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:: INFORME SIPAZ: Año 4, No. 3 - Agosto 1999

-> Sumario

Acciones Recomendadas

-> Actualidad Nueva ola de hostigamiento
-> Enfoque El regreso de corazón, Justicia
y reconciliación en la
tradición indígena
-> Análisis Discursos de paz, política de fuerza
-> Actividades del Equipo en Chiapas
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:: SUMARIO

El EZLN (Ejército Zapatista de Liberación Nacional) continuó en meses recientes con sus iniciativas políticas en un esfuerzo por mantener el tema de derechos indígenas en la agenda política y por defender su posición como fuerza política que se debe tomar en cuenta. Organizó dos foros para el seguimiento de la consulta zapatista sobre ‘Derechos y Cultura Indígena’ y para reforzar los vínculos con organizaciones en todo México.

Por otra parte, el gobierno mexicano utilizó estrategias militares y políticas para debilitar a los zapatistas. A principios de junio, un año después del violento desmantelamiento de 4 municipios autónomos, miembros de la Seguridad Pública y del Ejército incursionaron en 10 comunidades de Las Cañadas (la selva Lacandona). En las incursiones participaron entre cien y mil militares y policías. Como explicación a estos operativos, las autoridades estatales y federales mencionaron la aplicación de la Ley de Armas de Fuego y Explosivos, la lucha contra el narcotráfico, la detención de delincuentes, asegurar que pueda llegar la ayuda del gobierno, y, la protección de los pobladores que así lo pidieron. Las diversas justificaciones combinadas con el estallido de incursiones violentas sugieren que actualmente existen objetivos políticos y militares menos explícitos.

El gobierno mexicano continúa insistiendo en su inagotable paciencia por encontrar una solución pacífica al conflicto chiapaneco. Sin embargo, periódicamente ha llevado a cabo incursiones militares y policiacas que apuestan al desgaste físico de las comunidades zapatistas, servir de ejemplo de lo que los zapatistas y sus aliados pueden esperar y socavar los esfuerzos de organización de la oposición.

Los resultados de las recientes incursiones fueron arrestos, hostigamientos, el desplazamiento de 50 familias que huyeron por el miedo, la destrucción de enseres domésticos por miembros del Ejército y la instalación de nuevos campamentos militares dentro y alrededor de las comunidades. En los últimos meses ha habido también numerosos reportes de una actitud más agresiva en los retenes militares, policiacos y de migración en la región de los Altos y la Selva.
Las incursiones en junio coincidieron con la nominación del nuevo secretario de Gobernación, Diódoro Carrasco (Francisco Labastida renunció para contender por la candidatura del PRI a la Presidencia de la Nación en las elecciones del 2000). Si se hizo o no intencionalmente, el hecho es que las incursiones de esas fechas se interpretaron como una señal de que la elección de Carrasco no significará un cambio en la política gubernamental. El nuevo secretario de Gobernación se reunió con la COCOPA (la Comisión integrada por diputados para apoyar el proceso de paz), en el que fue el primer encuentro desde hace 10 meses, pero no se llegó a ningún acuerdo.

Al mismo tiempo continuaron eventos propagandísticos en los que presuntos zapatistas entregaron armas a cambio de apoyo económico gubernamental. Por su parte, el EZLN denunció estos eventos como una farsa. Incluso, en algunos casos, los participantes reconocieron más tarde que habían participado en esa mascarada a cambio de asistencia financiera.

Estas cuestionables ‘deserciones zapatistas’ y las operaciones policiaco-militares mencionadas anteriormente, parecen ser parte de una estrategia gubernamental que tiene como propósito mostrar un EZLN políticamente irrelevante y declarar una paz unilateral. A nivel estatal, otros hechos que apoyan esta idea incluyen las iniciativas legislativas (anteriores a las incursiones) sobre ‘Derechos y Cultura Indígena’, desarme, amnistía y remunicipalización. Además, el gobierno federal anunció un proyecto de aproximadamente 11 millones de dólares, que incluyen un préstamo del Banco Mundial, para beneficiar a 3000 productores en 116 comunidades de la región de Las Cañadas, base clave del apoyo zapatista. La asistencia gubernamental es muy polémica en las zonas de influencia zapatista. Cualquiera que sea otro aspecto que el proyecto cumpla, es muy probable que genere un aumento de desacuerdo dentro de las comunidades.

En la investigación en marcha de la masacre de Acteal del 22 de diciembre de 1997, se dictó sentencia a Mariono Pérez Ruiz, ex-militar acusado de entrenar al grupo paramilitar que perpetró la matanza. Sin embargo, de la misma manera en que ocurrió con 10 ex-policías, fue condenado solamente por el delito de portación de arma de fuego de uso exclusivo del Ejército. Fue sentenciado a dos años de prisión, con posibilidad de salir bajo fianza. El Ejército declaró que efectivamente era un soldado, pero que estaba de vacaciones cuando se le encontró vinculado al grupo paramilitar. El sentenciado confirmó esta versión, aunque posteriormente declaró que el Ejército así se lo había pedido. Como parte de la misma investigación, el 19 de julio se condenaron a 20 detenidos a 35 años de prisión por los delitos de homicidio calificado, lesiones graves y portación de armas de fuego sin licencia y de uso exclusivo del Ejército mexicano.

En julio, cuatro partidos de oposición y el Senador Pablo Salazar, que recientemente dimitió del PRI, firmaron un acuerdo para escoger a un candidato único en las elecciones del 2000 para Gobernador de Chiapas. La nueva coalición representa un reto de formidable potencial para la histórica dominación del PRI en la política chiapaneca.

Por otro lado, la gubernamental Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) denunció que en México sigue persistiendo la práctica de la tortura, señalando a la Procuraduría General de la República (PGR) y Secretaría de Defensa Nacional (SEDENA) como las instancias que reciben más quejas en su contra. Por primera vez en su historia, la CNDH dio cifras, reportando que ha recibido 1679 quejas en contra de la SEDENA, mayormente hechas por civiles que declararon ser víctimas de personal militar.

En el ámbito internacional, la crítica por el historial de los derechos humanos en México y el manejo del conflicto en Chiapas incluyeron un reporte de Aministía Internacional.

Con las elecciones presidenciales a tan sólo un año de distancia, México ya se está integrando al período de campañas. El resultado es un menor interés por el conflicto en Chiapas. Esto parece beneficiar al gobierno, debido a que un debate sobre Chiapas le perjudicaría al partido oficial por la falta de avances desde el 94. Por eso, en vez de buscar una solución, para el gobierno de Zedillo resulta más conveniente ‘administrar’ el conflicto hasta las elecciones: reiterar su compromiso al diálogo, continuar con su estrategia contrainsurgente para desgastar o contener -por lo menos- el apoyo zapatista, y llevar a cabo programas sociales con el propósito de fortalecer su base electoral. Presumiblemente, el EZLN continuará defendiendo su espacio político tanto como pueda, pero no muestra la voluntad de regresar al diálogo mientras sus pre-condiciones no sean cumplidas. De esta manera, son poco prometedoras las señales que indicarían progreso en la situación de Chiapas y sigue en pie la delicada situación que puede ocasionar una creciente situación conflictiva.

Acciones recomendadas

  1. Exhortar a la COCOPA a aprovechar el apoyo ciudadano a su propuesta de ley indígena para buscar la forma de presentarla al Congreso de la Unión, haciendo prevalecer el interés superior de la paz sobre las posiciones partidarias.
  2. Urgir a la administración de Zedillo a:
    • desarmar a los grupos pa-ra-militares;
    • reconocer y respetar la labor humanitaria y la contribución al proceso de paz que realizan los observadores internacionales y los defensores de los derechos humanos;
    • ordenar una reducción substancial de las tropas federales en las zonas de conflicto como una señal verdadera y concreta de su voluntad de dialogar.
  3. Difundir información - como este informe - sobre la situación que prevalece en Chiapas.

Favor de escribir a:

Lic. Ernesto Zedillo Ponce de León
Presidente de la República
Palacio Nacional
06067 México, DF - México
Fax: (int-52) (5) 271 1764 / 515 4783

Roberto Albores Guillén
Governador de Chiapas
Fax: (int-52) (961) 20917

Comisión de Concordia y Pacificación
Paseo de la Reforma # 10, piso 17
06018 México, DF - México
Fax: (int-52) (5) 140 3288

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:: ACTUALIDAD

CHIAPAS: Nueva ola de hostigamiento

El presidente Zedillo, durante su cuarta gira en Chiapas en lo que va del año, afirmó que:

"el gobierno nunca actuará con la violencia ni con la represión frente a quienes están inconformes. El gobierno quiere el diálogo, quiere la negociación. [...]Afortunadamente en México no hay persecución de ningún tipo. [...]Es por eso que nos entristece mucho y debe preocupar a todos que existen divisiones y enfrentamientos en algunas comunidades de Chiapas, especialmente comunidades indígenas. Es muy triste que por intolerancia política, étnica o religiosa sigan dándose divisiones y enfrentamientos entre hermanos." (La Jornada, 18 de mayo)

- Estas palabras fueron secundadas por Emilio Rabasa, el coordinador gubernamental para el Diálogo y la Reconciliación, cuando recalcó que

"[en Chiapas] la estrategia [gubernamental] a un año cinco meses [después de la masacre de Acteal], ha dado como resultado un clima de distensiones, de estabilización . [...]Hoy[...]se ha favorecido la concordia social y la convivencia." (La Jornada, 30 de mayo).

Al mismo tiempo a finales de mayo, Diódoro Carrasco Altamirano reemplazó a Francisco Labastida Ochoa como secretario de Gobernación, quien renunció para dedicarse plenamente a su pre-campaña presidencial. Este cambio propició, a inicios de julio (después de diez meses de no haber tenido contacto), una reunión entre los miembros de la COCOPA (Comisión de Concordia y Pacificación) y la Secretaría de Gobernación. El diputado López y Rivas del PRD (Partido de la Revolución Democrática) preguntó al secretario si el gobierno federal estaría dispuesto a presentar una nueva propuesta sobre la iniciativa de ‘Derechos y Cultura Indígena’ o a retirar la anterior. La respuesta fue que el secretario lo "iba a considerar", no comprometiéndose con acuerdos concretos.

Aunque con estos hechos se reafirma por un lado la presunta buena voluntad de los representantes políticos, por otro, la realidad no concuerda con esa retórica. Días más tarde, en las dos primeras semanas de junio, se pudo observar un aumento significativo en cuanto a incursiones militares y policiacas realizadas en comunidades zapatistas; detenciones arbitrarias de presuntos zapatistas; hostigamiento por parte de los militares en los retenes e instalaciones de nuevos campamentos militares. En cada una de las incursiones participaron entre cien y mil militares y policías. Como justificaciones de todos estos operativos, las autoridades estatales y federales mencionaron la aplicación de la Ley de Armas de Fuego y Explosivos, la lucha contra el narcotráfico, la detención de delincuentes, asegurar que pueda llegar la ayuda del gobierno y la protección de los pobladores que así lo pidieron.

Se registraron incursiones en una decena de comunidades en Las Cañadas de Ocosingo como La Trinidad y Nazareth. Dichas incursiones causaron miedo entre la población y debido a ello alrededor de 50 familias simpatizantes zapatistas provenientes de Nazareth huyeron y siguen desplazadas en una comunidad vecina. A finales de junio, durante una visita de SIPAZ a la zona, los desplazados de Nazareth comentaron: "Tenemos ordenes de aprehensión por delitos prefabricados. Por eso no podemos regresar. Se quedaron algunos de nuestros hijos y los priístas no nos dejan entrar para darles comida."

Durante los operativos en El Censo y Pavorreal (también en Ocosingo), militares y policías detuvieron a algunos presuntos zapatistas, acusados de delitos de fuero común. Los habitantes dieron testimonios de destrucción de casas, de enseres domésticos y de maltrato físico. Hasta la fecha de entrega de este artículo seguían los patrullajes del Ejército durante los cuáles, según las autoridades de las comunidades zapatistas, militares interrogan agresivamente a los pobladores.

En los últimos meses se notó también una actitud más ofensiva en los retenes militares, de policías y de autoridades migratorias. En varias ocasiones, trabajadores de ONGs fueron intimidados o se les negó el libre tránsito. De la misma manera, los militares ejercen funciones de policía (detenciones) y migración (registro de datos migratorios de extranjeros), y oficiales de migración hacen preguntas de ‘inteligencia militar’ (preguntando sobre contactos zapatistas).

En el informe de la Conferencia del Episcopado Mexicano se explicó que, en el conflicto chiapaneco, el gobierno mexicano ha utilizado dos estrategias: desgastar al EZLN (Ejército Zapatista de Liberación Nacional) y descalificar a la diócesis de San Cristóbal, incluyendo a sus obispos Samuel Ruiz y Raúl Vera. Agregó que el estancamiento de las negociaciones se debe a la intolerancia de las partes y al incumplimiento de los Acuerdos de San Andrés.

Apoyos económicos

Por otro lado, en los meses de abril, mayo y junio siguieron las campañas publicitarias gubernamentales sobre la entrega de armas de supuestos zapatistas a cambio de apoyo económico gubernamental. El EZLN y algunas organizaciones sociales locales y regionales calificaron dichas entregas como "una farsa y un teatro".

A nivel federal, el gobierno puso en marcha un programa sin precedentes que prevé una amplia presencia gubernamental en 116 comunidades de Las Cañadas de Ocosingo, Las Margaritas y Altamirano. Se hará con un presupuesto de cerca de 109 millones de pesos (aproximadamente 11 millones de dólares), que en teoría beneficiaría directamente a más de 3 mil productores. En el proyecto se incluyen recursos de un préstamo proveniente del Banco Mundial. En vista de la implacable oposición zapatista a dejar que los programas gubernamentales se implanten en comunidades con su influencia, el Procurador General de Chiapas, Gral. Eduardo Montoya Liévano, recientemente declaró que “el Gobierno garantizará que la ayuda llegue a las comunidades, y, si es necesario usar la fuerza pública para ello, entonces se hará.” Así, se teme que el nuevo programa servirá para aumentar el conflicto social en el área. Esos temores son intensificados por el hecho que la organización que orienta al gobierno en su política productiva en Chiapas es la Consultora Asesoría Alternativa A.C., dirigida por Diana Orive, hermana de Adolfo Orive, persona de línea dura que fue arquitecto clave de la política seguida por la administración de Zedillo en Chiapas.

Acteal

El 20 de mayo se dictó sentencia a Mariano Pérez Ruiz, ex-militar acusado de entrenar al grupo paramilitar que perpetró la matanza. Sin embargo, de la misma manera en que ocurrió con 10 ex-policías, fue condenado solamente por el delito de portación de arma de fuego de uso exclusivo del Ejército. Fue sentenciado a dos años de prisión, con posibilidad de salir bajo fianza. El Ejército declaró que efectivamente era un soldado, pero que estaba de vacaciones cuando se le encontró vinculado al grupo paramilitar. El sentenciado confirmó esta versión, aunque posteriormente declaró que el Ejército así se lo había pedido. Del mismo modo, el 19 de julio se condenó a 20 detenidos más por la masacre a 35 años de prisión por los delitos de homicidio calificado, lesiones graves y portación de armas de fuego sin licencia y de uso exclusivo del Ejército Mexicano.

Otros avances incluyeron la detención de Victorio Arias Pérez, uno de los presuntos líderes de los paramilitares involucrados en la matanza de Acteal; y la ejecución de tres órdenes de aprehensión más.

Por otro lado, Amnistía Internacional solicitó al gobierno estadounidense que investigue a Julio César Ruíz Ferro (quien era gobernador de Chiapas cuando ocurrió la tragedia en Acteal y que ahora trabaja en la embajada mexicana de los EEUU), para determinar si tuvo responsabilidad o no en la masacre. La petición estuvo desestimada por el subsecretario para América del Norte y Europa, Juan Rebolledo Gout, bajo el argumento que "no hay naciones exentas de violaciones a los derechos humanos en el mundo".

La CNDH

La Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH), observó que en México sigue persistiendo la "degradante" práctica de la tortura. Según su información, en 1998 se registraron 21 casos, en los cuales la Procuraduría General de la República (PGR) y la Secretaría de la Defensa Nacional (SEDENA) aparecieron como las dos principales dependencias en donde se encuentran servidores públicos presuntamente responsables de este tipo de hechos.

Por primera vez en su historia, la Comisión dio cifras sobre las quejas en contra de la SEDENA. Dijo haber recibido 1679 quejas en su contra : la mayoría hechas por civiles y menos de 400 por militares en ejercicio de su trabajo o desertores.

Además propuso una reforma legislativa para arreglar la confusión con respecto a cual es la autoridad más indicada para tratar asuntos de violación de derechos civiles, cometidos por parte de militares. El Centro de Derechos Humanos Miguel Agustín Pro Juárez comentó al respecto que el Código de Justicia Militar, bajo ninguna circunstancia puede estar por encima de la Constitución General (cuyo artículo 13 menciona que los asuntos de violaciones a civiles deben ser entregados a la autoridad civil), ni de los convenios internacionales de derechos humanos firmados por el gobierno mexicano y ratificados por el Senado de la República, por lo que sería innecesaria una reforma legislativa.

La misma CNDH vivió un cambio legislativo cuando, a principios de junio, con la aprobación de las reformas al artículo 102 de la Constitución, recibió plena autonomía del Ejecutivo Federal, siendo ahora el Senado de la República el que nombre a su titular. Lo que no se aprobó fue la ampliación de facultades de la CNDH para trabajar asuntos laborales y electorales.

Otros asuntos

El diputado federal perredista, Gilberto López y Rivas, presidente en turno de la COCOPA en abril de 1999, informó que la fracción del PRD en la Cámara de Diputados tiene información con respecto a que en Chiapas se están integrando numerosos campos de entrenamiento de grupos paramilitares, financiados por los gobiernos federal y estatal. Dos priístas chiapanecos destacados recomendaron la renuncia de López y Rivas a la COCOPA, por deformar la realidad chiapaneca y la función de esta comisión. En respuesta, López y Rivas presentó la información que coleccionó a la Procuraduría General de La República, exigiendo una investigación profunda.

Durante el segundo encuentro entre representantes de la sociedad civil y el EZLN (8/9 de mayo), el EZLN invitó a las coordinadoras nacionales, estatales, regionales y municipales de la Consulta a que se transformaran en instancias de contacto entre el EZLN y la sociedad civil; ello dio como resultado un segundo foro estatal de la sociedad civil (20 de junio), donde participaron más de 70 organizaciones sociales mexicanas para dar seguimiento a la Consulta zapatista.

En julio, cuatro partidos de oposición y el Senador Pablo Salazar, que recientemente dimitió del PRI, firmaron un acuerdo para escoger a un candidato único en las elecciones del 2000 para Gobernador de Chiapas. La nueva coalición, llamada el ‘Movimiento de la Esperanza’, incluye al Partido de Acción Nacional (PAN), al Partido de la Revolución Democrática (PRD), al Partido Verde Ecologista de México (PVEM) y al Partido del Trabajo (PT). Aunque el acuerdo no estipula quién será el candidato, Salazar ha expresado su deseo de contender. Aún siendo un senador del PRI, ha sido altamente crítico de la política gubernamental con respecto al conflicto de Chiapas. La nueva coalición representa un reto de formidable potencial para la histórica dominación del PRI en la política chiapaneca.

A nivel internacional

En el informe anual de 1998, Amnistía Internacional afirmó que continúa recibiendo denuncias sobre violaciones a los derechos humanos cometidos por el Ejército Federal y los grupos paramilitares vinculados con el gobierno mexicano. Agregó que unas de las violaciones más frecuentes son el caso de los presos políticos, el hostigamiento a dirigentes de Organismos No Gubernamentales y la expulsión de observadores extranjeros.

En los Estados Unidos se concedió asilo a un ex-capitán del Ejército mexicano al contender que podría ser perseguido en México por renunciar a matar a rebeldes zapatistas ya capturados. El ex–capitán llegó a los Estados Unidos en 1994. Durante el proceso, que fue el primero de esta índole, la Juez en Estados Unidos dijo que dos reportes de derechos humanos y el testimonio de un testigo experto demuestran que hay buenas razones para creer que el Ejército mexicano ha torturado y matado a rebeldes zapatistas.

Además, el 1º de julio, el Senado estadounidense aprobó un apoyo financiero junto con el que se expresa gran preocupación por la no solución del conflicto en Chiapas. “La militarización de la región, incluyendo la violencia perpetrada por grupos paramilitares pro-gubernamentales, ha resultado en muertes civiles y ha forzado a miles a huir de sus casas”. Notando el poco progreso hacia una resolución, en la declaración del Senado se urge al gobierno mexicano a acordar una fecha para la visita del Alto Comisionado para los derechos humanos de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y “tomar medidas para crear las condiciones necesarias que conduzcan a un diálogo político”.

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::ENFOQUE

El regreso de corazón

Justicia y reconciliación en la tradición indígena

“[El Estado] promoverá que el derecho positivo mexicano reconozca las autoridades, normas y procedimientos de resolución de conflictos internos a los pueblos y comunidades indígenas para aplicar la justicia sobre la base de sus sistemas normativos internos, y que mediante procedimientos simples, sus juicios y decisiones sean convalidados por las autoridades jurisdiccionales del Estado”
(extracto de los “Compromisos del gobierno federal con los pueblos indígenas”, parte de los Acuerdos de San Andrés firmados en febrero de 1996 con el Ejército Zapatista de Liberación Nacional).

Mucho se ha escrito sobre Chiapas desde el levantamiento armado de enero de 1994. No obstante, poco se sabe de lo cotidiano en las comunidades indígenas, de su manera de enfrentar los ‘problemas’ (palabra con la que identifican los conflictos, manteniéndola en español al hablar en su propio idioma). En los medios de comunicación y en mucho de lo que se ha publicado sobre el tema, ni siquiera se plantea la pregunta: se da por supuesto que las soluciones a los conflictos que han brotado en toda la región tienen que venir necesariamente de afuera. Pero si se toma más tiempo y se pone más atención, se llega a entender que habría mucho que aprender de aquellos a quienes algunos consideran ignorantes...

Autoridades al servicio del pueblo

En el manejo de las contradicciones que se dan en las comunidades indígenas de Chiapas, la jerarquía política y religiosa juegan un papel clave. De hecho, como lo subraya Antonio Paoli, sociólogo que ha trabajado durante muchos años en Chiapas, es interesante recalcar que en tzeltal (uno de los principales idiomas indígenas del estado), la palabra ‘autoridad’ significa ‘el que tiene un trabajo’. El sentido es por lo tanto diferente al de la cultura occidental: ellos conciben la autoridad como un servicio a la comunidad. Incluso nadie les paga para darlo, más bien ellos tienen que ‘pagar’ con su trabajo.

Paoli agrega: “Incluso antes que nadie las autoridades deben estar trabajando en las tareas más pequeñas, de tal manera que hagan ‘pequeño su corazón’. El que ‘se cree’, el que presume, no tiene verdad en su corazón. Sólo el que se cree pequeño, tiene verdad en su corazón. Este es un principio, un valor fundamental para los indígenas: la humildad.”

Aunque no se da así en todas las comunidades, otro elemento que puede resultar sorprendente para nosotros es que para nombrar a los ‘cargos’ (autoridades) no eligen obligatoriamente a los más competentes o a los que se destacan por su capacidad de liderazgo. A veces, son más bien personas marginales que parecen apartarse de la ‘costumbre’. Asumir un ‘cargo’ es, según ellos, una buena forma de aprendizaje y socialización para que dichas personas lleguen a ser bats’il winik (‘hombres verdaderos’, concepto que existe en los principales idiomas indígenas de Chiapas).

Las autoridades no tienen tanto tiempo para trabajar sus ‘milpas’ (los terrenos donde cultivan maíz y frijol) y algunos deben encargarse de los gastos de las fiestas de la comunidad. De aquí que, para cumplir con los deberes del cargo, es indispensable respaldarse económicamente en los familiares, lo cual fortalece las relaciones. La cohesión familiar es vital para evitar los conflictos o para enfrentarlos cuando se dan.

La dimensión comunitaria está omnipresente: en tzeltal, la idea misma de ‘pecado’ significa ‘romper un pacto social’. Por ejemplo, no es pecado tomar alcohol, pero sí lo es generar problema en la comunidad al andar ‘bolo’ (borracho).

Se privilegia el diálogo y la mayoría de las decisiones se toman por consenso. Lo que importa es que todos hablen y digan con sus palabras, lo que piensan. Eso puede resultar sorprendente para el kaxlan (persona no indígena) que asista por primera vez a una asamblea comunitaria: cada indígena puede estar hablando de 15 a 20 minutos, e incluso varias personas al mismo tiempo. El que se calla es porque no está de acuerdo y hay que presionarlo a expresar su desacuerdo, pero nunca de manera directa. Se nota incluso esa tendencia en los talleres que damos como SIPAZ o en los cuales participamos en las comunidades, cuando varias personas llegan a repetir más o menos lo mismo. El punto para ellos es asegurarse que la idea es compartida por todos.

Mediación y resolución de conflictos

Un promotor de derechos humanos en la región de Agua Azul explicó a Paoli el proceso al servir de mediador: “Ya sentados, les pido que ya no hablen más con este tono de voz (gritándose). Casi siempre empiezan a ser más razonables. Con el tono de voz, con los decibeles, calibras la ira un poco.”.

Un líder de una de las principales organizaciones sociales en la zona de Las Cañadas dice: “En el momento en que tenemos un pleito, ¿qué hacemos? [...] Tenemos que ver las causas. Si el problema es muy grave de tratar, y si se sigue deterriorando, tenemos que buscar a otro compañero que sepa bajar el tono a la disputa.”

En tzeltal, la palabra para ‘mediador’ significa ‘estar en medio’. El testimonio del mismo líder nos da cuenta de una profunda experiencia y reflexión sobre el tema de la ‘imparcialidad’: “Tienes que ver a la gran persona, al hombre bueno, al buen ser en las dos partes. Si te duele tu corazón, no puedes ser el mediador. [...] Si te duele como parte de la comunidad, es otra cosa. Pero si te duele por uno de ellos, no. Por eso no se puede buscar al papá o al hermano, siempre el mediador tiene que ser de una familia distinta de las dos partes. Por eso se necesitan muchos cargos para elegir quien es la persona más indicada. O sea, no hay mediador ‘oficial’. Entre todos los cargos hay que buscar el mediador.”

La última parte de su testimonio hace hincapié en algunos valores básicos para la mediación: “Algo muy importante es ‘tolerar, tolerar, tolerar’. Porque te van a querer agredir, te van a querer jalar para su lado, te van a querer doblar para que seas del uno o del otro grupo.”

El ‘regreso del corazón’: Integración de cambios y reconciliación

En un taller del Colectivo Educación para la Paz (CEPAZ), cerca de Altamirano, los participantes definieron la reconciliación en estos términos: “llegar a un acuerdo en un problema para solucionarlo”, “vivir en paz, no provocando problema”, “pedir perdón, disculpa con el que se tiene pleito antes de ir a la comunidad”.

La idea de perdón requiere de mayor explicación cuando su entendimiento es muy distinto al occidental. En tzeltal, se habla de ‘regreso del corazón’: el agresor pide a su víctima que le ‘regrese su corazón’, lo cual deja ver una concepción muy profunda de la reconciliación como reconstrucción de las relaciones. Cabe destacar que este acto se realiza en un ámbito comunitario.

No obstante, el perdón no es olvido. Un ejemplo de eso es el caso de las Abejas (las 45 víctimas de la masacre de Acteal en diciembre de 1997 pertenecían a este grupo): poco después de la matanza, perdonaron públicamente a los asesinos, pero eso no les impide pedir que se haga justicia.

Justicia indígena: reparación más que castigo

Una característica de los procesos de resistencia indígena ha sido su capacidad de fluctuación entre costumbre y modernidad, exclusión e integración. En cambio, la concepción del sistema judicial occidental está diseñada de una manera bastante rígida: los procedimientos buscan establecer si el acusado es culpable y las posibles sentencias, ya que se encuentran listadas en el código penal. Pero para los indígenas, la idea clave de la justicia es llegar a un acuerdo. Por lo general, no se ‘aplica el derecho’ por encima de la voluntad o del deseo de las personas. Una solución satisfactoria tiene que evitar futuros conflictos: en efecto, si una de las personas involucradas no se encuentra satisfecha por el acuerdo, lo más seguro es que habrá represalias y una espiral sin fin de venganzas en lugar de una reconciliación.

En un taller en Chilón facilitado por CEDIAC – Centro de Derechos Indígenas (ver recuadro), el grupo de jueces tradicionales realizó un sociodrama sobre un problema bastante común de las comunidades: una pelea entre un borracho y el hermano de una muchacha que intentaba seducir. Ellos notaron: “el Ministerio Público no busca la raíz de los problemas. En el sociodrama, el problema no es por la mujer sino en primer lugar por la persona que vende alcohol en la comunidad. El Ministerio Público no preguntó quién empezó el problema y vio nada más sus consecuencias. Así no se puede llegar a un buen acuerdo”.

En cuanto a la idea de castigo, de un mismo modo, no existe una perspectiva individualista sino más bien global e integral. En el mismo taller sobre Reconciliación al cual fuimos invitados por CEPAZ, un indígena promotor de derechos humanos en el municipio de Altamirano, decía del sistema judicial mexicano: “No es una buena justicia. Cuando se mata a alguien, el gobierno se lleva a la persona a la cárcel. No se reconoce el derecho de la familia. Pero todos están sufriendo: el que fue matado y el que mató, las familias de ambos. Hay que tomar medidas para los familiares, buscar acuerdos para que el pueblo no se desbarate”. Otro promotor en otra zona agregaba: “Hacer justicia es buscar la forma de quedarnos como hermanos y dejar de pensarnos como enemigos”.

Más que un castigo, importa ‘reparar’ el daño hecho. Para retomar el ejemplo de un asesinato, la idea de reparación significaría que el victimario debe hacerse responsable por la subsistencia de la familia de la víctima durante toda su vida. Cabe mencionar que para dichos casos actualmente prevalece el sistema judicial federal.

Ruptura de la unidad, crisis de la autoridad

A pesar de su riqueza, en el contexto actual, los métodos tradicionales de resolución de conflictos indígenas parecen insuficientes para responder al nuevo orden social en Chiapas. En situaciones donde ya estalló la violencia, resulta difícil hallar caminos de reconciliación; y los conflictos secundarios, incluso los que pueden parecer menores, también se encuentran exacerbados por la polarización que generó el conflicto ‘macro’ entre el EZLN y el gobierno federal. Divisiones, alta tensión entre los distintos grupos (cualquiera que sea su naturaleza, política, económica o religiosa), incidentes violentos, deterioro del tejido social, etc.: otras tantas palabras que hemos podido leer o escuchar con referencia a la situación que prevalece en Chiapas desde el 1994...

El testimonio desgarrador de un desplazado de las Abejas de 60 años que vive en un campamento cerca de Chenalhó, sintetiza de manera mucho más vívida lo que queremos evocar aquí: “Mi hijo es uno de ellos. De los paramilitares. Tiene 28 años. No sé que está en su corazón. Dos veces llegó para matarnos. Me dijo: 'Papá, nosotros somos priístas. No queremos a los zapatistas ni a los civiles. Sólo vienen para causar problemas'. Y yo le dije: 'Pero hijo, los civiles [las Abejas] no hacen nada. Ni roban ni causan problemas'. Pero no quiso escuchar. Una noche llegó y me dijo: 'Papá, quemé mi mano, está caliente mi mano. Pero todavía falta por matar. Quiero matar más'. Sí, participó en la masacre de Acteal. No lo tomaron preso. No sé dónde está. Ahí está, está libre. Así es. No sé que está en su corazón. No sé.”

Los métodos tradicionales se ven también insuficientes en este marco de divisiones agudas, ya que no todos reconocen a las mismas autoridades para presentar sus denuncias. Dichas autoridades pierden fuerza cuando pertenecen o son identificados con uno u otro grupo político; no tienen el mismo poder de convocatoria para que comparezcan las partes siendo que un encuentro es el primer paso en cualquier proceso de resolución de conflictos.

Por ejemplo, en las zonas donde los zapatistas han establecido ‘municipios autónomos’ existen dos sistemas paralelos de justicia: el del estado -identificado como priísta- y el elegido por las autoridades autónomas -identificado como zapatista. Por otro lado, el sistema oficial suele ser más costoso, a veces corrupto o difícil de entender para los indígenas. Ante él, los indígenas se ven más indefensos por su mal manejo del español y el poco conocimiento de sus derechos. Muchos tienen miedo frente a un sistema que se percibe y ha sido arbitrario y poco eficiente. No obstante, y aunque existen excepciones, por juegos de intereses políticos y/o por desconfianza ideológica, es muy poco probable que un priísta acuda a la autoridad correspondiente en un municipio autónomo.

En otras zonas, la dificultad de integrar las diferencias ha llevado a las comunidades a “cerrarse” más, defendiendo hasta violentamente sus costumbres así como a desarrollar actitudes de corrupción y prepotencia (se habla de caciquismos).

Mientras tanto, muchas de las medidas implementadas desde el gobierno del estado o a nivel federal sobre derechos y cultura indígena son más bien unilaterales, no rescatan la palabra o lo que los mismos indígenas verían como verdaderas soluciones a sus problemas. La efectiva implementación de los Acuerdos de San Andrés, fruto de las negociaciones entre el EZLN y el gobierno federal en 1996 permitiría tomar más en cuenta las formas de resolución propias de los pueblos indígenas aunque los mecanismos comunitarios tampoco son suficientes para responder a la problemática actual.

iertamente, cuando existía mayor homogeneidad y unidad en las comunidades, resultaba más fácil llegar a un consenso. Pero es importante no idealizar este tipo de funcionamiento que muchas veces ha podido significar la exclusión de cualquier voz ‘disidente’ y la expulsión de muchos. Por eso, consideramos importante destacar y rescatar lo mejor de ambos mundos, aprendiendo a desarrollar una profunda tolerancia a las diferencias.

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El cargo del Melsanwanej

El trabajo que desempeña el Melsanwanej recoge las experiencias ancestrales y las prácticas de los antepasados mayas en las formas de hacer justicia mediante sus propias tradiciones. Fue en 1995, cuando se empezó a formalizar el cargo de Melsanwanej (Juez Tzeltal o ‘Arreglador’) partiendo de una iniciativa de las comunidades con el apoyo del CEDIAC, de la Misión Jesuita y del presidente municipal de Chilón (en aquel momento, del PRD). Desde entonces, se empezó a capacitar formalmente a hombres y mujeres de las comunidades tzeltales para asumir el cargo de Jueces Tzeltales. El trabajo de los Melsanwanej cubre centenares de comunidades en unos cinco municipios de Chiapas. Los Melsanwanej son elegidos para servir su comunidad, trabajando conjuntamente con los Principales específicamente para buscar una solución justa a los problemas que se presenten en las comunidades, explorando los caminos posibles para volver a encontrar la armonía perdida. Los Principales son autoridades morales elegidas por la comunidad que velan por la tradición heredada de los antepasados. Cuando hacen su juramento, los Melsanwanej reciben el bastón de mando y se hincan sobre un petate. El petate significa que la autoridad toma cargo para mantener entrelazadas las hojas con que está hecho el petate, es decir, para mantener la unidad y la armonía con justicia y verdad dentro de la comunidad. Los Melsanwanej son también apoyados en sus trabajos por los Coltaywanej, es decir, por los promotores de derechos humanos quienes velan y educan en sus comunidades sobre los derechos individuales y colectivos y denuncian las violaciones a los mismos.

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Un brote de esperanza

A finales de mayo de 1999, SIPAZ fue invitado a participar en la celebración del primer aniversario del regreso de desplazados en una comunidad de Los Altos de Chiapas. Este regreso se dio después de un largo proceso de negociación y mediación, realizado en gran parte con el apoyo del Centro de Derechos Indígenas, CEDIAC.

La historia del conflicto

En 1997, la comunidad aceptó un proyecto del gobierno para la construcción de un camino desde la carretera principal. Las familias que no estaban con el partido oficial se opusieron a esta decisión porque temían que esto facilitara la entrada del Ejército. Decidieron no cooperar para realizar dicha construcción, lo cual fue percibido como violación a un acuerdo comunitario. Por eso, algunas personas de afiliación priísta decidieron tomar medidas drásticas, quemando algunas casas del otro grupo. En consecuencia, varias familias huyeron de la comunidad y se refugiaron en la montaña. Los agresores vendieron animales y pertenencias de las familias que huyeron al parecer para comprar armas de alto poder. Unos meses después, regresaron algunos desplazados, asesinando a cuatro personas priístas. También hubo varios heridos. Después de esta tragedia, más familias huyeron por miedo a más violencia.

Iniciativa de reconciliación

Con la salida de las familias, la comunidad se quedó muy triste. El dirigente de la comunidad tomó la iniciativa de pedir ayuda a la diócesis. Así fue como una Misión de los Jesuitas y CEDIAC empezaron un proceso de reconciliación con la ayuda de un equipo de mediación que incluye a dos parejas de Jueces Tzeltales (Melsanwanej) y una pareja de Principales (autoridades tradicionales de los pueblos indígenas). También se involucraron a otras dependencias en este proceso de reconciliación.
Uno de los papeles de los Melsanwanej y de los Principales es “fortalecer el corazón” de cada persona (tanto el de las mujeres como el de los hombres), dando palabras de aliento. A diferencia de los jueces “occidentales”, ellos buscan lograr un acuerdo entre las partes involucradas en lugar de solamente castigar a los responsables.

Por ello, el primer trabajo de los Jueces Tzeltales y de los Principales fue de hablar por separado con las dos partes. Los desplazados les informaron que los responsables de los asesinatos habían huido y que ellos estaban pensando en establecer una nueva comunidad. Sin embargo, al hablar con los Melsanwanej y sus esposas, se dieron cuenta de que esto sería poco factible porque no tenían ni terreno, ni dinero. Por otro lado, lo que querían los priístas de la comunidad era el castigo de los responsables de los asesinatos. Los Melsanwanej les dijeron que era válida su demanda, pero que tenían que tramitarla a través del sistema judicial (para hacer la investigación, emitir ordenes de aprehensión, etc.). Además les hicieron ver que ellos también eran parte del problema al haber quemado las casas y robar algunos animales.

Desenlace

Al principio, había mucho resentimiento en contra de los desplazados por la muerte de los cuatro priístas. Muchas pláticas fueron necesarias para que disminuyeran las tensiones y para que todos aceptaran su responsabilidad. Al final, todos estuvieron de acuerdo en que el retorno de los desplazados era la mejor solución. Se acordó que la comunidad iba a apoyar la reconstrucción de las casas de los desplazados, pagar las láminas, y que la madera se sacaría del ejido.

El regreso se realizó hace poco más de un año. Hasta hoy, la investigación oficial sigue pendiente. Mientras tanto, los indígenas de la comunidad continúan con el proceso de reconciliación. Todavía el dolor está presente entre algunas personas y se puede sentir la tensión ya que es un proceso que requiere tiempo. Pero en este caso, las dos partes involucradas siguen dispuestas a respetarse, buscando espacios para convivir juntos.

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:: ANÁLISIS

CHIAPAS: Discursos de paz, política de fuerza

En los últimos meses, el ambiente en Chiapas se ha tensado nuevamente. El recrudecimiento de la violencia por parte de las fuerzas de seguridad se ha dado en un contexto en el que el movimiento zapatista ha retomado la iniciativa y ha demostrado nuevamente su poder de convocatoria. Desde su encuentro con representantes de la sociedad civil en noviembre de 1998, la consulta zapatista sobre ‘Derechos y Cultura Indígena’ en marzo pasado y los dos foros de seguimiento de la misma (en mayo y junio), el EZLN ha podido demostrar que sigue siendo un actor que hay que tomar en cuenta.

A nivel estatal, la realización de estos últimos eventos le ha permitido un nuevo acercamiento con organizaciones sociales que, aunque no todas comparten sus medios de lucha, plantean las mismas reivindicaciones que los zapatistas.

A nivel nacional, el EZLN ha encontrado eco en otros movimientos populares que han marcado la actualidad: la organización social en contra de la privatización eléctrica y el movimiento estudiantil de la Universidad Nacional Autónoma de México (que lleva ya varios meses de huelga). Ciertamente, el tema de Chiapas ya no despierta tanto interés como al principio del conflicto. No obstante, el EZLN ha abierto caminos a otras formas de organización y de hacer política. Además, ha logrado poner y mantener la cuestión indígena en los temas pendientes de la agenda política nacional.

Frente a esta persistencia del movimiento zapatista y a cinco años de buscar minarle el terreno, la respuesta del gobierno del estado se ha venido adaptando de manera progresiva. A principios de año, se dieron muchas iniciativas de ley que parecían buscar una solución al conflicto excluyendo al EZLN: ‘ley de Amnistía para el desarme de los grupos civiles en Chiapas’, ‘ley de Derechos y Cultura Indígena’ y el proyecto de remunicipalización (ver Informe de mayo de 1999).

Luego, apenas una semana después de la Consulta zapatista, empezó una ofensiva propagandística alrededor de supuestas deserciones zapatistas. Esta campaña tenía como propósito hacer pensar a la opinión pública nacional e internacional que el conflicto había perdido intensidad y que el EZLN ya no contaba con el mismo apoyo por parte de las comunidades indígenas. La entrega de armas y pasamontañas se repitió en varios lugares generando mucha confusión, aunque se reveló más tarde que los supuestos zapatistas no lo eran desde por lo menos 1995 e incluso que algunos nunca lo fueron. Algunos de ellos reconocieron públicamente que se habían prestado a esta mascarada a cambio de apoyos económicos. Con esta campaña que viene junto con la promesa de otras ayudas, el gobierno apuesta al desgaste de las comunidades indígenas después de más de cinco años de resistencia. Pretende responder (algunos dicen que aparenta responder) a las demandas planteadas por los zapatistas... sin los zapatistas de manera que se piense que la situación en Chiapas ya está 'bajo control'.

Como último recurso para debilitar el movimiento zapatista, el gobierno parece haber optado por regresar a una estrategia de fuerza. Como en el pasado, las acciones de hostigamiento se han dirigido no solamente en contra de los zapatistas sino también en contra de organizaciones sociales y campesinas (posibles aliados del EZLN).

Desde febrero de 1995, fecha en que el Ejército federal entra en la Selva para arrestar a la comandancia zapatista, los gobiernos estatales y federales no han cambiado su discurso y sus llamados a la paz y al diálogo. Sin embargo, desde aquel entonces se han dado reiterados períodos de hostigamiento policiaco-militar (en particular con el desmantelamiento de cuatro municipios autónomos zapatistas el año pasado).

En las últimas operaciones, la policía ha jugado un papel más activo que el Ejército debido a que este último no lo puede hacer abiertamente en la zona ‘de conflicto’ (según la ley para el Diálogo, la Conciliación y la Paz Digna en Chiapas de marzo de 1995). El pretexto para entrar a las comunidades es fácil de encontrar cuando la justificación se da por la existencia de problemas -supuestos unos y reales otros- entre zapatistas y priístas. El Ejército sigue asumiendo un papel que no le corresponde constitucionalmente, mostrándose cada vez más agresivo en los retenes de la zona, en particular en los Altos.

Todos estos elementos nos hacen pensar que las nuevas acciones podrían responder a distintos objetivos: una represión ‘moderada’ e intimidaciones constantes que apuntarían a generar el miedo suficiente para que la gente deje de apoyar al EZLN (el ‘quitarle el agua al pez’ al que se refieren los ‘manuales’ contrainsurgentes); o bien, se podría tratar de provocar una respuesta violenta de los zapatistas (lo cual les haría perder apoyo por parte de la sociedad civil, o, en un caso extremo, permitiría justificar una estrategia militar de línea más dura).

Algunos analistas hablan de la formación de ‘grupos paramilitares’ como parte de la estrategia contrainsurgente del gobierno. Después de la masacre de Acteal, ampliamente condenada por la sociedad nacional e internacional, no han habido acciones violentas tan ‘visibles’ por parte de grupos de esta índole. Sin embargo, se siguen acumulando denuncias de formación y entrenamiento de grupos armados o de amenazas proferidas por ellos. En la región de Taniperlas, donde ocurrió el desmantelamiento de uno de los municipios autónomos zapatistas en 1998, nos tocó escuchar una interesante y mucho más amplia definición de lo que son los paramilitares: «son los que ayudan a la policía o a los militares», señalando a líderes de la comunidad, de organizaciones, a simpatizantes zapatistas y hasta a promotores de derechos humanos.

Algunos vieron el cambio en la Secretaría de Gobernación como una señal positiva para Chiapas, debido al trabajo de Carrasco Altamirano cuando fue gobernador de Oaxaca (donde ya se promovió una ley de Derechos y Cultura Indígena). Otros, sin embargo, al escucharlo decir que "no habría cambios en la postura gubernamental de privilegiar la solución del conflicto mediante el diálogo", lo interpretaron como una muestra de que el gobierno seguiría con la misma política. Una indicación de esto puede ser el hecho de que el recrudecimiento de la violencia coincidió con la toma de posesión de su cargo.

Un elemento preocupante en cuanto a la posible resolución del conflicto es que en el marco de las elecciones presidenciales del 2000, el tema de Chiapas se ve relegado a un segundo plano. Las primeras planas de los medios de comunicación hablan más que todo de la contienda dentro de los partidos para elegir a sus candidatos a la presidencia. El hecho de que el PAN no haya asistido a la primera reunión entre la COCOPA y el nuevo secretario de Gobernación por desacuerdo con el PRI parece una clara demostración de sus prioridades partidistas.

Por otra parte, no beneficiaría mucho al gobierno federal y a su partido que Chiapas fuera un tema de debate electoral por el poco avance que se ha tenido en la resolución del conflicto. Para el gobierno de Zedillo, resultará más conveniente ‘administrarlo’ hasta el 2000, siguiendo con su política de desgaste pero evitando en la medida de lo posible una confrontación abierta.

‘Más de lo mismo’ podría ser la frase que resume los recientes acontecimientos en Chiapas. Por un lado, los discursos de diálogo y paz por parte del gobierno, y junto con ellos una política social enmarcada en una estrategia pre-electoral. Por el otro lado, el EZLN promoviendo acciones que le dan mayor cobertura nacional e internacional para no quedar fuera de la agenda política, buscando alianzas con otros movimientos.

Ante estos hechos, pocos avances se esperan en la delicada situación del estado. Más bien al contrario los acontecimientos y reacomodos políticos a todos los niveles en las luchas por el poder en México podrían generar mayores situaciones conflictivas.

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:: Actividades del equipo

Mayo - Julio 1999

Entre otras:

Visitas y Contactos:

  • Varias visitas a la zona Norte (municipios de Yajalón, Tila y Tumbalá) para hablar con campesinos, desplazados retornados, representantes de varias iglesias y organizaciones sociales, líderes de Desarrollo Paz y Justicia y autoridades locales.
  • Visita a la zona de las Cañadas de Taniperla para hablar con habitantes, promotores de DDHH, Ejército y Seguridad Pública.
  • Visita a los desplazados de Nazareth en Nuevo Paraíso (municipio de Ocosingo).
  • Visita a una comunidad en Los Altos en su primer aniversario del retorno de desplazados.
  • Visita de una semana al Campamento Civil por la Paz en X’oyep, Chenalhó.
  • Reunión con representantes de la Unión Europea en México DF y con una delegación del Departamento de Estado de los EEUU.

Información:

  • Elaboración y difusión de una Acción Urgente sobre el aumento de la represión del Ejército federal y la policía en comunidades indígenas de Las Cañadas.
  • Entrevistas con líderes religiosos (evangélicos y católicos), para la preparación de un documento sobre la situación religiosa en Chiapas.
  • Organización del programa para una delegación del ‘Council of Churches’, Colorado (EEUU), incluyendo visitas a Venustiano Carranza, Nicolás Ruíz y Acteal, y reuniones con varias organizaciones en San Cristóbal.
  • Organización parcial del programa de dos visitas de representantes de la embajada de los Estados Unidos.
  • Recepción de delegaciones nacionales e internacionales, entre ellos una delegación de representantes de iglesias católicas y evangélicas de Suiza.

Educación:

  • Facilitación de talleres mensuales sobre ‘No Violencia Activa’ con la participación de 15 a 20 integrantes de diferentes ONGs que trabajan en Chiapas.
  • Participación en un taller de CEPAZ (Colectivo Educación para la Paz) sobre ‘Resolución de Conflictos’ en una comunidad de Altamirano.
  • Apoyo a Alianza Cívica en un taller sobre ‘Análisis de conflictos’ en Villa de las Rosas.
  • Participación en un taller sobre ‘Resolución de problemas’ según las formas tradicionales Tzeltales en una comunidad cerca de Chilón.
  • Facilitación de dos talleres sobre ‘Comunicación’ en Yajalón y Comitán a miembros de organizaciones de la sociedad civil.

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