Actividades de SIPAZ (Abril – Julio de 1998)
31/08/1998
Chiapas: una situación que sigue siendo explosiva…
29/12/1998

ENFOQUE I: “Sociedad Civil”, un factor desconocido en la resolución del conflicto chiapaneco

En el México de hoy se habla mucho de la “sociedad civil”. Los medios de comunicación informan que la “sociedad civil” hace propuestas a los políticos, toma iniciativas, organiza referendos y marchas, se moviliza.

Desde 1994, particularmente en los momentos más críticos del proceso de paz, varios comunicados del subcomandante Marcos han sido dirigidos a la sociedad civil haciéndole preguntas y propuestas. Después de la disolución de la CONAI (Comisión Nacional de Intermediación), en la V Declaración de la Selva Lacandona, el EZLN exhortó nuevamente a otros actores sociales y políticos a involucrarse en la superación de la actual situación de “impasse“: “Es la hora de los pueblos indígenas, de la sociedad civil y del Congreso de la Unión.” (julio 1998). En septiembre, el EZLN aceptó la invitación a dialogar con la sociedad civil; en la agenda: la consulta nacional sobre la iniciativa de Ley de Derechos y Cultura Indígena y la búsqueda de soluciones al conflicto chiapaneco…

Pero, ¿a qué se le llama “sociedad civil” y qué hace? ¿Cuál ha sido, es y podría ser el papel de ese actor poco conocido en el conflicto chiapaneco?

La emergencia de una nueva fuerza política y social

Es difícil determinar cuándo se empezó a hablar de “sociedad civil” en México. Podríamos decir que el concepto no surgió de la nada sino que vino a designar a esos importantes sectores de la sociedad con mayor conciencia de su fuerza, de su capacidad para organizarse y participar directamente en la resolución de sus problemas ante un gobierno que no parecía capaz de solucionarlos.

Las movilizaciones estudiantiles en los años sesenta fueron de particular relevancia en este proceso de gestación. Luego, el terremoto que sacudió la capital del país en 1985 y con él, el surgimiento de nuevas iniciativas colectivas alrededor de necesidades e intereses comunes, hicieron que la sociedad civil ganara en madurez.

No obstante, algunos piensan que esos eventos sólo incluyeron a una parte de la sociedad mexicana, y que fue en los años noventa con el levantamiento armado de los zapatistas y la crisis económica cuando todos los sectores de la sociedad se movilizaron.

Primeros esfuerzos de organización

El esfuerzo más o menos espontáneo de los primeros tiempos ha venido tomando cuerpo en estos últimos años. Las instancias de iniciativa organizada generalmente se han conformado fuera de las estructuras gubernamentales para responder a temas barriales, nacionales y hasta internacionales, haciendo y desaciendo redes y coaliciones. Algunas tienen un estatuto legal, personal contratado y se organizan en estructuras más formales: son las llamadas ONG (Organizaciones No-Gubernamentales) que, centradas en áreas preocupantes (como asuntos indígenas, género, derechos humanos, ecología, niñez, salud, desarrollo, entre muchos otros) han venido influyendo cada vez más en su entorno tanto a nivel local, como regional, nacional y incluso internacional.

Según Manuel Canto del CAM (Centro Antonio Montesinos) en la actualidad es más adecuado hablar de “‘organizaciones de la sociedad civil’ en vez de ‘sociedad civil’. Son organizaciones de ciudadanos que se asocian voluntariamente para lograr objetivos sociales y que tienen interés por intervenir en asuntos públicos.”

Sociedad civil y política

El crecimiento del número de organizaciones civiles ha fortalecido considerablemente el proceso de democratización que conoce México en esta última década. Muchas han surgido para aportar soluciones a los problemas graves de la sociedad mexicana, así como para presionar a los gobiernos locales, estatales y nacionales para que tomen conciencia de su responsabilidad.

En 1994 se fundó la ONG “Alianza Cívica” a iniciativa de los ciudadanos y grupos civiles interesados en monitorear las elecciones federales y estatales de agosto de aquel año. Fue la primera vez que la sociedad mexicana decidió promover la observación electoral ciudadana, dada la falta de imparcialidad y credibilidad constatadas en las instancias electorales anteriores. En ese año, por primera vez también pudo documentar de manera sistematizada el fraude electoral.

Por otra parte, algunos consideran que las autoridades políticas no han respondido a las demandas de los ciudadanos. Por eso, en Chiapas, varias organizaciones de base decidieron apoyar a candidatos independientes de los partidos para las elecciones locales. La organización indígena de jovenes “Yomlej” lo hizo en 1995 en el municipio de Chilón: participó y ganó la presidencia municipal.

Ahora se repite este proceso en Yajalón y Ocosingo con candidatos externos. En Yajalón, la organización “Flores Magón” propuso su propio candidato bajo la bandera del PRD (Partido de la Revolución Democrática), Gustavo Robles. El nos comentó: “Las autoridades no nos escucharon en nuestras demandas legítimas. Ahora buscamos el poder para satisfacer nuestras necesidades”. La organización “Flores Magon” hizo un gran esfuerzo de concientización de la población para involucrarla más en el proceso político. “Por eso”– dijo Gustavo- “ya hemos ganado, ganemos o no la presidencia. Ahora el pueblo sabe mucho mejor cuál puede ser su papel para resolver sus problemas.” (Nota: el PRD perdió las elecciones en Yajalón).

Las estructuras políticas tradicionales a veces tienen dificultad para entender o aceptar convivir con esa nueva fuerza política y social. Un representante de Alianza Cívica en San Cristóbal nos dijo: “Veníamos para platicar con el presidente municipal sobre una consulta ciudadana que llevábamos a cabo para que él supiera de antemano el objetivo. El no nos entendió y solamente nos preguntó: ‘¿Y qué quieren de mí, qué necesitan?’ Su manera de pensar todavía es: ‘¿Qué puedo dar para calmarles?’ Pero nosotros buscamos como ciudadanos conscientes la cooperación de las fuerzas políticas para resolver los problemas. Además de educar a los ciudadanos se debe educar al gobierno y a los políticos sobre cómo tomar en serio a la sociedad civil. Pero también para nosotros es un proceso de aprendizaje, y en Chiapas es más difícil porque la situación está más polarizada.”

La sociedad civil en los primeros tiempos del conflicto chiapaneco

En los primeros días de 1994, se formó en Chiapas la CONPAZ (Coordinadora de Organismos No Gubernamentales por la Paz) para buscar respuestas a la violencia que mostró el gobierno federal a la hora de abordar el conflicto con el EZLN. Después del levantamiento zapatista, nacieron más organizaciones en el intento de atender los problemas de salud, derechos humanos, educación popular, género, etc. que prevalecían en la zona.

Martha, que durante el levantamiento zapatista era vendedora de tortas en una escuela, relató su decisión de participar activamente en el movimiento ciudadano en estos términos: “Cuando vi el primero de enero a los zapatistas y a Marcos andando por el centro de San Cristóbal, pensé: “Ellos están haciendo algo, y yo no hago nadá Los bombardeos de aviones militares tres días después contra la población de mi ciudad, me impulsaron a asumir mi propia responsabilidad. Fue el 12 de enero cuando por primera vez participé en una marcha y empecé a involucrarme para parar la guerra”.

La sociedad civil a nivel local, nacional e internacional jugó un papel importante para detener la guerra en los primeros días de 1994, así como para reducir la violencia (a través por ejemplo de los “Cinturones de paz” o de los “Campamentos Civiles por la Paz”). También influyó en el proceso de paz para que se diera un diálogo nacional incluyente.

No obstante, el desgaste provocado por el prolongado estancamiento del proceso de paz y las divisiones internas, sumados al agravamiento de múltiples problemas económicos y sociales a nivel nacional, la han debilitado en estos casi cinco años. Muchos analistas han señalado, también, que para dar un salto cualitativo, la sociedad civil tiene aún que superar el inmediatismo y la atomización que le han impedido una articulación estratégica. De superar ese desafío, sobre todo después de la auto-disolución de la CONAI, la sociedad civil podría connvertirse en un actor clave para destrabar la situación actual.

Coordinación y Convergencia

El fortalecimiento de la sociedad civil en Chiapas prosigue en estos días. La magnitud de los problemas y la diversidad de intereses de las diferentes organizaciones hizo necesario que haya más coordinación entre las organizaciones para obtener un mejor resultado. Ya hubo varios intentos en el pasado. Recientemente se creó el “Espacio Comitán” , formado por unas 15 ONG que trabajan en Comitán y la zona Fronteriza. Otra iniciativa es el denominado “Foro: Paremos la Guerra”, conformado por varias ONG con sede en San Cristóbal y Comitán. Este reúne a organizaciones chiapanecas que trabajan en diferentes zonas del estado en aspectos de salud, educación, derechos humanos y género, para dar una respuesta a la guerra de baja intensidad que se vive en Chiapas.
A nivel nacional, encontramos también varios de estos espacios de coordinación cada uno con sus propias áreas de trabajo. La “Convergencia de Organismos Civiles para la Democracia“, por ejemplo, que reúne a 140 organizaciones en 16 estados de México y organizó la participación de 39 organizaciones en las mesas de diálogo entre el gobierno y el EZLN. La “Red de Organismos cíviles de Derechos Humanos Todos los Derechos para Todos” denuncia las violaciones de derechos humanos a nivel internacional.

Tribunal contra la Violencia y la Impunidad

Una iniciativa reciente es la “Asamblea Nacional por la Paz” que se conformó en agosto de 1998 después de la disolución de la CONAI. En ella, participan entre otros el Congreso Nacional Indígena, “Convergencia” y algunas iglesias. Uno de sus proyectos más importantes es el “Tribunal contra la Violencia y la Impunidad” que propuso el foro “Paremos la guerra en Chiapas”. La constitución del tribunal aún está en su fase preparatoria, pero se pretende que comience a funcionar en 1999. Según los organizadores, la iniciativa “es una respuesta de la sociedad civil a la violencia contra la sociedad y los pueblos indígenas por parte del gobierno y a la impunidad de los transgresores de la ley. El gobierno no cumple con sus deberes y esto es lo que queremos demostrar en el tribunal, con casos prototipo. De esta manera queremos manifestar la inconformidad de la sociedad civil en contraposición al discurso oficial de que ‘no hay guerra ni violaciones de derechos humanos en Chiapas'”.

Hostigamiento y amenazas

Algunas organizaciones civiles que buscan un cambio no violento para México fueron y son víctimas de una campaña de hostigamiento y amenazas. Un representante del FZLN (Frente Zapatista de Liberación Nacional) nos comentó que varias personas salieron del movimiento por miedo. Dirigentes y trabajadores de ONG recibieron llamadas anónimas agresivas en sus casas, como pasó algunas veces a Ana Valadez Ortega de Médicos del Mundo en septiembre. Otros percibieron la vigilancia de desconocidos, como las dirigentes de la organización K’nal Antzetik en San Cristóbal. La organización IDEFEM (Investigación y Desarrollo Femenino) en Comitán nos comentó que algunas autoridades intentaron intimidarles y les siguieron en algunas de sus salidas a las comunidades con las que trabajan. En lugares con presencia paramilitar de Los Altos, la zona Norte y Selva, algunas organizaciones indígenas siguen siendo amenazadas y ciertos líderes sociales fueron asesinados. A pesar de las denuncias de éstos y otros incidentes, ninguno de estos casos han sido aclarados.

Conclusión

El despertar de la conciencia de amplios sectores de la sociedad mexicana ha generado la multiplicación de distintas organizaciones y asociaciones, lo que ha tenido mucha repercusión. Junto con la incapacidad o, según algunos críticos, mala voluntad de las autoridades nacionales y estatales para resolver los problemas más importantes de la población, notamos cierto acercamiento y coordinación entre esos actores sociales para buscar juntos soluciones verdaderas.

La sociedad civil ha sido y seguirá siendo un actor fundamental en la democratización de México. Otros pueblos tienen mucho que aprender en este proceso: nos enseña el valor de la solidaridad cuando reina el individualismo; que una sociedad es el fruto de quienes la constituyen; que somos dueños de nuestro presente y del futuro que queremos para nuestros hijos.