:: SUMARIO Y ACTUALIDAD
Chiapas: elecciones en un campo minado
Los analistas de todas las tendencias coinciden en que las
recientes elecciones del 6 de julio para renovar el Congreso
y elegir algunos gobernadores -principalmente y por primera
vez, el del Distrito Federal- serán un parte aguas
en la historia de la lucha democrática en México.
El hecho de que por primera vez la capital del país
sea gobernada por la oposición, y que ésta
tenga en el Congreso un peso real que contrarreste la histórica
hegemonía del partido oficial, constituye un avance
por demás significativo para la transición
hacia un sistema político plural, que permita la alternancia
en el poder de diferentes opciones partidarias.
En la nueva geografía electoral, el PRI perdió su
histórica mayoría absoluta en la Cámara
de Diputados. Según los datos difundidos al momento
de cierre de este informe, al partido gobernante le corresponderían
hasta 238 diputaciones, al PAN 124 y al PRD 123. El abstencionismo
a nivel nacional fue del 40%, uno de los más bajos
de la historia.
En Chiapas, sin embargo, estas elecciones estuvieron marcadas
por la violencia y el abstencionismo (según Alianza
Cívica, más del 65%). Hasta último momento
persistieron las contradicciones y polémicas entre
quienes sostenían que existían condiciones
para realizarlas -fundamentalmente, el Instituto Federal
Electoral y los mandos militares del estado- y quienes denunciaban
la falta de garantías: Consejeros ciudadanos, el PRD,
la diócesis de San Cristóbal de las Casas,
Alianza Cívica, organizaciones indígenas y
campesinas.
Entre la falta de condiciones, se mencionaban: ubicación
de casillas cerca de campamentos militares, en comunidades
priístas o controladas por el grupo armado "Paz
y Justicia"; rechazo de muchas comunidades zapatistas
a la instalación de las casillas; ataques y emboscadas
de grupos armados; aumento de los patrullajes y la presencia
militar en las zonas Altos, Selva y Norte.
Rompiendo su prolongado silencio, el 1 de julio el EZLN
dio a conocer un extenso comunicado, en el cual:
- reitera la
concepción política
del zapatismo: democracia radical más allá de
los partidos, nueva relación entre electores y elegidos,
protagonismo de los nuevos actores emergentes de la sociedad
civil (movimiento indígena, organizaciones no
partidarias);
- caracteriza
al "México nuevo", destacando
el agotamiento del sistema de partido de Estado, el deterioro
del presidencialismo y su pérdida de legitimidad;
- sostiene que "las comunidades indígenas, zapatistas
y no zapatistas, del sur y sureste mexicano han decidido
no participar" en el acto electoral:
- como protesta por la militarización
y el ambiente de guerra civil promovido por los
gobiernos federal y locales;
- como protesta por el incumplimiento de los Acuerdos
de San Andrés sobre los derechos democráticos
de los pueblos indios;
- como llamado de atención a los partidos
políticos
por su falta de propuestas serias y trabajo político
en el seno del movimiento indígena nacional.
Ya antes de este pronunciamiento,
en las comunidades zapatistas de la Selva la decisión
de no votar era unánime. También
en la zona Norte, simpatizantes zapatistas declararon
que no concurrirían a las urnas por la inseguridad
y la violencia que reina en la región. En
otros municipios donde persisten conflictos postelectorales
desde 1995 -como San Andrés Larráinzar-
o donde coexisten autoridades oficiales y "rebeldes",
la oposición -también mayoritariamente
zapatista- declaró que no asistiría
al acto electoral porque no confía en un
sistema que siempre beneficia al oficialismo.
Por las razones antes expresadas, se esperaban
en el sureste mexicano algunas irregularidades. Lamentablemente,
el pequeño número de observadores electorales
en Chiapas no pudo cubrir ni el 50 % de las casillas. Aunque
las cifras todavía no son definitivas, se calcula
que de las 200 casillas que no se instalaron en todo el país,
casi el 80% dolorosamente corresponden a Chiapas (Alianza
Cívica habla de alrededor de 160 casillas no instaladas);
a ello se suma la quema y robo de papelería, los bloqueos
de algunas carreteras y otras acciones para impedir o dificultar
el voto, por lo que Chiapas constituyó el estado más
problemático para las autoridades del Instituto Federal
Electoral.
Alianza Cívica observó además, en menor
grado, otras irregularidades en Chiapas, como la inducción
y la falta de secreto en el voto, la falta o no correspondencia
de los funcionarios electorales de casillas con las listas
publicadas, propaganda de algún partido político
en casillas y acarreo de votantes.
Una semana después de la elección, todavía
estaban impugnados los resultados en los tres distritos correspondientes
a las zonas de conflicto (Altos, Norte y Selva). En ellos,
el nivel de irregularidades podría determinar la anulación
de los comicios. La mayor quema de papeles y urnas para impedir
la instalación de casillas se dio en la Selva, la
zona de mayor influencia zapatista.
Los observadores han interpretado este hecho en el contexto
de violencia, impunidad, injusticia, guerra y ocupación
militar que se vive en Chiapas, y fundamentalmente de descrédito
en el sistema electoral y en las instituciones políticas,
que a tres años del alzamiento no han respondido a
las demandas indígenas.
CONFLICTOS DE NO TAN BAJA INTENSIDAD
Mientras el proceso de paz continúa congelado, la
violencia en Chiapas ha aumentado en los últimos meses
hasta límites verdaderamente alarmantes. La polarización
creciente y los enfrentamientos entre civiles en diferentes
comunidades, principalmente de la zona norte, y los saldos
en muertos, heridos y desplazados, son ya parte de las noticias
cotidianas a las que la opinión pública se
va acostumbrando peligrosamente.
En los últimos dos años, más de 4000
desplazados internos, alrededor de 300 muertos y un centenar
de presos fue el saldo de la violencia en la zona Norte de
Chiapas. Sólo en los primeros tres meses del año,
2419 personas tuvieron que abandonar sus comunidades, 768
fueron detenidas y 22 asesinadas (datos de CONPAZ).
Los conflictos que en un principio se limitaban a los cuatro
municipios de población chol -Tila, Sabanilla, Tumbalá y
Salto de Agua-, hoy se han extendido a otros vecinos -Palenque,
El Bosque, Chilón-, llegando a afectar algunos de
los Altos -Chenalhó, Pantelhó- y del Centro
-Venustiano Carranza.
El grupo priísta "Paz y Justicia", antes
concentrado en el municipio de Tila, está actuando
con singular beligerancia en el de Sabanilla, donde entre
el 22 y el 24 de junio realizó ataques y emboscadas
a simpatizantes zapatistas, dejando un saldo de cuatro muertos
(incluidos dos menores de 11 y 15 años), ocho heridos
y decenas de desplazados. Los hechos parecen ser una venganza
por la muerte no aclarada de un integrante de "Paz y
Justicia", ocurrida el 15 de junio.
En el municipio de Chilón, a un año de los
ataques sufridos en Bachajón, los pobladores han denunciado
la reactivación del grupo armado "Los Chinchulines",
que recientemente ha hostigado a varias familias, quemado
dos casas y amenazado de muerte al presidente municipal perredista.
Resulta notable que la masiva presencia de la policía
estatal y el ejército federal en la zona Norte no
sirva para impedir o poner fin a estos hechos de violencia.
Por el contrario, la población civil ha denunciado
que las fuerzas de seguridad sólo contribuyen a agudizar
los antagonismos entre los indígenas.
Otro factor de división y conflicto es la política
proselitista y discriminatoria en la distribución
de los recursos gubernamentales. En su reciente visita a
Chiapas, el Presidente Zedillo anunció que en 1997
este estado recibirá 2.200 millones de dólares,
el mayor presupuesto otorgado por el gobierno federal a ningún
estado. Sin embargo, se sabe que los programas económicos
se canalizan generalmente con criterios clientelistas a través
de organizaciones pro gubernamentales, como ARIC-Oficial
y SOCAMA.
Por otro lado, la movilización popular se centró,
en los últimos dos meses, en la caravana "Wejlel" (que
significa "libertad" en chol). El 25 de abril,
unos 200 desplazados choles de la zona Norte de Chiapas rompieron
el cerco de "Paz y Justicia" y marcharon hacia
la capital del estado en demanda de libertad para los presos
políticos, cese de la violencia paramilitar y de la
persecución política, indemnización
por los bienes robados y destruidos por los priístas,
garantías y apoyo para el retorno de los desplazados,
etc. Desde entonces, los delegados de los desplazados y los
representantes del movimiento de presos políticos "La
Voz de Cerro Hueco" mantienen un plantón ante
el Palacio de Gobierno de Tuxtla Gutiérrez.
A partir de allí se inició un complejo proceso
de negociaciones con el gobierno estatal, cuyo único
resultado, hasta el momento, ha sido la liberación
de 31 presos (incluidos los 24 de San Pedro Nixtalucum; SIPAZ
Año 2 No.2 ), quedando todavía 61, la mayoría
de la zona norte. Como han señalado reiteradamente
los abogados defensores, se trata de sentencias judiciales
realizadas sin las garantías del debido proceso (delitos
prefabricados, acusaciones sin pruebas, confesiones bajo
tortura, etc.). La única finalidad que se persigue
es la eliminación de los opositores al partido oficial.
Es interesante anotar que ningún priísta se
encuentra preso, aun cuando pesan graves acusaciones contra
algunos dirigentes de "Paz y Justicia".
EL PROCESO DE PAZ SEGÚN SUS PROTAGONISTAS
Si bien el cambio de la delegación gubernamental
para el Diálogo de San Andrés ha sido una señal
positiva de parte del gobierno federal -atendiendo el reclamo
de los zapatistas-, hasta el momento no se han conocido propuestas
concretas para la reanudación del Diálogo.
Pedro Joaquín Coldwell ha manifestado su disposición
de reunirse con todas las partes implicadas en el proceso
y escuchar las diferentes valoraciones a fin de conocer mejor
la situación.
El EZLN, por su parte, guarda silencio sobre el proceso
de paz. No se ha pronunciado sobre la designación
del nuevo delegado gubernamental, ni sobre la última
propuesta de la COCOPA. Su postura ha sido, en los últimos
meses, no tomar ninguna iniciativa hasta que el gobierno
federal dé muestras claras de su voluntad real de
cumplir con las condiciones exigidas por los zapatistas.
Paralelamente, las bases civiles del EZLN se han mostrado
activas en el proceso de consolidación de los municipios
rebeldes y regiones autónomas, delimitando sus territorios,
eligiendo y renovando sus autoridades en verdaderos actos
políticos presididos por sus comandantes. En las zonas
más conflictivas, se observa también una tendencia
de los civiles zapatistas a responder a las provocaciones
y agresiones armadas, lo que significa una amenaza para el
cese al fuego todavía vigente.
En abril, después de la muerte del senador Heberto
Castillo, uno de los miembros más destacados de la
COCOPA, ésta volvió a tomar la iniciativa para
buscar una salida al estancamiento del proceso de paz, proponiendo
la instalación de una "mesa de coyuntura" donde,
con la participación amplia de todos los actores involucrados,
se abordara el tratamiento y solución de los conflictos
en la zona Norte.
La CONAI, las organizaciones no gubernamentales y la sociedad
civil chiapanecas recibieron favorablemente esta propuesta.
Lamentablemente, ni el gobierno federal ni el estatal la
apoyaron. El segundo, por el contrario, propuso a los representantes
de la zona Norte la creación de tres mesas diferentes
para negociar por separado los temas económico, jurídico
y político. De esta manera, el gobierno del estado
se constituye en árbitro del conflicto, cuando en
realidad es parte en el mismo. El resultado de esta maniobra
está a la vista: a casi tres meses, ninguna de las
mesas fue instalada.
Otros elementos muestran el afianzamiento de una línea
dura en el gobierno del estado, que no parece buscar otra
cosa que la confrontación y la agudización
de los conflictos:
- el Congreso estatal, sin previo aviso,
sustituyó a su representante en la COCOPA, el diputado
priísta Juan Roque Flores, quien se había caracterizado
por mantener una postura independiente y progresista en el
organismo mediador. Su sustituto, en cambio, se ha ubicado
en la COCOPA "como una contraparte gubernamental",
al decir de uno de sus integrantes;
- el mismo Congreso ha impulsado unilateralmente las
actividades de una Comisión de Remunicipalización y Redistritación,
cuya labor ha generado rechazo por parte de las bases civiles
del EZLN y agudizado los enfrentamientos entre ellas y los
priístas.
El 8 de junio la CONAI emitió un
pronunciamiento donde afirma que
"El incumplimiento de los acuerdos de San Andrés
ha puesto en crisis, no sólo el diálogo entre
el EZLN y el gobierno federal, sino la misma vía de
la negociación política como camino de solución
pacífica de todos los conflictos. Si lo que se pacta
no se cumple, se afecta la confianza y se vuelve imposible
cualquier avance".
La CONAI expresa también su preocupación por
la violación creciente de los derechos humanos y la
escalada de violencia en los estados vecinos de Oaxaca y
Guerrero, donde a fines de mayo se registraron enfrentamientos
entre el EPR y el ejército federal. Las principales
víctimas de estos sucesos son, como de costumbre,
la población civil y las organizaciones populares,
contra las que se desata la represión indiscriminada;
las cifras de muertos, detenidos y desaparecidos crecen de
manera alarmante entre las comunidades indígenas de
estos estados.
Finalmente, la CONAI exhorta a todos los
actores políticos
y a la sociedad civil a movilizar sus recursos y capacidades
para lograr:
- la reforma constitucional para cumplir
con los Acuerdos de San Andrés
- la liberación de los presos por motivos políticos
- el establecimiento de la mesa de coyuntura propuesta
por la COCOPA para solucionar los conflictos regionales,
especialmente
el de la zona Norte
- la reactivación de la Comisión de Seguimiento
y Verificación de los acuerdos firmados
- el respeto a la voluntad ciudadana y popular
en el acto electoral del 6 de julio.
A fines de junio, la prensa de Chiapas
desató una nueva campaña de ataques y difamación
contra la diócesis de San Cristóbal de las
Casas y las organizaciones no gubernamentales que trabajan
apoyando al proceso de paz. Las acusaciones sobre enriquecimiento
y uso de fondos provenientes de la solidaridad internacional
para "acciones antigubernamentales y desestabilizadoras",
usando información confidencial sobre esos fondos,
mostraron que la diócesis y las ONGs son objeto de
actos de espionaje.
MÉXICO PIERDE PUNTOS EN LA OPINIÓN INTERNACIONAL
El gobierno mexicano sigue siendo objeto de duras críticas
por parte de organismos internacionales de derechos humanos
por el incremento de las violaciones a los mismos y la impunidad
en que se mantienen, principalmente cuando se trata de violencia
política cometida contra opositores en los estados
y regiones más conflictivos del país.
Entre abril y mayo, la expulsión del territorio mexicano
de casi veinte observadores internacionales que realizaban
visitas a los estados de Chiapas, Oaxaca y Guerrero -incluidos
miembros de la Federación Internacional de Derechos
Humanos y la Organización Mundial contra la Tortura-
causó profunda preocupación y malestar en la
comunidad internacional.
El 30 de abril, Human Rights Watch-Americas presentó su
informe sobre la situación de los derechos humanos
en México. Con abundante documentación de casos
relativos a la violencia política en las zonas Norte
y Selva de Chiapas, el documento afirma que "La impunidad
sigue siendo la regla general para los violadores de los
derechos humanos y partidarios del gobierno". También
sostiene que, en el caso de las autoridades estatales de
Chiapas, se da "una práctica sistemática
de aplicación discriminatoria de la justicia".
Al respecto, el mismo Jorge Madrazo, Procurador General
de la República -y anterior Presidente de la Comisión
Nacional de Derechos Humanos- ha señalado en más
de una oportunidad que la administración de justicia
en México atraviesa por una grave crisis de eficacia
y credibilidad.
En su informe de 1996, Amnistía Internacional sostiene
que en México hay decenas de prisioneros de conciencia
condenados sin el debido proceso; que el año pasado
hubo decenas de ejecuciones extrajudiciales, veinte detenciones-desapariciones
y que las fuerzas de seguridad torturaron a centenares de
detenidos, incluyendo menores, periodistas, miembros de minorías étnicas,
defensores de los derechos humanos.
El 4 de mayo, el Comité contra la Tortura de la ONU
criticó duramente el informe presentado por el gobierno
mexicano, calificándolo de "teórico, impreciso
y carente de datos". El Comité "constató con
preocupación la profunda dicotomía entre la
ley y su aplicación".
Similares reacciones provocaron en la opinión internacional
las negativas y resistencias del gobierno mexicano a que
la Academia Mexicana de Derechos Humanos recibiera subsidios
de la Unión Europea para monitorear el proceso electoral
en el Distrito Federal.
Contribuyendo aún más al deterioro de su imagen
internacional, el gobierno mexicano está impulsando
en el seno de la OEA una campaña para modificar los
estatutos de la Comisión Interamericana de Derechos
Humanos, a fin de impedir que las organizaciones no gubernamentales
puedan presentar denuncias contra los gobiernos que violan
los derechos humanos.
Por otro lado, si bien la histórica visita del Presidente
Clinton a México se interpretó como un respaldo
del gobierno norteamericano al Presidente Zedillo -principalmente
a su política económica-, los encuentros de
Clinton con la oposición y de Madeleine Albright con
las organizaciones no gubernamentales de derechos humanos
fueron señales de que la Administración norteamericana
no es indiferente al proceso de transición democrática
que se vive en México, ni a los nuevos actores políticos
y sociales que lo impulsan. El Presidente Clinton elogió también
los comicios de julio y sus resultados como un avance de
ese proceso.
:: ANALISIS
El frágil y violento escenario
de Chiapas nuevamente se vio desplazado por el acontecer
político nacional. Y es que no era para menos. El
reciente período electoral acaparó la atención
de los medios y de la opinión pública nacional,
desde el inicio de las campañas al comienzo del año
hasta estos días posteriores a la elección.
Sin lugar a dudas, los comicios electorales del 6 de julio
pasado, y en esto coinciden autoridades federales, electorales,
partidos políticos, organizaciones cívicas,
observadores nacionales e internacionales, han sido los más
copiosos, transparentes, tranquilos y apegados a derecho
en la historia moderna de México.
La jornada electoral que muchos califican de histórica,
ha arrojado un nuevo y significativo escenario político
en el marco de la democratización del país.
Los avances de la oposición, particularmente el PRD
y el PAN en las gubernaturas de la ciudad de México
y los estados de Nuevo León y Querétaro respectivamente,
así como el aumento en sus posiciones en la cámara
baja del Congreso, hablan de una nueva correlación
de fuerzas a nivel nacional y de un viraje importante que
posibilita una nueva y mejor forma de hacer política
en México.
En esta nueva configuración plural, competitiva y
equilibrada del espectro político nacional, reflejada
particularmente en el Congreso, se podría enraizar
una nueva esperanza para dar un rumbo diferente a los principales
problemas de la nación: la política económica
tan cuestionada, el desempleo, la conflictividad social y
por supuesto el proceso de paz en Chiapas.
Es comprensible que el acto electoral no tuviera en los
estados de mayor marginación, conflictividad y alta
población indígena como Chiapas, Guerrero y
Oaxaca , la misma significación que en el Distrito
Federal, en donde los ciudadanos estrenaron su derecho a
elegir a sus gobernantes.
La militarización, la violencia política,
el deterioro de la calidad de vida y de la convivencia comunitaria,
la indiferencia oficial respecto de las demandas indígenas
plasmadas en los Acuerdos incumplidos de San Andrés,
constituyen las preocupaciones primordiales de las comunidades
indígenas de Chiapas.
Sus formas de vida y de gobierno, de organización
social y administración de la justicia, pasan por
otros tiempos y otras lógicas que las determinadas
por las coyunturas electorales y el sistema político.
El Estado mexicano tuvo la oportunidad de reconocer, comprender
y respetar la realidad peculiar de los pueblos indígenas
incorporando a la Constitución los primeros Acuerdos
firmados en San Andrés hace un año y medio.
Con esa cuenta pendiente, es comprensible que los pueblos
indios de Chiapas hayan visto con indiferencia y escepticismo
un proceso electoral al que sienten ajeno. Sin embargo, varios
analistas señalan que lo ocurrido en Chiapas el 6
de julio pone en evidencia que no es posible avanzar en el
proceso de democratización en México ignorando
que en ese estado persiste un hondo y no resuelto conflicto.
Por otro lado, la crisis prolongada del proceso de paz ha
contribuido a agudizar los efectos de la guerra de baja intensidad
que ya lleva tres años. La creciente polarización
y división al interior de las comunidades indígenas
constituye el éxito más visible de la estrategia
contrainsurgente. Ese éxito no radica en el simple
debilitamiento de las bases de apoyo del EZLN, sino en un
daño mucho más profundo y de más largo
plazo, ya que apunta a la destrucción misma de la
cultura indígena en lo que ella tiene de más
genuino: la organización social, económica
y política en torno a las relaciones comunitarias.
Al mismo tiempo, la polémica y accidentada jornada
electoral, así como sus cuestionables resultados,
ha acentuado los antagonismos entre fracciones a nivel de
las comunidades indígenas.
En este proceso de deterioro de la convivencia social y
de radicalización de los conflictos ideológicos
-ya sean partidarios o religiosos-, el gobierno del estado
de Chiapas tiene una responsabilidad muy directa. Su estrategia
de dilatar las mesas de negociación para desgastar
al interlocutor, de hacer jugar a la policía estatal
un papel de acicate para agudizar los enfrentamientos entre
civiles, o de condicionar la entrega de recursos a las comunidades
a su adhesión al partido oficial, pone en evidencia
su voluntad de hacer fracasar el proceso de paz. En este
momento, la mayor debilidad de ese proceso es que las negociaciones
sobre la zona Norte están en manos del Ejecutivo de
Chiapas.
Es necesario elevar el nivel de la negociación y
sacarla de los estrechos límites del estado, para
que el conflicto de Chiapas vuelva a ser un tema de la agenda
nacional. Un fracaso del proceso de paz en Chiapas sería
un mensaje peligroso en un México convulsionado donde
el descontento social se expresa cada vez más por
medios violentos. En cambio, de destrabarse el proceso de
paz, Chiapas podría convertirse en un laboratorio
de resolución de los conflictos políticos por
medios pacíficos, y donde se consolidara una nueva
relación de la nación mexicana con sus pueblos
indios. Así lo expresó el diputado priísta
de la COCOPA Jaime Martínez Veloz al día siguiente
de los comicios en "La Jornada":
"En este momento de triunfo cívico, debemos
recordar la deuda que hace unos días nos recordaba,
como lo ha hecho en los últimos años, el EZLN:
hay un compromiso con los mexicanos indígenas que
debe cumplirse para hablar plenamente de madurez democrática
en México".
Pasada la euforia electoral, tanto el Ejecutivo federal
como el nuevo Legislativo, con una COCOPA renovada, deberían
abocarse a reanudar los esfuerzos negociadores para avanzar
en la búsqueda de una paz digna y justa en Chiapas.
:: ENFOQUE
LA RECONCILIACION: Una oportunidad a la
Paz
INTRODUCCIÓN: UNA REALIDAD LACERANTE
En México, a lo largo de todo el territorio nacional
la polarización como fenómeno social se ha
ido agudizando cada vez más. En cualquiera de los
aspectos en que a la sociedad mexicana se vea, se podrá observar
un abismo doloroso cada vez mayor entre los diferentes grupos
o sectores de la población. Ya sea por ideas políticas
o situación económica, por el origen racial
e incluso por las ideas religiosas. Lo grave de esto, es
que se ha ido haciendo casi regla popular, el que no se pueda
ser diferente y convivir o trabajar en lugares o proyectos
comunes. Y más aún, se han ido generalizando
las formas violentas de expresar el rechazo a quienes piensan,
creen y viven diferente, llegando incluso hasta la muerte.
Chiapas es quizá una de las muestras más significativas
a nivel nacional de este fenómeno. Los niveles de
violencia ocasionados por diversos hechos, entre los que
se podría mencionar las divisiones políticas,
pugnas por el poder local, viejos y nuevos problemas agrarios,
intolerancia religiosa, etc., han alcanzado ya cifras alarmantes.
Tan sólo en lo que va del año se han registrado
ya alrededor de medio centenar de muertos.
Estos acontecimientos y otros igualmente preocupantes: como
el congelamiento de los diálogos de Paz; el debilitamiento
de las instancias de mediación; la falta de voluntad
de autoridades para promover espacios de negociación;
la carencia de instancias civiles alternativas que desarrollen
formas creativas para revertir esta dinámica de violencia;
las maneras cada vez más frecuentes y menos humanas
de enfrentar los conflictos, etc., nos han hecho reflexionar
y buscar de qué manera podemos animar a los actores
a no claudicar en la búsqueda de formas pacíficas
para enfrentar sus diferencias.
Al igual que muchos actores importantes en el escenario
chiapaneco y nacional, que valoran la situación como
sumamente grave y peligrosa, con focos rojos en diferentes
partes, consideramos que es de vital importancia y de gran
urgencia fortalecer de una manera creativa, los mecanismos
políticos para encarar los conflictos que vive el
estado y la nación.
Es por eso que en SIPAZ, en el deseo de apoyar cualquier
esfuerzo de Reconciliación y de Paz, hemos decidido
abrir en nuestro informe trimestral, un nuevo espacio en
donde se recojan experiencias de distintos ámbitos
de la vida chiapaneca (social, cultural, política,
religiosa, etc.) en donde ante diferencias o conflictos entre
grupos o comunidades se esté optando y con buenos
resultados por la vía de la negociación y el
diálogo. Han sido varias las experiencias que mediante
este estilo han ido avanzando significativamente en los niveles
de acuerdos mínimos, de tolerancia y de convivencia
entre partes encontradas.
EL CAMINO DE LA PAZ PASA POR LA RECONCILIACIÓN
Consideramos que la Reconciliación sostenible y profunda
en esta sociedad cada vez más dividida es una tarea
de largo plazo y que nos debe involucrar a todos, y no sólo
a las distintas autoridades o actores que representan al
pueblo.
Creemos que la perspectiva religiosa y de las Iglesias es
un campo privilegiado para promover valores humanos que se
fundamenten en el respeto a la persona. No deben prestarse
las Iglesias al juego de convertirse en factores de desunión,
y menos aún de confrontación.
"El mensaje de Cristo no habla de teorías sino
de cosas bien concretas. Se trata de unir nuestros esfuerzos
con hombres y mujeres conscientes de la urgencia de la Reconciliación,
la Paz y la Justicia. Despojándonos de intereses denominacionales
o partidistas, ver a la persona humana, a nuestros pueblos
con compasión."
- Abdías Tovilla, asesor jurídico del Comité Estatal
de Defensa Evangélica de Chiapas, CEDECH.
El lenguaje y las doctrinas religiosas están llenos
de valores que podrían ser sustancialmente elementos
de respeto y tolerancia de los demás, especialmente
los más pobres y sufrientes. Así lo expresaron
los Obispos que visitaron Chiapas en los primeros meses de
este año:
"
La fe en Cristo resucitado concretamente implica ayudar al
desprotegido y no cometer injusticias, compartir lo propio
y no hacer daño a nadie, optar por el perdón
y los métodos pacíficos y legales y no por
la violencia y la venganza, valorar a los pequeños
y evitar discriminaciones y racismos ".
- Declaración de la Comisión de Obispos para
la Paz y la Reconciliación en Chiapas, No. 8
El proceso de Paz es algo que se construye paso a paso,
atendiendo a una serie de consideraciones estructurales y
coyunturales. No es algo que se consiga aplicando una fórmula
mecánica. Ni es algo que se obtiene con la sola firma
de unos acuerdos. Especialmente en donde el tejido social
ha sido tan fracturado y dividido, como es el caso chiapaneco.
Lo verdaderamente profundo del proceso de construcción
de la Paz, es el proceso de Reconciliación, es decir,
el restablecimiento y la reconstrucción de una serie
de relaciones sanas, horizontales y verticales entre todos
los actores, que les permitan hacer que los centros de población
sean "verdaderas comunidades y no simples caseríos".
Es necesario ir sentando bases firmes, que sean señales
positivas que hablen de una verdadera voluntad de los actores
por resolver los conflictos por medios pacíficos.
SENTANDO LAS BASES DE LA PAZ
En el caso de Chiapas varias personas han expresado cuáles
serían esas condiciones mínimas que posibiliten,
en este caso, la reanudación del Diálogo de
Paz, y al mismo tiempo abonen la tierra para la recreación
de la convivencia social. Muchas de ellas han coincidido
en lo esencial. Ustedes podrán conocer las de la CONAI
en la Actualidad de este informe y la del senador priísta
Pablo Salazar integrante de la COCOPA en el recuadro.
Si no se atiende a lo mínimo como algo elemental
para avanzar en la resolución del conflicto, difícilmente
se podrá llegar a acuerdos eficaces. Más aún,
si no se atiende al nivel de las relaciones y se insiste
sólo en la firma de documentos y cambios impulsados
unilateralmente, se puede entrar en situaciones que resulten
ineficaces y hasta ofensivas para una de las partes. Esto
es algo que hemos venido viendo en las primeras fases de
este Diálogo (mesas 1 y 2), en donde las partes firmaron
los primeros acuerdos, mismos que 17 meses después
no se han cumplido, o en donde el gobierno del estado ha
comenzado a implementar unilateralmente una serie de medidas
supuestamente para cumplir con los Acuerdos de San Andrés.
A nivel internacional el caso de Palestina e Israel es un
ejemplo claro de esta situación. John Paul Lederach,
Director del Programa para la Construcción de la Paz,
de la Universidad Menonita del Este, insiste constantemente
en esta idea como clave en la visión de largo plazo
para la transformación de conflictos: "Debemos
empezar a entender que la firma de los Acuerdos de Paz no
son el punto final, sino el punto de partida de un largo
proceso de Reconciliación al que todos deben aportar
constructivamente."
Así como no hay fórmulas mecánicas
que nos permitan alcanzar la paz, tampoco hay fechas mágicas
que lo consigan. Tal ha sido el caso de la firma de los primeros
acuerdos el 16 de febrero de 1996, o la liberación
de los presos acusados de ser zapatistas, o la conformación
de la Comisión de Seguimiento y Verificación,
o incluso las elecciones pasadas del 6 de julio. Si bien
son hechos que permiten avanzar, y que pueden influir sustancialmente,
no depende de ninguna de ellas en sí mismas la construcción
de la paz.
Al mismo tiempo se hace necesaria una gran transformación
que esté apoyada en una nueva mentalidad que nos permita
cambiar las relaciones y ver al otro como igual y diferente
al mismo tiempo. Esto sería crear una cultura diferente,
una cultura que posibilite la paz.
"Una cultura que nos enseñe que ser diferentes
no nos debe llevar necesariamente a la confrontación.
Que posibilite espacios de diálogo que permitan alcanzar
acuerdos mínimos de respeto y tolerancia, aunque esto
no sea todavía la Reconciliación "
- Elizabeth Polito, integrante de la Comisión para
la Unidad y la Reconciliación Comunitaria-CORECO
Un esfuerzo de esta naturaleza nos permitiría en
el principio "humanizar el conflicto" como expresó el
senador Salazar. Ya que la vida en Chiapas hoy se rige por
la violencia y la intolerancia. Este esfuerzo debe contar
con el apoyo de todas las fuerzas sociales y políticas,
de las iglesias, de todos los sectores de la población.
LOS PRIMEROS PASOS
Varios han sido los esfuerzos que se han venido dando en
esta dirección. Queremos recoger algunos ejemplos
que en los próximos números iremos profundizando.
Sin duda la más pequeña experiencia de resolución
de un conflicto por la vía del diálogo nos
puede enseñar algo.
En el campo religioso, desde hace casi dos años líderes
de distintas denominaciones se han venido reuniendo en el
Concejo Interreligioso de Chiapas, no solo para ayudar a
la solución de conflictos que tienen matices religiosos,
sino a mostrar a sus bases que se puede pertenecer a distinto
credo religioso y al mismo tiempo trabajar juntos y convivir
como iguales.
Así mismo, se promovió en abril pasado un
encuentro ecuménico al que asistieron pastores, religiosas
y laicos de diferentes iglesias cristianas de los Altos y
la Selva. De este encuentro salió el compromiso de
hacer un segundo en septiembre para seguir reflexionando
cómo las iglesias y agrupaciones religiosas pueden
apoyar procesos de reconciliación en las comunidades.
"Estamos convencidos que la Vida de la Palabra de Dios
nos ayuda a ser constructores de Paz, de ello han dado testimonio
muchos de nuestros hermanos que, antes de dejarse llevar
por venganzas... han antepuesto el mandato divino del amor
y del perdón a quienes les ofenden. "
- invitación al II Encuentro Ecuménico por
la Paz y la Reconciliación en Chiapas.
En el nivel político también se han dado experiencias
interesantes entre las que se cuentan la del Consejo Municipal
de Ocosingo, en donde los que gobiernan fueron electos en
Asamblea Municipal como representantes de diversas organizaciones,
grupos y partidos de todo el municipio. Esta será una
de las experiencias que en los números siguientes
abordaremos.
En el nivel social ha habido esfuerzos muy importantes
entre las organizaciones, para tratar mas allá de sus diferencias,
de encontrar una agenda común que les permita alcanzar
sus metas. Aunque también ha habido grandes desencuentros
que han desgastado los ánimos por seguir buscando
la unidad en medio de la diversidad. Gaspar Morquecho, antropólogo,
en uno de estos eventos, refirió: "No nos desanimemos
por ser pocos los presentes, finalmente la historia de Chiapas
ha sido de encuentros y desencuentros".
Entrevista con Pablo Salazar: " EN CHIAPAS PREDOMINA UNA CULTURA DE LA INTOLERANCIA"
Pablo Salazar es senador del PRI, integrante
de la COCOPA, chiapaneco, y miembro de la Iglesia del Nazareno.
Además
del interés que reviste este conjunto de atributos,
se trata de una persona honestamente preocupada por buscar
una solución al conflicto de Chiapas. Dentro de la
COCOPA, se ha caracterizado por mantener una postura abierta,
independiente, "obedeciendo a su conciencia", como él
dice.
Entrevistado a fines de junio en su oficina de Tuxtla Gutiérrez,
compartió con SIPAZ sus impresiones sobre la actual
coyuntura, el papel de los principales actores, y sobre las
condiciones que permitirían destrabar el proceso de
negociación con el EZLN.
Salazar opina que la COCOPA sufre el peor deterioro desde
su creación, ya que ha perdido el grado de confianza
que en otros tiempos había ganado tanto del gobierno
federal como del EZLN. Ese deterioro afecta también
las relaciones al interior del organismo, donde se había
construido en estos dos años un verdadero clima de
compañerismo y colaboración mutua.
"Hoy hay opiniones personales de los miembros, pero
no la fuerza como órgano para superar la crisis. El
consenso que en otras épocas le permitió avanzar,
hoy frena su capacidad de iniciativa, pues opera como un
veto".
El senador considera que para que el EZLN vuelva a la mesa
de negociación, el gobierno debería dar "señales
consistentes, que vayan en un solo sentido" de su voluntad
de atender las causas de raíz que originaron el levantamiento
indígena: ellas son la identidad y los derechos de
los pueblos indígenas.
Lamentablemente, según Salazar la crisis actual del
proceso se agudiza por las señales contradictorias
del gobierno: mientras por un lado se nombra a un nuevo delegado
para el Diálogo, por otro se sigue incrementando la
presencia militar en la zona de conflicto, "lo que no
se justifica, puesto que en esa zona no se ha disparado un
tiro desde hace tres años".
Sostiene concretamente que para destrabar la crisis del
Diálogo deberían cumplirse estas condiciones:
- que el gobierno federal retire su contrapropuesta
de ley para incluir en la Constitución los Acuerdos
de San Andrés sobre derechos indígenas;
- que se mantenga la propuesta de la COCOPA como único
documento (el cual ya fue aceptado por el EZLN);
- que el EZLN exprese públicamente su voluntad de
reanudar el Diálogo sobre la base del proyecto
de la COCOPA;
- que el ejército federal reduzca sensiblemente
la densidad de su presencia en la zona de conflicto;
- que se busque una solución integral al conflicto
de la zona Norte. Esto supone una mesa de negociación
con la presencia de todos los actores involucrados, que además
sea multitemática, es decir, que aborde todos
los aspectos del conflicto, inclusive el religioso.
Respecto al conflicto de la zona Norte,
Salazar señala:
"la COCOPA propuso la creación de una mesa regional
o de coyuntura, después de visitar la zona y escuchar
las propuestas de todos los actores. Lo paradójico
es que las dos partes -"Paz y Justicia" y los perredistas/zapatistas-
manifiestan que quieren la paz, que están cansados
de tanta violencia, de matarse entre sí de manera
tan absurda y cruel. La voluntad de las partes está:
unos y otros presentaron sus propuestas de pacificación.
Pero yo creo que no logramos acertarle a la estrategia".
El senador se muestra crítico respecto al papel del
gobierno del estado en este conflicto.
"Ellos insisten en negociaciones
intercomunitarias, que ya han fracasado reiteradamente. Y
presentan objeciones
puramente formales para impedir que las instancias federales
-Coldwell, la COCOPA- intervengan en la solución al
problema de la zona Norte".
Asimismo, considera negativo y peligroso
que los militares estén asumiendo cada vez más
tareas que son propias de las instituciones civiles: asistencia
social, mediación, distribución de recursos,
vigilancia, etc.
"Esa realidad, más que hablar bien del ejército,
habla mal de las instituciones civiles, que no están
asumiendo su responsabilidad, sino delegándola en
el poder militar".
Refiriéndose al problema de la polarización
y división crecientes al interior de las comunidades
indígenas, Salazar no oculta su preocupación
al afirmar:
"En Chiapas vivimos en una cultura de la intolerancia.
Intolerancia política, racial, social, religiosa.
Todos analizan la realidad en términos maniqueos,
de buenos y malos. Nadie está trabajando en Chiapas
por construir una cultura de tolerancia. Pero cualquier conflicto
debe pasar por la reconciliación. Yo quiero ser optimista
respecto al papel que pueden jugar las Iglesias en ese proceso.
Lamentablemente, en la zona Norte hay actores que, pudiendo
ser parte de la solución, han optado por ser parte
del conflicto".

Entrevista con Juan
López Lunes,
Comunidad Plan Río Azul, Municipio Las Margaritas "
Los Abuelos oran a la madre tierra y al padre sol por la
unidad de todos..."
" Y entonces llegaron a la comunidad
los partidos y las iglesias y comenzaron las divisiones,
las provocaciones y las confrontaciones. Nosotros en las
Regiones Autónomas Pluriétnicas RAP, buscamos
la reconciliación, porque sabemos que tenemos nuestro
pensamiento y es que debemos reconciliarnos, ser humildes
para ver que tenemos la bondad de convivir con ellos, porque
tenemos el corazón puesto en la tierra y en el cielo,
y así nuestros hermanos tienen que aprender poco a
poco. Esas divisiones redujeron al mínimo la convivencia
entre la gente. Incluso los jóvenes no eran capaces
de jugar fútbol juntos y entonces dividieron el campo
de juego. Y así llegaron a ser los que más
se resistían a reanudar las relaciones. Los mayores
buscaron muchas formas de acercar a la gente y no fue fácil
lograr avances."
"Un día los abuelos decidieron hacer una fiesta
simbólica que incluyera a todos según sus tradiciones.
Las fiestas en general se realizaban un día que se
conmemoraba a un santo. Cada grupo preparaba sus cantos y
oraciones, sus comidas, etc. La fiesta incluyó un
encuentro deportivo en el que la cancha se tuvo que ampliar.
Se abrió el espacio para la convivencia y después
se fue dando para hablar y analizar los problemas de la comunidad."
"No fue un trabajo fácil.
Son muchos los rencores que nos han sembrado los enemigos.
Sobre todo los ricos,
los del poder nos han sembrado un odio entre nosotros por
la militancia partidista que se inculca incluso en las escuelas."
Los abuelos y ancianos de la comunidad
han jugado un papel muy importante en el restablecimiento
de las relaciones. Ellos son quienes más han insistido
en mantener las tradiciones más antiguas y las que
según ellos son las que los pueden ayudar a salir
de los conflictos. Ellos encabezan las ceremonias y las oraciones
con las que piden a la tierra y al sol para que terminen
los odios y vuelvan a encontrarse en comunidad.
"Nuestros abuelos, los que viven todavía, tienen
que hacer ceremonias para que se logre la Reconciliación.
Tienen que orar y pedir a la madre tierra y al padre sol
para que la comunidad se mantenga unida. Ellos no están
de acuerdo con la violencia ni el atacar a nuestros hermanos."
Hoy, todos colaboran en la construcción de la comunidad.
Se respeta los días sábados y domingos por
motivos religiosos de diferentes grupos. Los trabajos comunales,
en los que todos participan, se planean de lunes a viernes.
Hay en la comunidad distintas filiaciones o simpatías
políticas: priístas, de organizaciones y zapatistas.
Todos hacen su trabajo comunal juntos.
:: Actividades del equipo de SIPAZ Chiapas
Abril - Junio de 1997
Entre abril y junio de 1997 las actividades del equipo incluyeron,
entre otras:
- Organización y acompañamiento de una delegación
de Equipos Cristianos por la Paz (CPT), de Estados Unidos
y Canadá.
- Participación y ponencia sobre la coyuntura del
proceso de paz en el "Encuentro de Análisis,
Reflexión y Compromiso por la Paz, Tolerancia, Dignidad
y Justicia en Chiapas", auspiciado por las Iglesias
Bautista de México y Presbiteriana de Chiapas, y por
la Sociedad Bautista por la Paz de los Estados Unidos (BPFNA).
Participaron varias Iglesias Evangélicas y la diócesis
de San Cristóbal.
- Participación en la "Peregrinación por
la Unidad, la Reconciliación y la Paz" a Tila
(zona Norte), promovida por la diócesis de San Cristóbal
y la Conferencia del Episcopado Mexicano.
- Participación en el 2o. Taller en la Ciudad de México
sobre "Manejo del miedo y la seguridad en situaciones
de Conflicto".
- Acompañamiento a una delegación de Veteranos
de la guerra de Vietnam (Veterans of Foreign Wars Bill
Motto Post 5888) en su visita a Ocosingo, Chiapas.
- Participación de una integrante del equipo en
un Campamento Civil por la Paz, en el municipio de Ocosingo.
- Misión de observación en la marcha caravana "Por
la Unidad y la Paz" en Bachajón, en el aniversario
de lo ocurrido el 5 de Mayo '96.
- Entrevistas con miembros de la CONAI, la
COCOPA, el nuevo delegado gubernamental
para el Diálogo de San Andrés,
la Comisión Nacional de Derechos Humanos en Ciudad
de México y en San Cristóbal, Alianza Cívica,
representantes del Observatorio Internacional de las Prisiones,
la Asociación de Filosofía Radical (de
Estados Unidos) y otros visitantes internacionales.
- Participación en el Encuentro por la Reconciliación
y la Paz, auspiciado por la Comisión para la Reconciliación
Comunitaria (CORECO), en Tuxtla Gutiérrez.
- Acompañamiento a un grupo de desplazados de Maravilla
Tenejapa a una reunión de negociación para
el retorno.
- Participación en los dos encuentros estatales de
mujeres "Caminamos juntas hacia el Diálogo y
la Paz".
- Participación en un taller de Alianza Cívica
sobre "Educación ciudadana, poder político
y democracia".
- Participación en un curso sobre "Transformación
de conflictos y derechos humanos" en la Universidad
Menonita del Este (Harrisonburg, Virginia).
- Entrevistas con asesores de
Congresistas de Estados Unidos,
así como también con ONGs e Iglesias
en Washington DC.
- Presentaciones y entrevistas
de radio en California.
- Producción de varias Acciones Urgentes y del Informe
trimestral. Distribución en México y la
comunidad internacional.
- En el marco de la "Estación Norte para la
Distensión
y la Reconciliación" se
priorizó la atención
a los presos políticos
de la zona Norte nucleados
en "La Voz de Cerro
Hueco" y a los delegados
de los desplazados que
se movilizaron hacia
Tuxtla Gutiérrez.

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