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:: INFORME SIPAZ: Febrero 2001, Vol. VI Nº 1

-> Sumario Acciones Recomendadas
-> Actualidad MÉXICO, Nuevos tiempos, nuevos poderes
-> Enfoque El Ejército Mejicano: Factor clave en el
conflicto de Chiapas
-> Análisis Los desafíos de la transición democrática
-> Actividades del Equipo en Chiapas
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:: SUMARIO

Diciembre fue el inicio de las funciones del nuevo presidente de México, Vicente Fox, y del gobernador de Chiapas, Pablo Salazar. Tanto Fox como Salazar fueron los primeros representantes en ser elegidos en la época posrevolucionaria sin ser miembros del Partido Revolucionario Institucional (PRI), que gobernó durante largo tiempo el país. Sus representaciones conllevan la promesa de cambio y de solución del conflicto en Chiapas, como temas prioritarios. El presidente Fox señaló la importancia que le atribuye a este problema, ordenando el desmantelamiento de 53 retenes militares en el área de conflicto el mismo día en que asumió su cargo, el 1º de diciembre.

Por su parte, el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) rompió el silencio de cinco meses en una conferencia de prensa del 2 de diciembre. Manifestó que la actual administración representa una oportunidad para una nueva era de esfuerzos por alcanzar la paz. Pidió tres señales para reanudar el diálogo: cumplimiento de los acuerdos de San Andrés ( firmados en 1996 durante el gobierno del ex presidente Zedillo, que no llegaron a implementarse), liberación de los presos políticos zapatistas, y cierre de siete bases militares ubicadas en el área de mayor influencia zapatista.

El desmantelamiento de los retenes que ordenó Fox, en varios casos significó simplemente el retiro de los soldados a sus cuarteles. Aunque esto sí provocó un cambio en la vida de algunas comunidades indígenas que ya no tendrían que sufrir los continuos interrogatorios y hostigamiento a los que estaban sometidos por parte del Ejército.

Fox nombró a Luis H. Alvarez, un hombre de reconocida calidad moral, como Comisionado para la Paz en Chiapas y, en respuesta al pedido de las tres señales del EZLN: ordenó el retiro de cuatro de las siete bases solicitadas por éste; envió al Congreso de la Unión los Acuerdos de San Andrés elaborados por la Comisión de Concordia y Pacificación (COCOPA), y algunos presos políticos zapatistas fueron liberados, otros casos están en revisión. Al término de este informe, Fox dijo que no realizará más retiros del Ejército, mientras el EZLN no dé una señal de reanudación del diálogo.

Mientras tanto, la dirigencia del EZLN dio a conocer la visita que realizará a la ciudad de México en febrero con el fin de llevar a cabo un cabildeo en el Congreso de la Unión para que se aprueben los Acuerdos de San Andrés. Dicha aprobación, sin embargo, es muy incierta, porque deberá oponerse a las otras propuestas presentadas, incluída la del propio partido de Fox, Partido de Acción Nacional (PAN). Para su aprobación, Fox deberá hacer un gran esfuerzo. No es descartable que cualquier propuesta diferente a la de la COCOPA, pueda defraudar al EZLN.

Por otra parte, en Chiapas se vivieron muchas tensiones antes de la toma de posesión del nuevo gobernador, Pablo Salazar. En octubre, 11 miembros del presunto grupo paramilitar Unión Campesina Indígena Agropecuaria y Forestal (UCIAF) fueron arrestados, y en noviembre, la Procuraduría General de la República (PGR) realizó un operativo, que fue calificado de error, cuyo propósito era buscar las armas que estaban en manos de presuntos grupos paramilitares en Chenalhó, Altos de Chiapas. Con la pasividad del Ejército ante las agresiones de la comunidad a los agentes federales, los pobladores impidieron que el operativo se efectuara, y el saldo fue más de 20 personas heridas. Si bien estas acciones pueden ser interpretadas de distintas maneras, prevalece el hecho de que los grupos paramilitares continúan siendo un factor de inestabilidad en la región.

Durante su posesión, Salazar prometió homologar el retiro de las fuerzas policiales estatales al de las bases militares de Chiapas, poco después derogó la Comisión de Remunicipalización, que realizó una labor que fue vista por los zapatistas como un ataque directo hacia ellos, e inició una revisión de los casos de los presos políticos zapatistas cuyos cargos son del fuero estatal.

A los pocos días de asumir la gobernatura, se enfrentó a una pugna de poderes con el Legislativo y Judicial estatales dominados por el PRI. Incluso antes de que asumiera el cargo, el poder Legislativo lanzó una ofensiva prohibiendo las alianzas electorales multipartidistas en el futuro; se atribuyó la facultad exclusiva de auditar a los gobiernos municipales, que eran utilizados tradicionalmente como canales claves para la distribución de prebendas políticas. La pugna continuó, lo que provocó el estancamiento de la aprobación del presupuesto del año 2001 del estado, y la oposición a las designaciones de los funcionarios que Salazar debe hacer. Esta falta de cohesión en el gobierno estatal, la vuelve más difícil a la ya de por sí complicada tarea de promover la reconciliación y reconstrución del tejido social.

En otro ámbito, la anulación, sin precedentes, de las elecciones de octubre en el estado de Tabasco dictaminada por un Tribunal Electoral Federal, significó otra piedra angular para el proceso de democratización en México. El Tribunal desechó la victoria del candidato del PRI en virtud de las irregularidades cometidas por este partido, y ordenó la realización de nuevas elecciones.

En conclusión, las acciones de la administración de Fox han dado un nuevo impulso a los esfuerzos para la paz, aunque todavía es muy pronto para medir la fuerza del compromiso que hizo la administración para lograr una paz justa y duradera. Si bien se puede percibir que está en su interés resolver el conflicto, es claro que se está enfrentando a múltiples presiones. La reanudación del diálogo es sólo el primero de muchos retos que tiene por delante.

ACCIONES RECOMENDADAS:

  1. Escribir al presidente Fox, y:
    • Felicitarle por los pasos iniciales dados para la reanudación del diálogo: envío de los Acuerdos de San Andrés, liberación de los presos políticos zapatistas y retiro del Ejército. Señalar la falta de consenso en el Congreso para que se apruebe la propuesta de la COCOPA.
    • Solicitarle que haga los esfuerzos necesarios para que garanticen la aprobación de las leyes consistentes tanto en la letra como en el espíritu, con los Acuerdos de San Andrés.
    • Expresarle el cumplimiento de las promesas de campaña, de su preocupación por las necesidades de los pobres como su principal prioridad.
    • Pedirle el restablecimiento de las condiciones necesarias para reiniciar las conversaciones, incluyendo más retiros del Ejército y la liberación de los presos políticos zapatistas, ya que el diálogo es la única forma viable de establecer una paz justa y duradera.
  2. Escribir a los miembros de la COCOPA, instándoles a multiplicar sus esfuerzos para que la propuesta legislativa de Derechos y Cultura Iindígenas, de su autoría, sea aprobada
  3. Difundir información, como la contenida en este boletín, sobre la situación en Chiapas.

Escribir a:

Lic. Vicente Fox, Presidente de la República
Residencia Oficial de los Pinos, Puerta #1
Colonia M. Chapultepec, Delegación M.Hidalgo
CP 11850
México, D. F.- México
Fax: (+52) (5) 515 1794

Comisión de Concordia y Pacificación
(COCOPA)
Reforma No.10, Torre Caballitos
Piso 18, Colonia Tabacalera
Delegación Cuahtémoc
CP 06030
México DF, México
Fax: (+52) (5) 345 3288

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:: ACTUALIDAD

MÉXICO: nuevos tiempos, nuevos poderes

El 1o. de diciembre, el presidente electo Vicente Fox Quesada prestó juramento en el Congreso de la Unión, convirtiéndose en el primer presidente de la época posrevolucionaria surgido de un partido distinto al Partido Revolucionario Institucional (PRI). En su primer discurso anunció que luchará contra la corrupción y la impunidad. Se comprometió a promover siete reformas medulares que garanticen una «democracia eficaz y una eficacia democrática», y a llevar a cabo una reforma del Estado que asegure un ejercicio del poder cada vez más equilibrado. Con respecto a Chiapas, poco antes de posesionarse ya ordenó el retiro de 53 retenes militares en las tres zonas de conflicto: Altos, Norte y las Cañadas.
Gabinete de “orden y respeto”

Como de “orden y respeto” definió el presidente Fox a su gabinete.

El nombramiento de Luis H. Alvarez como Comisionado para la Paz en Chiapas, recibió el saludo del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), y fue calificado como de mucho acierto y con autoridad moral para participar en los diálogos de paz. Luis H. Alvarez fue miembro fundador de la Comisión de Concordia y Pacificación (COCOPA), y participó en las negociaciones y en la firma de los Acuerdos de San Andrés. Según el Comisionado, “el proyecto de la COCOPA (iniciativa de ley sobre Derechos y Cultura Indígena, elaborada por esta instancia en noviembre de 1996 en base a los Acuerdos de San Andrés) es acorde con los principios de unidad nacional. La libre determinación y autonomía de los pueblos indígenas se propone sin menoscabo de la soberanía nacional, siempre dentro del marco constitucional del Estado mexicano”.

Llamó la atención el nombramiento del general Rafael Macedo de la Concha en la Procuraduría General de la República (PGR). Después de casi un siglo de tradición civil, por primera vez un militar asume este cargo. Cuando fue procurador de Justicia Militar, dejó sin atender una serie de acusaciones de violaciones a los derechos humanos, según organizaciones de derechos humanos.

El EZLN rompe el silencio

En una conferencia de prensa el 2 de diciembre en la comunidad zapatista de La Realidad, el EZLN pidió al nuevo gobierno tres señales para reanudar el diálogo: cumplimiento de los Acuerdos de San Andres, libertad de todos los presos políticos zapatistas y el retiro y cierre de siete posiciones del Ejército, “ de las 259 que mantiene actualmente en la zona de conflicto”. Anunció que en febrero de 2001, 23 miembros del Comité Clandestino Revolucionario Indígena-Comandancia General del EZLN, viajarán a la ciudad de México para convencer al Congreso de la Unión de las “bondades” de la iniciativa de ley elaborada por la COCOPA.

Aunque no lo retoman explícitamente en sus demandas, en un comunicado el EZLN acusó al gobierno de no hacer nada en cuanto a los grupos paramilitares. Denunció además que el 20 de diciembre, nueve familias zapatistas de la comunidad Santa Fe el Duraznal, municipio de Chilón, fueron desplazadas por aquellos.

Respuestas gubernamentales

Casi inmediatamente, Fox respondió diciendo que buscará cumplir las condiciones del EZLN. El 5 de diciembre envió al Congreso la iniciativa de ley de la COCOPA. Posteriormente el senador priísta Manuel Bartlett, en su carácter de presidente de la Comisión de Puntos Constitucionales, advirtió que no legislarán “al vapor”, puesto que antes se debería realizar una consulta nacional, porque el proyecto no sólo debe centrarse en Chiapas sino en todas las entidades donde hay grupos indígenas.

En respuesta a las demandas zapatistas del retiro de posiciones militares, la primera posición en ser abandonada fue Amador Hernández, predio en el que el 9 de agosto de 1999 entró el Ejército, y el 18 de octubre de 2000, el entonces presidente Ernesto Zedillo expropió 3,5 hectáreas a los ejidatarios. El 22 de diciembre, el presidente Fox restituyó el predio a la comunidad, lo que fue saludado por el EZLN, y visto como una buena señal rumbo al diálogo. El 31 de diciembre, ante una protesta de simpatizantes zapatistas, se aceleró la salida de los militares del cuartel Jolnachoj (San Andrés Larrainzar). Por orden presidencial, Cuxuljá fue la tercera posición desmantelada, el 9 de enero. Y, el 17 del mismo mes salieron del campamento militar de Roberto Barrios.

Después del retiro del cuarto campamento militar, el presidente Fox dijo que no habrá más repliegue del Ejército, hasta que el EZLN dé una señal de reanudación del diálogo.

Chiapas antes del cambio de gobernador

Luego de la detención (28 de octubre) de 11 líderes del presunto grupo paramilitar Unión Campesina Indígena Agropecuaria y Forestal (escisión de "Desarrollo, Paz y Justicia"), y a pocas semanas de la posesión del nuevo gobernador de Chiapas, Pablo Salazar, el ambiente se tensionó debido a que varias comunidades, especialmente de la zona Norte y Altos, entre ellas los desplazados de Tierra y Libertad, Yajalón (desalojados el 3 de agosto), denunciaron las amenazas de que eran objeto por parte de paramilitares.

En este clima de intranquilidad, en la madrugada del 13 de noviembre, 150 policías judiciales federales y 20 agentes del Ministerio Público realizaron un operativo en los Chorros, municipio de Chenalhó, en busca de armas en manos de presuntos paramilitares. Con la pasividad del Ejército ante las agresiones de la comunidad a los agentes federales, los pobladores impidieron que el operativo se llevara a cabo, con un resultado de más de 20 personas heridas. La PGR reconoció su fracaso y dijo que continuarán los operativos.

Toma de posesión de Pablo Salazar

El 8 de diciembre, con la presencia del presidente Vicente Fox, Pablo Salazar Mendiguchía como el primer gobernador no priísta en la historia posrevolucionaria, asumió la gobernatura de Chiapas. En su primer discurso solicitó al presidente Fox que se auditen todos los recursos federales enviados los últimos años a Chiapas. Señaló que hará valer el estado de Derecho y aplicará la ley para que no haya más derramamiento de sangre. Planteó la necesidad de conocer la verdad sobre las masacres de Acteal y el Bosque, y “las bandas paramilitares”.

En cuanto a la conformación de su gabinete, destacan miembros de la sociedad civil y empresarios. En la Secretaría de Gobernación fue nombrado Emilio Zebadúa, vocal del Instituto Federal Electoral. Porfirio Encino, de Asociación Rural de Interés Colectivo Independiente y Democrática (ARIC-I), una organización indígena histórica, ocupa la Secretaría de Pueblos Indígenas.

Acciones del nuevo gobernador

El ejecutivo estatal prometió que homologará el retiro de efectivos policiacos al del Ejército mexicano de los siete puntos exigidos por el EZLN para reiniciar el diálogo; derogó la Comisión Estatal para la Remunicipalización creada por el anterior gobierno, factor altamente conflictivo, pues había creado siete nuevos municipios principalmente en las regiones donde se encontraban los consejos autónomos del EZLN. En este sentido, el secretario de Gobierno, Emilio Zebadúa, señaló que las instancias para la remunicipalización atentaban contra una salida pacífica al conflicto y la independencia del Supremo Tribunal de Justicia del Estado (STJE), porque ambas estaban a cargo del presidente del organismo, Noé Castañón. Agregó, que los municipios autónomos deben ser considerados en el marco general de la revision que se hará de los Acuerdos de San Andrés.

De otro lado, con la presencia del comisionado para la paz, Luis H. Alvarez, fueron excarcelados 22 zapatistas del penal de Cerro Hueco. De un total de 103 detenidos y procesados a partir de 1994, varios con sentencias de hasta 25 años, está pendiente la liberación de 81 indígenas. El Procurador de Justicia del Estado dijo que el caso de los presuntos zapatistas se atenderá de dos maneras: Ley de Sentencia Suspendida para quienes han sido sentenciados, y desistimiento de la acción penal para quienes están en proceso.

Pugna de poderes

Días antes de la toma de posesión del nuevo gobierno estatal, la fracción parlamentaria del PRI aprobó una serie de reformas al Código de la Hacienda Pública, según Salazar “para quitarle facultades al Ejecutivo para revisar las cuentas a los ayuntamientos a través de la Controlaría General del Estado y convertir al legislativo en el único poder con capacidad de auditar a los gobiernos municipales”.

La bancada del PRI en el Congreso estatal interpuso una demanda de juicio político contra Salazar y Zebadúa, porque el nombramiento del secretario de Gobierno, Emilio Zebadúa, sería anticonstitucional “por no ser chiapaneco”. Hasta que no se resuelva este conflicto, el Congreso se niega a discutir varias propuestas del Ejecutivo (como la propuesta de revocar una reforma del Congreso de octubre 2000 para prohibir alianzas de los partidos que participen en las contiendas electorales por las presidencias municipales y diputaciones, y una propuesta de reforma legislativa). Además, aunque Salazar derogó la Comisión de Remunicipalización, el Congreso estatal indicó que seguirán discutiendo la segunda etapa del proyecto de remunicipalización.

Aumentaron el presupuesto del Congreso en el 90 por ciento, reduciendo al mismo tiempo el presupuesto de la Secretaría de Desarrollo Social en el 17 por ciento. El gobernador vetó este presupuesto por considerar que contravenía disposiciones de la Constitución Política de Chiapas. Mientras se resuelve la pugna de poderes, en Chiapas se mantiene el presupuesto del año 2000.

Por su parte, el presidente del STJE, Noé Castañón, responsabilizó al gobernador Salazar de las amenazas de muerte en su contra y en contra de los 16 magistrados priístas. Noé Castañón, quien se había desempeñado como titular del STJE durante 6 años, fue relecto por otro período igual con el voto de la mayoría priísta de magistrados.

Más cambios

Mediante un comunicado presidencial se dio a conocer que se eliminaba el requisito migratorio de permiso para ser observadores de derechos humanos en el país. Dicha actividad estará sujeta al estado de Derecho y marco jurídico aplicable.

Por primera vez en la historia electoral mexicana, el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación anuló las elecciones de gobernador de Tabasco (colindante con Chiapas) por irregularidades cometidas. El posesionado candidato priísta, fue revocado de su cargo. Después de semanas de incertidumbre política en que el estado llegó a tener dos gobernadores interinos, finalmente mediante un acuerdo político entre la Secretaría de Gobernación, las dirigencias nacionales de los partidos y el Congreso local se llegó al nombramiento de un gobernador interino priísta con el compromiso de convocar a elecciones en noviembre y entregar el poder en diciembre del 2001.

En Yucatán se dio otro conflicto electoral por el supuesto nombramiento unilateral de integrantes del Consejo Electoral del Estado. El mismo tribunal federal intervino para exigir al Congreso de mayoría priísta elaborar una nueva lista de consejeros electorales más amplia, para ser elegido al azar esta vez. La bancada priísta se negó a hacerlo y anunció que el Consejo anterior seguirá desempeñando su trabajo.

En Oaxaca (al lado de Chiapas) se aprobó a finales de diciembre una Ley de Aministía que beneficia a todas las personas involucradas con grupos guerrilleros. De esta manera fueron excarceladas 32 personas, y 129 que están prófugas y supuestamente tienen vinculación con el Ejército Popular Revolucionario (EPR), serán también beneficiadas.

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:: ENFOQUE

El Ejército mexicano: factor clave en el conflicto de Chiapas

La presencia del Ejército mexicano en Chiapas, desde el levantamiento zapatista en 1994 ha sido objeto de críticas por parte del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), organizaciones indígenas, sociales, de derechos humanos nacionales e internacionales y partidos de la oposición. Por otra parte, dicha permanencia ha sido explícitamente solicitada por varios grupos de filiación priísta y el gobierno mexicano ha defendido su presencia. En el marco de la actual coyuntura política, el Ejército sigue jugando un papel clave en las posibilidades de la reanudación del diálogo de paz en Chiapas.

Histórico pacto

Para entender los planes y doctrinas militares en México, habría que dar unos pasos hacia atrás en la historia: “Hay un pacto cívico-militar en México, vigente desde los años 40, sustentado en dos reglas no escritas, resultantes de un hecho: en 1947, cuando quien fuera el primer presidente civil de la revolución, Miguel Alemán, tomó el bastón de mando que le ofrecían los generales de la revolución, lo hacía a cambio de un compromiso: el respeto absoluto a la institución castrense. En correspondencia a este compromiso se desprendió la segunda norma [...]: los militares respetarían a capa y espada ese poder civil. [...] Al respecto, el Ejército mexicano nunca tuvo autonomía del sistema político, [...] por lo que no fue factor de inestabilidad. (1)

Planes de guerra

Los planes de guerra y doctrinas para impulsar el despliegue de las Fuerzas Armadas se desprenden de la Constitución y de las leyes que regulan su actividad: preparación para la defensa externa (descrito en el llamado plan DN-I); garantía de la seguridad interna y la paz social (plan DN-II); y desde los años setenta, intervención en caso de desastres naturales (el DN-III)..

Las mencionadas críticas a las Fuerzas Armadas se relacionan mayoritariamente con el plan DN-II, cuyas misiones son amplias: “Van desde la preparación y entrenamiento para la guerra contra el narcotráfico, combatiéndolo constitucionalmente en respaldo a la Procuraduría General de la República (PGR), hasta la contrainsurgencia, el apoyo a ineficaces fuerzas de seguridad pública y la realización de la denominada acción cívica, que se ocupa de vacunar y dar atención odontológica a la población en zonas rurales marginadas, establecer misiones de protección de la naturaleza y otras acciones. [...] El Ejército es directamente responsable de detener a los grupos insurgentes que han declarado la guerra al Estado, como el EZLN, el Ejército Popular Revolucionario (EPR) y el Ejército Revolucionario del Pueblo Insurgente (ERPI), y sus acciones las emprenden en coordinación estrecha con la Secretaría de Gobernación. Cuando se trata de narcotráfico o de seguridad pública, donde hay que sustituir a los ineficaces cuerpos de seguridad pública federal o estatales y municipales, su coordinación es con la PGR” (2). La crítica al respecto es que la ejecución de la mencionada acción cívica correspondería, según la Constitución y las leyes mexicanas, a otras dependencias federales e incluso estatales o municipales.

Chiapas: la realidad

Desde el levantamiento zapatista en 1994, el número exacto de efectivos ha sido objeto de muchas discusiones nunca resueltas: “mientras el gobierno y la Secretaría de Defensa Nacional (SEDENA) han reportado de 17 a 25 mil efectivos en diversos momentos, las organizaciones indígenas, campesinas, de derechos humanos y civiles, han consensuado públicamente un aproximado de 70 mil” (3). Al mismo tiempo, se reconoce que “[...]el número exacto de militares en Chiapas nunca lo conoceremos con verdad y exactitud [...]. Pero existen otros criterios para medir la militarización en términos cuantitativos y hacer el cálculo no sólo en cuanto a la cantidad de efectivos militares, sino sobre sus posiciones, acciones y consecuencias para la sociedad.[...]”. Sobre sus posiciones, los autores de “Siempre lejos, siempre cerca” mencionan que en febrero de 2000 contaron “259 puntos geográficos: 175 posiciones fijas, 24 retenes permanentes, 60 retenes intermitentes”, que estaban presentes físicamente en 58 municipios, teniendo así una presencia en 52.20% del total de ellos (4).

Las razones oficiales que se dan para la presencia del Ejército mexicano en Chiapas son la seguridad nacional, el combate al narcotráfico, al terrorismo y a la ingobernabilidad, así como el desempeño de la llamada labor social (o acción social). Algunos ejemplos del último son: la construcción de carreteras, trabajos de reforestación, campamentos militares donde los militares ofrecen comida, atención médica, información sobre planificación familiar, cortes del pelo y reparación de construcciones o materiales a los pobladores.

Mientras las fuentes militares hacen énfasis en la legalidad y necesidad de su presencia, en los últimos siete años la población indígena ha realizado centenares de denuncias sobre interrogatorios, hostigamiento en retenes y a través de patrullajes y sobrevuelos constantes de aviones y helicópteros, ocupación de edificios comunitarios como escuelas, introducción de prostitución y enfermedades venéreas en las comunidades, condicionamiento político a la entrega de ayuda humanitaria, violación de niñas y mujeres, desplazamiento forzado de la población a través de operativos policiaco-militares, apoyo o escudo de paramilitares, robo de maderas preciosas, obstrucción del libre tránsito, profanación de lugares sagrados, inyección o control de recursos económicos clientelares a través de diversas instancias y dependencias públicas, contaminación ambiental, actor activo en la división de las comunidades y en la inminente impunidad en la región, siembra de mariguana, entre otros. Por las mismas denuncias, una gran cantidad de indígenas de las bases simpatizantes zapatistas y grupos de desplazados ha rechazado los servicios sociales del Ejército.
En una sistematización de 1160 cartas de denuncias de comunidades y organizaciones indígenas del Archivo Histórico de la Comisión Nacional de Intermediación (CONAI) de 1994 a 98, los autores de “Siempre cerca...” identificaron a las Fuerzas Armadas y Policiacas como el agresor más denunciado (36%) (5). Para el año 1999, el Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de las Casas concluyó que “del total de casos de presuntas violaciones a los derechos humanos recibidos por el Centro, el 39% fueron realizadas por el Ejército mexicano, ubicándolo en el principal agresor. La mayoría de los casos se refirieron a violaciones a la integridad física y a las garantías de seguridad jurídica” (6).

Críticas internacionales

En febrero de 2000, la comisionada para Asuntos Indígenas y de Derechos Humanos de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), Erika Irene Daes, pidió al Ejército federal que regrese a sus cuarteles. En el mismo mes el informe de la Relatora Especial para Ejecuciones Extrajudiciales, Arbitrarias o Sumarias de la ONU, Ashma Jahangir recomendaba que el gobierno de México “logre la desmilitarización de la sociedad y evite delegar en las Fuerzas Armadas el mantenimiento del orden público o la lucha contra el delito” (7).

Unos meses después, el Comité de Derechos Humanos de la ONU manifestó que “el Comité está [...] preocupado por la creciente intervención de los militares en la sociedad, especialmente en los Estados de Chiapas, Guerrero y Oaxaca donde desarrollan actividades propias de las fuerzas policiacas”. Observó además que “El Comité está profundamente preocupado por la inexistencia de procedimientos institucionalizados para investigar las alegaciones de las violaciones de derechos humanos presuntamente cometidas por militares y por las fuerzas de seguridad y que, como consecuencia de ello, estas denuncias a menudo no son investigadas”. Recomendó que “el mantenimiento del orden dentro del territorio del país debe realizarse por medio de las fuerzas de seguridad civiles” y que “el Estado debe establecer procedimientos adecuados para que se lleven a cabo investigaciones independientes de las denuncias de violaciones a los derechos humanos imputados a los militares y a las fuerzas de seguridad y para que se procese a las personas acusadas de tales violaciones [...]” (8).

La Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la Organización de los Estados Americanos (OEA) recomendó ya en 1998 que el gobierno mexicano “ revise el contenido de la Ley del Sistema Nacional de Seguridad Pública, con el fin de mantener a las Fuerzas Armadas en el rol propio para el cual fueron creadas, de acuerdo a lo establecido por la legislación internacional en la materia, en especial por el artículo 27 de la Convención Americana” (9).

Propuestas de cambio

Últimamente se dieron a conocer varias propuestas de parte del gobierno federal y estatal y del mismo Ejército para una modernización de las Fuerzas Armadas y un reajuste de sus actividades en Chiapas, específicamente.

En un acto inédito, y en reacción a las diversas críticas nacionales e internacionales, el general Cervantes Aguirre, entonces titular de la Secretaría de la Defensa Nacional (SEDENA), dijo poco antes de la presentación del último informe presidencial de Zedillo en septiembre del 2000 que “la presencia del Ejército federal en Chiapas es un asunto doloroso para la conciencia de los militares”.

En preparación del periodo político del nuevo presidente, y a invitación del mismo, la Comisión de Estudios para la Reforma del Estado, en el documento que entregó a Fox el 22 de noviembre de 2000, considera que una de las “medidas urgentes” para el proceso de paz en Chiapas, es el repliegue del Ejército de las inmediaciones de las comunidades rurales chiapanecas. Además se recomienda “prohibir la participación de las Fuerzas Armadas en tareas ajenas a su misión constitucional, como la seguridad pública y el combate al narcotráfico; [...] reformar el artículo 93 constitucional, para prever que los jefes de los estados mayores de las Fuerzas Armadas puedan ser citados por el Congreso de la Unión, para que informen cuando se discuta una ley o se estudie un negocio de su incumbencia; y [...] fortalecer las facultades de las comisiones legislativas en materia de defensa nacional, con el objeto de darles competencia para revisar y auditar las partidas presupuestales ejercidas por los mandos e instituciones militares” (10). El presidente Fox decidirá qué sugerencias mandará al Congreso para su discusión.

Compromisos y hechos

En diciembre de 2000 y enero de 2001, ya se han dado varios cambios a nivel militar en la región. En las primeras semanas después de su toma de posesión, Fox ordenó el desmantelamiento de decenas de retenes, y en respuesta a las condiciones planteadas por el EZLN, ordenó el retiro de varias bases militares.

Estas iniciativas requieren de un monitoreo de seguimiento, ya que varias organizaciones indígenas denunciaron que los soldados de los retenes levantados siguen con su trabajo, vestidos de civil, al lado de la carretera; que reinstalaron retenes ya levantados, y que refuerzan distintos campamentos militares.

Brechas comunitarias

Los pasos del Presidente han generado cierto alivio en múltiples comunidades indígenas y desacuerdo en otras. El retiro del Ejército de las comunidades indígenas ha sido una demanda constante por parte de distintas organizaciones y grupos de pobladores indígenas en los últimos años. Por otro lado, varios grupos priístas piden la permanencia del Ejército, con los argumentos que se debe normalizar la vida pública e institucional de Chiapas así como solucionar los aspectos que provocaron el levantamiento en primer lugar. También dicen que con el retiro de los militares se rompería con acuerdos comunitarios de reconciliación.

Esta divergencia de entendimiento plantea un reto en el sentido de que justamente, la reconciliación de los pueblos chiapanecos será una de las prioridades más importantes para el gobierno estatal, visto el daño al tejido social que se ha dado desde el levantamiento, e incluso antes.

Democratización

Sería demasiado fácil creer que la ‘desmilitarización’ de Chiapas se resolvería con sólo un reposicionamiento o repliegue del Ejército. Esto, para empezar, debería ser acompañado por una garantía de que la abundante presencia de armas y/o el hostigamiento a la población no sea ‘copiada’ por fuerzas policiacas, y que se desmantelen los grupos civiles armados/paramilitares como fuente continua de mayor tensión en la región. El gobernador Salazar ya ha indicado a mediados de diciembre 2000 que se homologará el retiro del Ejército mexicano con el de la Seguridad Pública. Queda pendiente la garantía del gobierno federal de que no establecerá una presencia fuerte de elementos policiacos federales. Tales retos y pasos requieren de una mayor estabilidad y gobernabilidad en el estado, dificultadas por el momento por los crecientes conflictos entre los diferentes poderes estatales (vea Actualidad y Análisis de este informe).

Aún así, una conclusión sobre la presencia del Ejército en Chiapas no se puede desvincular de una más amplia que incluya la situación política y social en la región y el resto del país. Tomando en cuenta que, además de que le corresponde al gobierno federal asegurar que el desempeño de actividades en el marco de la acción cívica sea asumido por instituciones federales y estatales, esto requiere de un proceso de democratización del sistema político en todo el país. Lo cual a su vez va de la mano de la lucha contra la corrupción y la impunidad en los diferentes niveles del gobierno.

Por el momento, varias cartas están en la mesa. En la medida en que las Fuerzas Armadas acaten el poder político, y en la medida en que dicho poder político cumpla con su palabra, el Ejército podrá convertirse en un factor que facilite la reanudación del proceso de paz.

1 “Siempre cerca, siempre lejos; Las Fuerzas Armadas en México”, Global Exchange, CIEPAC, CENCOS, 2000, p. 16/1 (Volver ^...)
2 “Siempre cerca....”, p.24. (Volver ^...)
3 “Siempre cerca....”, p.132. (Volver ^...)
4 “Siempre cerca....”, p.133. (Volver ^...)
5 “Siempre cerca....”, p.124. (Volver ^...)
6 “La guerra en Chiapas: ¿Incidente en la historia?”, Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de las Casas A.C., Abril 2000, p.54. (Volver ^...)
7 Recomendación 107.b, febrero 2000. (Volver ^...)
8 Comité de Derechos Humanos, 66 período de sesiones, ONU, julio 1999. (Volver ^...)
9 “Informe sobre la situación de los DDHH en México”, OEA/CIDH, Septiembre 1998. Recomendación 738, p.167 (Volver ^...)
10 Proceso 1255, 19 de noviembre de 2000, p.22/23. (Volver ^...)

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:: ANALISIS

CHIAPAS: Señales alentadoras a 7 años del inicio del conflicto

El conflicto en Chiapas recién cumplió 7 años. El tercer Presidente desde su inicio, Vicente Fox, hereda una situación de particular complejidad. Sin embargo, por primera vez en años, se han dado señales apuntando hacia la reanudación del diálogo entre el gobierno mexicano y el EZLN. Estas muestras de buena voluntad fueron dadas tanto por los nuevos gobiernos federal y estatal como por el mismo EZLN.

Tiempos agitados antes de tomar posesión los nuevos gobiernos

Entre su elección (julio) y su toma de posesión (diciembre) Fox logró ocupar las primeras planas de la prensa nacional, reiterando sus promesas de campaña, en particular frente al tema de Chiapas. Fue un tiempo de latencia y transición, entre expectativas, debates y definiciones.

En Chiapas, la tensión subió en más de una ocasión, por ejemplo en octubre, en la zona Norte, a raíz de la detención de 11 personas de la Unión Campesina Indígena Agropecuaria y Forestal (UCIAF), una escisión de "Desarrollo, Paz y Justicia", y el operativo fracasado de la Procuraduría General de la República (PGR) en Chenalhó en noviembre (zona Altos esta vez). El poder que mantuvieron organizaciones acusadas de ser paramilitares en los últimos años hizo temer una reacción y movilización mayor de sus partidarios.

En ambas acciones, algunos analistas rescataron la intención, ya que muy poco se ha hecho en contra de los grupos supuestamente paramilitares hasta la fecha. Otros lo vieron como un «regalo de despedida del gobierno saliente» para preparar la entrada del siguiente. Al mismo tiempo, se dio también otra lectura: se trataba de crear desestabilización antes de la toma de posesión de Pablo Salazar. Seguramente, existen también otros intereses en juego (en particular, el de la PGR que tal vez quiso probar su trabajo antes de una posible reforma). Algunos analistas hablaron de un posible acuerdo entre el Partido Revolucionario Institucional (PRI) local y dichos grupos, por el cual se entregarían voluntariamente para evitar una crisis política en la región, y se les proporcionaría defensa legal a cambio de sus votos. Cualquiera que sea la verdadera explicación, el resultado sigue siendo el mismo: a principios de diciembre, en más de una región, varios grupos se encontraban a la defensiva, hostiles al nuevo gobierno local.

El EZLN muestra sus cartas

Después de 4 años de estancamiento del proceso de paz, los pasos hacia su posible reanudación se han dado con una sorprendente celeridad. El EZLN había calculado bien su «entrada»: después de 5 meses de silencio, habló el 30 de noviembre para citar a los periodistas a una conferencia de prensa como para darle a Fox la oportunidad de ajustar su discurso de toma de posesión.

En su conferencia de prensa del día 2 de diciembre, el EZLN pareció tener en cuenta un panorama más favorable a su causa. Desde 1996, había planteado cinco condiciones a la reanudación del diálogo. Las redujo ahora a 3. De hecho, dos de las 5 ya se encuentran cumplidas: el nombramiento de Luis H. Alvarez como Comisionado para la Paz (el cual ha sido calificado por el EZLN de "interlocutor válido"), y la conformación de la Comisión de Seguimiento y Verificación (COSEVER, 1997) aunque nunca ha funcionado por la no implementación de los Acuerdos de San Andrés. El EZLN no retomó el tema de los paramilitares, tal vez por darse cuenta que este problema tardará mucho más en resolverse, o porque el gobierno local ya ha declarado que es un asunto prioritario para él.

Al fin y al cabo, el EZLN ofrece un paquete más fácilmente negociable para poder tener un diálogo directo con el nuevo gobierno.

Respuestas gubernamentales

El Ejecutivo federal demostró su buena voluntad al cumplir en parte con las demandas zapatistas, presentando la propuesta de la Comisión de Concordancia y Pacificación (COCOPA) al Congreso el 5 de diciembre, cerrando varias posiciones militares y levantando las restricciones a observadores de derechos humanos internacionales. Este esfuerzo fue correspondido en el ámbito estatal cuando el gobernador Pablo Salazar liberó varios presos zapatistas y derogó la Comisión de remunicipalización (otra fuente de tensión en la zona en los últimos años).

El primer repliegue militar del 1o de diciembre generó mucha confusión tanto dentro como fuera de México, ya que entre el discurso de Fox en este sentido y la práctica, sigue existiendo una brecha. A pesar del retiro de decenas de retenes y de cuatro campamentos militares ubicados cerca o dentro de las comunidades indígenas, y del impacto positivo que esto generó para los habitantes locales, la presencia militar en general no ha disminuido significativamente todavía. No hay evidencias de que los soldados de estos retenes y campamentos hayan salido de Chiapas.

También si los poderes ejecutivos federal y estatal han dado muestra de su buena voluntad, la solución definitiva de varios de los problemas pendientes compete a otros poderes: judicial (para los presos) y legislativo (para los Acuerdos de San Andrés).

Ciertamente, Fox hizo llegar la propuesta de la COCOPA al Congreso: pero al proyecto le espera una larga batalla legislativa con final incierto. Paradójicamente, el Partido de Acción Nacional (PAN), el principal partido que llevó a Fox al poder, podría ser una de las principales fuentes de resistencia. En efecto, desde la pasada administración dicha bancada ya presentó su propia propuesta sobre Derechos y Cultura Indígena, y el hecho de que Fox haya presentado un texto distinto generó fricciones (sumándose a las que de por sí ya existían).

Por primera vez, el Presidente se encuentra frente a un Congreso pluripartidista (en que ninguno de los partidos cuenta con la mayoría simple) y cualquier iniciativa tendrá que apoyarse en alianzas todavía por definirse. En este sentido el PRI también tiene su propia propuesta. Seguramente, el riesgo de la «balcanización» de este partido está latente y podría generar un mapeo político más variado frente a la propuesta de ley de la COCOPA. El PRD (Partido de la Revolución Democrática) por su parte también está amenazado de divisiones, pero ha estado a favor del texto de la COCOPA desde su elaboración.

Si finalmente no se acepta el texto (y dicho proceso podría llevar hasta dos años), Fox estará a salvo de muchas de las críticas, ya que la decisión está en manos del Congreso. Al mismo tiempo, su proyecto económico se apoya en una mayor globalización de la economía, y le conviene deshacerse de la herencia de críticas internacionales sobre el tema Chiapas.

Hay que considerar también que Chiapas tiene particular importancia para dicho proyecto, por sus recursos y por la bandera política y de credibilidad que significaría la reanudación de las negociaciones de paz. Son muchas las promesas que ha hecho Fox en su campaña. Le tocarán medidas mucho menos populares (por ejemplo en el ámbito fiscal) o de aún mayor complejidad (como la reforma del Estado) y en este sentido, Chiapas puede ser una reserva de crédito político.

Después de las crisis electorales en los estados de Tabasco y Yucatán, se abre la pregunta sobre el grado de involucramiento que el gobierno federal está dispuesto a tener en los estados del sureste donde el PRI, desafiando el orden, se niega a perder parte del poder que le queda.

¿ Gobernabilidad en Chiapas?

La situación de Pablo Salazar, el nuevo gobernador es más crítica. A escasos días de que asumió la gobernatura de Chiapas, y a partir de las acciones del ejecutivo estatal, se suscitó una pugna de poderes. Tanto el poder legislativo como el judicial (los dos con una mayoría priísta) han venido criticando y obstaculizando varias de sus propuestas y hasta negándose a tratar algunas de ellas.

En un documento entregado al legislativo estatal, el ejecutivo chiapaneco acusó a los diputados priístas de elaborar una estrategia política y económica para fines electorales y, antes de las elecciones legislativas y municipales de octubre del 2001, de querer aumentar su control sobre las alcaldías. Por otra parte, los poderes legislativo y judicial acusan de anticonstitucionales las acciones del Gobernador, calificándolas de venganzas políticas. Incluso hablan de amenazas de muerte en contra del poder judicial.

Cabe destacar que cualquier iniciativa de negociación deberá ser un trabajo de filigrana, para cohesionar de nuevo la vida política y social del estado y para poder resolver problemas comunitarios y regionales, antiguos y recientes.

En resumen

En los últimos meses, tanto en Chiapas como en México se han iniciado procesos decisivos y necesarios que no han tenido su desenlace todavía. Los problemas que ambos gobiernos enfrentan no son de fácil solución. Resulta importante garantizar una mayor gobernabilidad, y, más que todo, avanzar en los hechos para reconstruir una confianza mínima de las comunidades indígenas.

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:: ACTIVIDADES DEL EQUIPO

Noviembre 2000 - Enero 2001

Visitas y Contactos

  • Participación en un encuentro en la zona Norte de Comunidades de Base sobre la reconciliación comunitaria.
  • Atención a varias delegaciones de Norteamérica para darles a conocer la coyuntura en Chiapas y el trabajo de SIPAZ
  • Contacto en la Zona Norte para hablar con varios actores políticos y religiosos en el contexto del nuevo gobierno estatal y federal.
  • Organización de una visita al campo para el Subsecretario de la Foreign and Commonwealth Office del gobierno británico.

Información

  • Continuación de la gira de un miembro del equipo por Alemania, Bélgica y Suiza para presentar la situación en Chiapas y el trabajo de SIPAZ a ONGs, grupos de solidaridad y representantes gubernamentales.
  • Publicación de un artículo sobre mujeres indígenas en las zonas de conflicto para el “Women’s Peacemakers Program 2001" (International Fellowship of Reconciliation).
  • Publicación de dos artículos sobre la situación en Chiapas en revistas holandesas.
  • Entrevista con un programa radiofónico de España en el marco de la nueva coyuntura de Chiapas.
  • Reuniones con tres académicos internacionales que realizan investigaciones del papel de SIPAZ y otras ONGs en el proceso de paz en Chiapas.

Interreligioso

  • Reuniones con actores religiosos de la zona de Chenalhó.
  • Participación en la planificación estratégica de la Escuela Bíblica de Formación Integral (EBFI).
  • Activación de reuniones del Grupo Plural Ecuménico.

Educación

  • Facilitación de talleres de Transformación de Conflictos para educadores de la Casa de la Ciencia y el Centro de Investigación y Apoyo a la Mujer (CIAM).
  • Convocatoria conjunta con otras organizaciones a un espacio de reflexión sobre procesos de reconciliación comunitarios que dio lugar a la conformación de un Grupo de Interés estatal.
  • Preparación de un diagnóstico de los conflictos comunitarios en la zona Norte para el Grupo de Interés.

Oficina en México DF

  • Apertura de la oficina en el Distrito Federal y nombramiento de la Directora Ejecutiva.
  • Participación en el seminario “Derechos Humanos, Sociedad Civil y Prácticas Militares”.
  • Reunión con el Subsecretario para la Oficina de Democracia, Derechos Humanos y Trabajo del Departamento de Estado de Estados Unidos.

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