptación o no de sus programas y subsidios; las diferentes formas de construcción de la autonomía; las disputas por la tierra o por el control político sobre un determinado territorio; las diferencias ideológicas y religiosas, etc. El antagonismo creciente lleva a menudo a dirimir las diferencias mediante la violencia y con un alto costo: desplazados, heridos, secuestros y hasta muertes.

El gobierno federal parece apostar a suplir la falta de acuerdos con los zapatistas mediante programas económicos y leyes secundarias. Por su parte, el EZLN mantiene su silencio obstinado y su resistencia a cual-quier solución parcial, apostando a la construcción de la autonomía por la vía de los hechos, desde las ba-ses de sus comunidades. Eso significa, entre otras cosas, no aceptar las “limosnas del gobierno” y criticar fuertemente a los que aceptan los programas económicos oficiales.

A pesar de este adverso ambiente político y social, el gobierno estatal de Pablo Salazar persiste en sus es-fuerzos de distensión y reconciliación. En algunas zonas altamente conflictivas ha logrado instalar mesas de negociación para la firma de acuerdos de paz, en los que han participado organizaciones sociales antagóni-cas, las distintas iglesias y autoridades locales. Dichos acuerdos, sin embargo, son criticados por quienes sostienen que se trata de componendas coyunturales, que no abordan los problemas estructurales ni apun-tan a soluciones de largo plazo. Y que para esto se requieren reformas profundas, como las establecidas en los Acuerdos de San Andrés incumplidos.


Acciones recomendadas

  1. 1. Escribir al presidente Fox expresándole su preocupación
    1. porque la reforma constitucional sobre derechos indígenas se ha convertido en un obstáculo para reanu-dar el proceso de paz y avanzar hacia una solución al conflicto de Chiapas;
    2. por la falta de avances en la investigación del asesinato de Digna Ochoa; exhortarle a tomar medidas eficaces para que el Ejército, los órganos federales y los gobiernos estatales involucrados colaboren con la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal, a fin de llevar a los responsables ante la justicia y po-ner fin a las amenazas contra los defensores de derechos humanos.
  2. Escribir a la Suprema Corte de Justicia de la Nación expresándole respetuosamente su esperanza de que resolverá las controversias constitucionales en materia indígena teniendo en cuenta las demandas plantea-das por los pueblos indígenas, los compromisos asumidos por el gobierno federal en los Acuerdos de San Andrés de febrero 1996, y las obligaciones contraídas por el Estado mexicano al ratificar el Convenio 169 de la OIT.
  3. Difundir información -como la contenida en este informe- sobre la situación en Chiapas y en México.

POR FAVOR, ESCRIBIR A:

Lic. Vicente Fox, Presidente de la República
Residencia Oficial de los Pinos
11850 México, D.F., México
Fax: (+52) 55 55 15 17 94
Sitio en internet para opiniones


Suprema Corte de Justicia de la Nación
Calle Pino Suárez #2
Col. Centro, Delegación Cuauhtemoc
México D.F., México
Fax: (+52) 55 55 22 44 45

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:: COYUNTURA

Chiapas: Para poder dialogar hay que saber escucharA seis años de la firma de los

Acuerdos de San Andrés, su implementación sigue pendiente, y con ella la posibilidad de reanudación del proceso de paz entre el Ejército Zapatista de Liberación Nacional y el gobierno federal. Hace más de un año que el EZLN permanece en silencio, en protesta por la aprobación de la reforma constitucional sobre derechos indígenas, que también rechazaron los congresos estatales con más población indígena del país, y sus principales organizaciones.

“No es pecado ser indígena”
(Texto de un cartel expuesto por manifestantes indígenas ante el edificio de la Suprema Corte de Justicia de la Nación).

Al asumir Vicente Fox la Presidencia, el EZLN planteó tres condiciones para retornar a la mesa de negociación: el retiro de siete posiciones militares, la liberación de los presos zapatistas y el cumplimiento de los Acuerdos de San Andrés -mediante la aprobación de la propuesta de ley de la COCOPA(1). La primera condición se considera cumplida, pues si bien la militarización persiste en Chiapas, las siete posiciones militares fueron retiradas en los primeros meses de 2001.

En cuanto a los zapatistas presos, en marzo y abril la COCOPA realizó gestiones ante el Ejecutivo y los gobiernos de Querétaro y Tabasco para lograr la libertad de los ocho zapatistas que permanecen presos(2), y se anuncia su inminente liberación. Sin embargo, Miguel Angel de los Santos, abogado de los presos del EZLN, ha denunciado que existen 17 nuevos presos zapatistas, encarcelados en esta administración.

Respecto al punto más polémico: la reforma indígena, tres procesos todavía pendientes podrían llegar a modificar el escenario político. Primero, se está esperando el fallo de la Suprema Corte de Justicia de la Nación sobre las más de 300 controversias constitucionales presentadas contra la ley indígena. Las audiencias de cada caso ya se iniciaron, y está previsto realizarlas entre el 6 de mayo y el 15 de junio.

La expectativa sobre este desenlace es muy alta, por cuanto el máximo órgano judicial tiene en sus manos la decisión de legitimar la reforma aprobada o de escuchar a los indígenas y rechazarla. El fallo esperado será decisivo en cuanto a la redefinición de estrategias por parte de los actores involucrados, ya que para muchos podría significar el fracaso de las vías legales y pacíficas.

En segundo lugar, a mediados de febrero 168 diputados volvieron a presentar la ley COCOPA en el Congreso federal, “para reparar el error de haber aprobado (...) una reforma que no respondió a las demandas de los pueblos indígenas”. Sin embargo, es prácticamente imposible que la iniciativa prospere mientras se mantenga (hasta 2003) la actual composición del Legislativo.

Por último, está pendiente el pronunciamiento de la Organización Internacional del Trabajo sobre las reclamaciones presentadas por sindicatos y organizaciones sociales contra el Estado mexicano, por considerar que la reforma indígena viola el Convenio 169 sobre pueblos indígenas y tribales. En marzo la OIT admitió las reclamaciones, y si bien una resolución desfavorable a la reforma no tendría carácter coercitivo, puede cuestionar aún más su legitimidad, además de constituir una sanción moral.

Dos lógicas contrapuestas

Mientras tanto, el conflicto continúa en medio de dos lógicas que parecen cada vez más antagónicas: el ‘pragmatismo’ del gobierno federal, que parece apostar a suplir la falta de acuerdos con programas económicos y leyes secundarias, y el ‘principismo’ del EZLN, que mantiene su resistencia radical a cualquier solución parcial.

A nivel del Ejecutivo, a comienzos de marzo Xochitl Gálvez, titular de la Oficina de la Presidencia para la Atención de los Pueblos Indígenas, afirmó que Fox insistirá en que se apruebe una legislación indígena más cercana a la ley COCOPA. Sin embargo, poco después fue presentado el Plan oficial para el desarrollo de los pueblos indígenas, que parece dejar de lado aspectos claves de dicha ley.

En febrero, el Comisionado para la Paz del gobierno federal, Luis H. Alvarez, anunció que los programas gubernamentales “serán la llave para solucionar el conflicto”. Sin embargo, esta implementación está siendo problemática en Chiapas. En abril, Porfirio Encino, Secretario de Pueblos Indígenas del gobierno estatal pidió al EZLN que permita beneficiarse de los programas gubernamentales a organizaciones sociales que se encuentran en su zona de influencia: “Nosotros garantizamos que detrás de ello no hay una política de contrainsurgencia, simplemente que no podemos negar los apoyos a quienes lo piden y lo necesitan”.

Los zapatistas se mantienen de espaldas a estas iniciativas, apostando a la construcción de la autonomía por la vía de los hechos, desde las bases de sus comunidades, y criticando duramente a quienes optan por aceptar “limosnas del gobierno”.

Una zona particularmente álgida en los últimos meses ha sido la Biósfera Integral de Montes Azules, donde se han incrementado los rumores sobre la inminente expulsión de comunidades indígenas asentadas en esa zona protegida. En este caso la contradicción se da entre el gobierno federal -representado por el titular de la Procuraduría Federal de Protección al Medio Ambiente, José Campillo- y el gobierno de Chiapas. En mayo el gobernador acusó a Campillo de promover el desalojo violento de las comunidades, y advirtió que su gobierno no va a ejecutar ni a permitir esa acción.

Otra fuente de confrontación y desconfianza entre gobierno y organizaciones populares continúa siendo el Plan Puebla-Panamá, presentado por el Presidente Fox como la principal propuesta de desarrollo para el sur de México y América Central. A pesar de que el plan tendrá fuertes impactos sociales, laborales y ambientales para el campesinado y los pueblos indígenas que habitan en la región, los mismos no fueron consultados en su elaboración. En consecuencia, las organizaciones populares de la región mesoamericana han expresado reiteradamente su rechazo al proyecto.

La intolerancia nuestra de cada día

Ese debilitamiento creciente de la lógica del diálogo fortalece cada día la lógica de la confrontación, y el gobierno de Chiapas -más allá de sus intentos de contrarrestarla- no puede escapar a ella. El estado vive en un clima de intolerancia social, política y también religiosa(3).

A fines de abril, Porfirio Encino reconoció la existencia de problemas comunitarios en al menos 40 localidades en los municipios de Ocosingo, Altamirano y Las Margaritas. Se enfrentan priístas con perredistas o zapatistas, pero también bases de apoyo zapatistas con organizaciones anteriormente aliadas al EZLN y hoy afines al gobierno estatal. Las causas de estos conflictos son múltiples (ver también Informe de SIPAZ, febrero 2002): las relaciones con ambos gobiernos, sus programas y subsidios; las disputas por la tierra o por el control político; las diferencias ideológicas y religiosas... Estos conflictos cobran costos cada vez más altos: desplazados, heridos, secuestros y hasta muertes.

En la zona Norte, la tensión aumentó en febrero después de la detención de Diego Vázquez, líder de la organización presuntamente paramilitar Desarrollo, Paz y Justicia. La Red de Defensores Comunitarios de DDHH ha denunciado reiteradamente agresiones y amenazas a sus integrantes; y la Comisión Estatal de Derechos Humanos emitió recomendaciones para otorgar medidas de seguridad a dirigentes amenazados.

Los conflictos por la tierra y la hegemonía política se dan particularmente en la zona Selva; alli, los municipios de Ocosingo y Altamirano han sido escenario de permanentes confrontaciones entre zapatistas y priístas, zapatistas y ORCAO(4), o entre autoridades municipales oficiales y autoridades de los municipios autónomos zapatistas. En algunos municipios de los Altos (Zinacantán, Oxchuc), la confrontación se da al interior del Concejo Municipal, ya que la fracción en mayoría no permite la integración de la minoría al órgano local.

Un tema que en cambio continúa aglutinando a diversas organizaciones por encima de sus diferencias ideológicas, es la resistencia civil organizada contra la Comisión Federal de Electricidad, particularmente en las zonas Sierra, Costa, Norte y Altos. Las organizaciones civiles protestan contra el alto costo del servicio y demandan una tarifa preferencial, por ser Chiapas el principal productor de energía eléctrica del país y el estado con mayores índices de pobreza.

En este adverso ambiente político y social, el gobierno de Pablo Salazar persiste en sus esfuerzos de distensión. En los últimos meses, ha logrado instalar mesas de negociación en algunas zonas altamente conflictivas (municipios de Tila y Sabanilla) y se ha llegado a la firma de acuerdos de paz en los que han participado activamente altos funcionarios del gobierno estatal, organizaciones sociales (desde Las Abejas hasta Desarrollo, Paz y Justicia), las distintas iglesias e incluso simpatizantes zapatistas.

Estos acuerdos, sin embargo, son criticados por quienes sostienen que se trata de componendas coyunturales, pues los conflictos van a reaparecer en la medida que no se den soluciones estructurales y de largo plazo. Y para ello, sería necesario reformas profundas como las establecidas en los Acuerdos de San Andrés incumplidos.

Coincidiendo con este análisis, Rodolfo Stavenhagen, Relator Especial de la ONU para los Derechos de los Pueblos Indígenas, después de una visita a Chiapas afirmó que, a pesar de los diversos esfuerzos por lograr una reconciliación en el ámbito local, si no se resuelven los problemas planteados por el rechazo del EZLN y de buena parte del movimiento indígena a la reforma constitucional aprobada, en estos pueblos “no habrá paz social definitiva”.

Por otro lado, la polarización que se vive en Chiapas ha puesto en tensión las relaciones del gobernador con las organizaciones sociales, en particular las de derechos humanos. Empezando por la misma Comisión Estatal de Derechos Humanos (cuyo Presidente responsabilizó al gobernador de los atentados de que fue objeto), el Centro Fray Bartolomé de las Casas, la Red de Defensores Comunitarios y la organización norteamericana Global Exchange han denunciado la responsabilidad de las autoridades estatales en las violaciones de derechos humanos en Chiapas.

Los más pobres entre los pobres

A fines de abril se realizó en el vecino estado de Oaxaca la reunión “Emergencia Indígena”, convocada por la Conferencia Episcopal Latinoamericana. Allí la Conferencia Episcopal Mexicana presentó un informe cuyas cifras demuestran que los desafíos van mucho más allá de la legislación: 96% de los indígenas de México habitan en municipios de alta y muy alta marginación, y padecen un creciente deterioro de sus condiciones de vida.

En mayo, Rodolfo Stavenhagen afirmó que México viola de manera sistemática los derechos de los pueblos indígenas, y señaló que los indicadores de las condiciones de vida de los indígenas muestran graves carencias en sus derechos económicos, sociales y culturales. Refiriéndose al proyecto de Declaración de los Derechos Indígenas que se discute en la ONU, sostuvo que muchos estados se resisten a ese instrumento porque consideran muy peligroso reconocer el derecho a la libre autodeterminación de los pueblos indígenas, porque ello llevaría a que éstos decidan sobre sus territorios y la explotación de sus recursos.

El hecho es que toda América Latina se encuentra actualmente en una situación crítica. Los programas de ajuste impuestos por los organismos multilaterales significan más recesión y la exclusión de sectores cada vez más amplios de la población. Predomina un ambiente de descontento e insatisfacción social, que cobija situaciones de violencia latente.

La Cumbre de Monterrey realizada en marzo reavivó la polémica sobre el neoliberalismo predominante y los modelos alternativos para el desarrollo. La Comisión Episcopal de Pastoral Social (católica) expresó que el libre mercado es una “máquina ciega” que institucionaliza la desigualdad y la exclusión. Similares cuestionamientos fueron expresados por organismos protestantes como el Consejo Latinoamericano de Iglesias y el Consejo Mundial de Iglesias.

Los problemas del Presidente

La búsqueda de equilibrios entre los tres poderes sigue marcada por los desencuentros entre el equipo de Fox y el Poder Legislativo. La agenda del Ejecutivo no tiene respaldo en el Congreso, y los partidos de oposición han criticado duramente al presidente por su política exterior, a la que consideran subordinada a los Estados Unidos. Fox no ha logrado hasta ahora hacer alianzas que le permitan sacar adelante sus principales iniciativas (reforma fiscal, inversión privada en los sectores petrolero y eléctrico, etc.). La SCJN también ha emitido fallos poco favorables a los intereses del presidente, como el reciente contra la inversión privada en la industria eléctrica.

En materia de derechos humanos, la administración Fox tampoco ha logrado atenuar las críticas internas, a pesar del intenso esfuerzo diplomático desplegado para mejorar su imagen internacional.

En abril, el Relator Especial de la ONU sobre la Independencia de Jueces y Abogados, Param Cumaraswamy sostuvo en su informe sobre México que la corrupción afecta entre 50 y 70% de los jueces federales. Según el Relator, “La impunidad y la corrupción parecen no haber perdido fuerza en México”, y buena parte de los funcionarios judiciales a nivel local siguen subordinados a los poderes ejecutivos estatales. Las principales instancias del Poder Judicial mexicano descalificaron este informe.

En su informe anual de 2001, el Centro de DDHH Miguel Agustín Pro denunció que la tortura y la violencia policíaca son recurrentes en el gobierno foxista, y que 48% de los casos de represión ocurrieron en zonas marginadas de Oaxaca, Chiapas y Guerrero. Coincidentemente, el 5 de abril la CNDH presentó el primer Diagnóstico Nacional de Tortura, donde sostiene que la misma sigue siendo una práctica cotidiana durante el proceso de detención.

A medio año del asesinato de la defensora Digna Ochoa, la investigación no ha registrado avances significativos, y las hipótesis van -según la Procuraduría General de Justicia del DF- “desde la posibilidad de un suicidio hasta la de un crimen de Estado”. Mientras tanto, otra abogada de derechos humanos, Bárbara Zamora, recibió amenazas en marzo, y en abril los policías asignados para la protección de su socio Leonel Rivero fueron agredidos por desconocidos.

En marzo, la Federación Internacional para los DDHH y la Organización Mundial contra la Tortura afirmaron que la situación de los defensores de derechos humanos en México es “extremadamente difícil” y su represión se manifiesta de “manera mucho más sutil que en otros países”.

En ese panorama sombrío, a fines de abril México firmó el acuerdo con la Oficina de la Alta Comisionada para los DDHH para iniciar la segunda fase del Programa de cooperación técnica . Esta etapa incluirá la apertura de una oficina permanente de ese organismo de la ONU en México y la realización de un diagnóstico sobre la situación de los derechos humanos en el país, que será la base para la adopción de un programa nacional en la materia.

NOTAS:

(1) La Comisión de Concordancia y Pacificación (COCOPA) fue creada en 1995 para coadyuvar en el proceso de paz, y está integrada por legisladores de los cuatro partidos representados en el Congreso. En 1996 redactó una iniciativa de ley para integrar los Acuerdos de San Andrés en la Constitución. (Volver)

(2) Los presos dependientes del fuero de Chiapas fueron liberados en 2001 a instancias del gobernador y de la Procuraduría General de Justicia del Estado. (Volver)

(3) En los municipios de San Juan Chamula y Las Margaritas se han registrado últimamente agresiones de católicos tradicionalistas a evangélicos. (Volver)

(4) Organización Regional de Cafeticultores de Ocosingo, que agrupa a varias organizaciones campesinas. (Volver)

:: ENFOQUE

Mitos y realidades de la problemática agraria en Chiapas

«Nos quitan las tierras y en ellas, con ellos de patrones, levantamos aeropuertos y nunca viajaremos en avión. Construimos autopistas y nunca tendremos automóvil. (…) Levantamos centros comerciales y nunca tendremos dinero para comprar en ellos. Construimos zonas urbanas con todos los servicios y sólo las veremos de lejos. (…) En suma, levantamos un mundo que nos excluye, uno que nunca nos aceptará y que, sin embargo, no existiría sin nosotros.»
(Palabras del EZLN en el Instituto Politécnico, México DF, 16/3/01)

A más de ocho años del levantamiento zapatista, el problema agrario en Chiapas sigue siendo un tema central en la mayoría de los conflictos y divisiones que se han venido agudizando con el paso del tiempo. En este estado que ocupa el primer lugar de marginación del país, más de las dos terceras partes de la población siguen viviendo de las actividades agropecuarias. Esto reafirma el carácter primordial de las disputas agrarias. Los retos son sin embargo mucho mayores y tienen que ver con un sistema económico que deja al campesinado -mayoritariamente indígena- con escasas alternativas.

El impacto del levantamiento de 1994

Pese a que en 1992 el gobierno federal declaró el fin del reparto agrario, el levantamiento armado de 1994 actuó como catalizador de la lucha por la tierra en Chiapas, y fue una excelente oportunidad para que el movimiento social intensificara sus demandas. La invasión de tierras se aceleró, no sólo por parte de grupos zapatistas sino también de otras organizaciones. «La formación a finales de enero de 1994 del Consejo Estatal de Organizaciones Indígenas y Campesinas (CEOIC) abrió un período de movilización campesina que involucró a por lo menos ocho mil demandantes de tierras de once organizaciones. En los primeros seis meses de 1994 fueron invadidos 340 predios privados que abarcan más de 50.000 hectáreas». (Harvey)

En 1996 se firmaron Acuerdos Agrarios con 62 organizaciones campesinas y 85 grupos independientes. El gobierno se comprometía a dar soluciones a las demandas de tierras. Por otro lado, las organizaciones campesinas se comprometían a no realizar más invasiones, a desocupar las tierras que no fueran susceptibles de adquisición y a dar por satisfecha la demanda agraria. No obstante, la magnitud del problema era evidente cuando se comparaba la cantidad de hectáreas invadidas (más de 50.000) con la cantidad que estaban dispuestos a vender los propietarios (11.910). El gobierno pretendió terminar con el problema agrario a corto plazo; sin embargo, las invasiones de tierra han continuado, y probablemente continuarán mientras no se den soluciones estructurales de fondo. (Reyes).

Estas negociaciones tuvieron sin embargo un impacto: hasta 1995, muchas organizaciones campesinas apoyaban al EZLN en su lucha; pero las relaciones se rompieron después que algunas organizaciones decidieron sentarse a negociar acuerdos parciales con el gobierno.

Otros factores en la ecuación

Sería imposible desarrollar toda la complejidad del problema de la tierra en Chiapas en un artículo de esta extensión. Por eso haremos una breve enumeración de algunos de sus componentes (ver también el recuadro para la parte histórica).

Primero, el conflicto agrario está intensamente politizado. Muchas de las reivindicaciones por la tierra se han visto acompañadas por la exigencia de democracia, justicia y respeto a los derechos humanos. Eso se justifica aun más porque los desalojos suelen acompañarse de abusos como la detención arbitraria, y hasta se han cometido asesinatos que quedan sin esclarecimiento.

Segundo, al contrario de lo que muchos piensan, el problema de los latifundios ya no es relevante en la zona de conflicto. «La propiedad social y las pequeñas propiedades privadas menores a 5 hectáreas representaban en 1990 más del 77% del total de las tierras, alcanzando incluso más del 90% en muchos municipios de los Altos». (Viqueira)

Por otro lado, el crecimiento demográfico constante hace que la porción de tierras de los campesinos sea cada vez menor. Ello incentiva su utilización para el autoconsumo, lo que a su vez afecta la productividad de la tierra. De hecho, en las zonas donde predomina el minifundio (donde las tierras cultivadas son de superficie reducida), más del 75% de la población suele ganar menos de un salario mínimo (Viqueira).

Tercero, aunque el gobierno reparta todas las tierras existentes (y de hecho, se pregona que así lo ha hecho), mientras el ritmo de crecimiento de la población se mantenga (2.12% al año), se necesitará cada vez más tierra. Hoy en día, 51% de la población chiapaneca tiene menos de 20 años. Por lo tanto, la demanda de tierras no terminará nunca si no se ofrece alternativas para el desarrollo económico o la ocupación de la población activa. No en vano la migración hacia las ciudades o hacia Estados Unidos ha ido creciendo en los últimos años.

Cuarto, existen pocas oportunidades de empleo fuera del sector agropecuario. Y la población indígena tiene poca probabilidad de acceder a ellas por las limitaciones educativas existentes.

Quinto, las tierras que se entregaron eran de por sí poco fértiles; los sistemas de riego son escasos, y la ganadería ha acelerado el proceso de deterioro de las zonas cultivables. Por otro lado, es problemático tener leyes estrictas para la preservación del medio ambiente en una región donde la demanda de tierras no cesa. El caso más conocido es la biósfera de Montes Azules (zona Selva), donde sigue pesando la amenaza de desalojo para más de 40 comunidades indígenas.

Legalidad vs. Legitimidad

Las disputas por la tierra entre campesinos son tan antiguas como la política priísta de otorgar las mismas tierras a más de un grupo solicitante, para dividir y debilitar las posibilidades organizativas del sector. Más aún, después de 1994 los repartos de tierras fueron parte de una política de contrainsurgencia destinada a aislar y cercar a los zapatistas. Existen varios casos en los que se otorgaron predios que habían sido invadidos por los zapatistas a organizaciones campesinas vinculadas al gobierno.

Otra dificultad se presenta actualmente por las divisiones entre organizaciones anteriormente aliadas: ¿las tierras recuperadas (es decir, invadidas por los zapatistas a partir de 1994) son de propiedad comunal? En más de un caso, otra organización -aliada con el EZLN- gestionó la propiedad de estas tierras ante el gobierno, aunque para el beneficio de todos (incluyendo zapatistas). Hoy en día, en un marco de creciente división entre las organizaciones, el conflicto se da entre legalidad (derechos de propiedad) y legitimidad; una frase que se podrá escuchar con frecuencia en la zona Selva de parte de los zapatistas es: «Nosotros derramamos la sangre».

Una de las preocupaciones del EZLN es que las organizaciones con las que está actualmente confrontado podrían vender terrenos a terceros, de acuerdo con la reforma constitucional de 1992 que permite la venta de las tierras comunales. Los carteles en Cuxuljá (escenario reciente de una dura disputa de este tipo) son una ilustración de ello: «La tierra es nuestra madre, no se compra ni se vende», «La tierra no es mercancía, venderla traición sería».

Muchas veces, por detrás de las disputas de tierras, lo que encontramos es más bien una lucha por el control político o la hegemonía sobre un determinado territorio y sus habitantes.

Por otro lado, una fuente adicional de tensiones es que, para poder beneficiarse de algunos programas gubernamentales, los campesinos tienen que presentar derechos de propiedad sobre sus tierras. Eso choca con el sistema de propiedad ejidal que sigue prevaleciendo en las zonas indígenas.

¿Un problema sin solución?

Aunque la lucha agraria en Chiapas no es más contra los latifundios -por la escasez de éstos-, la desigualdad sigue siendo enorme. Indudablemente la demanda agraria no cesará, por los aspectos ya mencionados: el crecimiento demográfico, los escasos recursos naturales, la expansión de la ganadería, las dificultades para una explotación más eficiente de la tierra y la falta de capacitación y empleos en otros sectores; todo lo cual se puede traducir como la nula alternativa del sistema al problema campesino.

A fines de abril, el Secretario para los Pueblos Indios del gobierno de Chiapas, Porfirio Encino, reconoció que se habían detectado problemas intercomunitarios en al menos 40 localidades en los municipios de Ocosingo, Altamirano y Las Margaritas. También afirmaba que más allá de la problemática agraria, «la raíz de estos problemas tiene que ver con el diálogo [suspendido entre el gobierno federal y el EZLN] y el no cumplimiento de los Acuerdos de San Andrés».

En este sentido, vale la pena recordar una de las críticas que se han hecho a la reforma constitucional sobre derechos indígenas aprobada por el Congreso federal el año pasado, o al Plan Puebla-Panamá: los indígenas ya no quieren ser objeto de políticas asistencialistas, sino ser sujetos y parte de la discusión; no sólo respecto a las políticas agrarias, sino a todo lo que tiene que ver con su desarrollo económico y social. El momento requiere por lo tanto de un replanteamiento amplio, no de soluciones parciales o de corto plazo.


Problemática agraria: múltiples rezagos históricos

No cabe duda que en la problemática actual pesan mucho las políticas del pasado, que se han caracterizado en gran medida por aspectos represivos y reformas agrarias planteadas más bien «como un ‘arreglo’ discrecional entre los terratenientes locales y el gobierno federal. Dicha política se desarrolló adecuando las necesidades del sistema en cada momento y estaba dirigida a proteger a la gran propiedad agraria, asegurando de paso el voto rural para el partido oficial». (García de León)

Si bien uno de los logros de la Revolución Mexicana a principios del siglo XX fue iniciar la Reforma Agraria para dar tierras a los campesinos, en Chiapas los terratenientes organizaron exitosamente la contrarrevolución para proteger sus privilegios. Las leyes agrarias de los años ‘20 también les beneficiaban a ellos.

No es sino hasta el sexenio de Lázaro Cárdenas (1934-1940) cuando se llevan a cabo repartos agrarios significativos en el estado. Para 1940 había menos de la mitad de las fincas que existían en 1900; sin embargo, las tierras de mejor calidad seguían en manos de los finqueros (Gómez y Kovic). Al mismo tiempo, la política agraria se dirigía al impulso de la actividad ganadera en la región.

Entre 1940 y 1965, la política nacional de sustitución de importaciones dio prioridad al sector industrial sobre el agrícola. El resultado fue que entre 1965 y 1980, la producción agraria nacional bajó del 14% al 7% del PIB; ello ocasionó que el país se hiciera dependiente de la importación de la mitad del consumo nacional de maíz (Collier).
A partir de 1970 -bajo el Presidente Echeverría- se fomentó la colonización de tierras en la zona Selva de Chiapas. Pero pronto los desequilibrios emergieron otra vez, cuando la población creció más que la proporción de tierras de que estaba dotada (Collier).

Un momento clave en la lucha por los derechos colectivos fue el Congreso Indígena de 1974: los campesinos se dieron cuenta que tenían los mismos problemas y decidieron organizarse para demandar tierras (Gómez y Kovic). El desarrollo del zapatismo se beneficiaría posteriormente de este creciente proceso organizativo.

Para proteger los intereses de los latifundios, el gobierno de Chiapas entregó en los años ’80 unos cinco mil certificados de inafectabilidad ganadera, protegiendo así más de un millón de hectáreas contra las demandas de tierras por parte de las organizaciones sociales.

Durante todos estos años, además, las dotaciones de tierras se realizaron manteniendo «vínculos de corrupción con los propietarios afectados y con los campesinos beneficiados, a quienes se les pedía lealtad política y no continuar favoreciendo las demandas y ocupaciones». (García de León)


BIBLIOGRAFÍA:

Collier, George A.: Reforms of Mexico’s agrarian code: Impacts on the Peasantry. Background of the rebellion in Chiapas. (1994).
García de León, Antonio: Fronteras interiores. Chiapas: una modernidad particular (2002).
Gómez Cruz P.J. y Kovic C.M: Con un pueblo vivo en tierra negada (1989-1993). (1994).
Harvey, Neil: The Chiapas Rebellion. The struggle for land and democracy. (1998).
Reyes Ramos, María Eugenia: El reparto de tierras y la política agraria en Chiapas. 1914-1988 (1992), y Espacios disputados. Transformaciones Rurales en Chiapas (1998).

Viqueira, Juan Pedro: Los peligros del Chiapas imaginario. (Letras Libres, enero 1999)

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:: Actividades de SIPAZ

Marzo - Mayo 2002

Entre otros:

Contactos e información

  • Visitas a las zonas Selva y Norte para dialogar con diversos actores sociales y religiosos.
  • Atención a varias delegaciones internacionales para darles a conocer la coyuntura en Chiapas y el trabajo de SIPAZ: Iglesias Unidas de Cristo, Pax Christi Italia, delegación de alto perfil de Noruega y Programa Suizo por la Paz (PROPAZ).
  • Coordinación de una visita del Embajador de Alemania a comunidades indígenas de los Altos y de una reunión con organizaciones de Chiapas.
  • Reuniones en la ciudad de México con asesores, ONGs y Embajadas.
  • Entrevista con Juan González Esponda, Comisionado para la Reconciliación del gobierno de Chiapas.
  • Estadía de una colaboradora de SIPAZ en el Campamento Civil por la Paz de Moisés Gandhi (zona Selva).

Diálogo interreligioso

  • Reuniones con líderes religiosos del municipio de Chenalhó y con el Grupo Plural Ecuménico.
  • Seguimiento del proyecto de "Pasantías de intercambio y formación entre líderes religiosos de Chenalhó y las Comisiones de Paz de Nicaragua".
  • Visitas a varias comunidades del municipio para dar a conocer este proyecto.
  • Participación en oraciones ecuménicas por la paz en San Cristóbal de las Casas y Los Chorros (municipio de Chenalhó).

Educación para la Paz

  • Participación en la Red por la Paz, un espacio de acción y reflexión que busca apoyar procesos de reconciliación y paz a nivel de organizaciones y comunidades de Chiapas.
  • Participación en la organización del Segundo Encuentro sobre Experiencias de Reconciliación Comunitaria y Paz (24-26 de mayo en San Cristóbal de las Casas).
  • Serie de tres talleres en Transformación de Conflictos con los alumnos de los CEDECOs (Centros de Desarrollo Comunitario) en San Cristóbal de las Casas.

Internacional

  • Participación en un taller de intercambio de experiencias de paz a nivel centroamericano, en el marco del proyecto Reflecting on Peacebuiding Practices, en Guatemala.
  • Participación en el IV Encuentro de la Red Latinoamericana de Constructores de Paz, en Perú.

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29220 Chiapas, México
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