Actividades de SIPAZ (Mayo 2001 – Agosto 2001)
31/08/2001
2001
31/12/2001

ENFOQUE: El Dilema De Los Desplazados En Chiapas, ¿Retorno Sin Justicia?

“Francamente, el tema Chiapas está totalmente desaparecido de la agenda europea; […] Europa está claro: hoy hay un gobierno democrático en México, que respeta los derechos humanos, que atiende, que quiere y respeta a sus hermanos indígenas.”
— Vicente Fox (La Jornada, 22/10/01)

Hoy, a casi ocho años del levantamiento zapatista de enero 1994 y a un año de la derrota electoral del viejo régimen priísta, la difícil situación de los desplazados debido al conflicto armado aún no ha sido resuelta, a pesar de las declaraciones del presidente Fox y a pesar de las promesas electorales de Pablo Salazar, el nuevo gobernador de Chiapas. Aún cuando los primeros desplazamientos ocurrieron durante la fase militar del levantamiento, a principios de enero de 1994, la mayoría de los actuales desplazados fueron forzados a abandonar sus hogares entre 1995 y 1998, como resultado de la actividad paramilitar, que fue el elemento más criticado del programa contra-insurgente del gobierno de Zedillo. En el censo de personas que fueron obligadas a abandonar sus hogares, el Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de las Casas documentó la existencia de más de 12.000 desplazados en cinco zonas y diez municipios de Chiapas, según datos del mes de agosto del 2001.

Desde que abandonaron sus hogares, han sobrevivido en circunstancias difíciles. La mayoría fue obligada a dejar sus pertenencias y sus hogares, y a muchos les incendiaron sus casas y les robaron sus animales cuando se fueron. Aún cuando algunos han vuelto a trabajar sus tierras acompañados de observadores de derechos humanos, muchos no tienen acceso alguno a sus tierras ni a otros recursos para ganarse la vida. En algunos casos, sus parcelas han sido ocupadas o despojadas. Han perdido sus vínculos y han sido arrancados de sus comunidades, y muchos siguen estando amenazados.

El retorno de las Abejas

En agosto de este año, la situación en los campamentos de familias desplazadas pertenecientes a la Sociedad Civil Las Abejas de Chenalhó se había deteriorado tanto que se volvió insostenible. En X’oyep especialmente, la gente no tenía acceso a agua potable ni leña. Mientras este problema se agudizaba, se les notificó que la Cruz Roja Internacional les suprimiría la ayuda alimentaria.

Cuando le preguntamos a Francisco Herrera, responsable de la oficina del Comité Internacional de la Cruz Roja en Chiapas (CICR) acerca de dichos recortes, él enfatizó que la misión del CICR es ofrecer ayuda humanitaria de emergencia a víctimas desplazadas por conflictos armados. En el caso de Chenalhó, la Cruz Roja había brindado el 100% de la ayuda alimentaria a las familias desplazadas en la región desde que llegaron al área después de la masacre de Acteal en diciembre de 1997. Sin embargo, a partir de una evaluación de la situación de los desplazados en Chenalhó llevada acabo por el CICR en marzo y abril del presente año, se dieron cuenta que algunas familias que recibían ayuda, tenían acceso a sus cultivos o percibían ingresos por cosechar su propio café. En base a dicha evaluación, se decidió suprimir parte de la ayuda alimentaria y reemplazarla por programas de ayuda para la agricultura, los cuales motivarían a las familias a volver a ser autosuficientes.

Sea cual sea la razón de los recortes, para muchas de las Abejas desplazadas esto fue el límite; sintieron que no tenían más alternativa que regresar a sus comunidades, aun cuando no existieran las condiciones apropiadas para su regreso: todavía no habían recibido reparación de daños por las pérdidas sufridas, ni los paramilitares responsables habían sido desarmados o enjuiciados. Dada la posible escasez de alimentos, tuvieron que actuar rápidamente para poder regresar a tiempo a sembrar en sus tierras. Por tal motivo, 1.336 Abejas regresaron a sus comunidades en retornos efectuados el 28 de agosto, el 30 de septiembre, el 11 y 22 de octubre del presente año.

Dada la tensión aún no resuelta en las comunidades, Las Abejas estaban muy preocupadas por su seguridad cuando planeaban los retornos. El 24 de agosto, antes del primer retorno, negociaron exitosamente un acuerdo con el gobierno estatal y autoridades municipales, el cual esperan asegure los derechos y la seguridad de los que retornan y defina sus responsabilidades en las comunidades a las que regresan. A diferencia de su predecesor, el gobernador Pablo Salazar facilitó estas negociaciones y funcionarios estatales de jerarquía estuvieron presentes en cada uno de los retornos. Las Abejas también solicitaron a organismos nacionales e internacionales de derechos humanos acompañamiento en cada retorno, y se estableció una presencia permanente en varias comunidades de retornados.

Distintas reacciones

Como era de esperar, las reacciones fueron variadas. Los que retornaron pasaron por una gama de emociones: entusiasmo por haber regresado finalmente a los hogares que dejaron años atrás; tristeza al dejar a aquellos que los apoyaron durante los años difíciles de su desplazamiento; y por supuesto, miedo de regresar a las comunidades donde los grupos armados que los obligaron a huir aún están libres y en posesión de armas. Quizás la mayor preocupación se concentra en Los Chorros, donde a fines del año pasado un operativo de la Procuraduría General de la República (PGR) para entrar a desarmar a los paramilitares fue rechazado con violencia; y hasta hoy los grupos armados permanecen intactos. De hecho, por lo menos doce familias que debían retornar a Los Chorros desde X’oyep cambiaron de parecer debido a rumores de posibles represalias paramilitares. Este 21 de noviembre, en una decisión que elevó la tensión, un juez federal liberó a seis de los 87 prisioneros procesados por la masacre de Acteal. De los cuatro hombres liberados que viven en Los Chorros, dos han sido identificados como líderes paramilitares.

Entre los grupos de desplazados, algunos se interesaron por la manera en que Las Abejas han organizado los retornos y el tipo de ayuda que han recibido, con la idea de aprovechar estas experiencias en futuros retornos a sus propias comunidades. También despertó interés saber si quienes regresan a las comunidades pueden o no reclamar sus tierras. Para los que no tienen acceso a sus tierras, como es el caso de la mayoría de las familias desplazadas en la zona Norte, este es un asunto crucial.

Además, existe inquietud respecto a la manera como el gobierno pudiera usar los retornos para su proprio beneficio. Debido a que la posición del gobierno estatal es que Las Abejas regresan a sus comunidades voluntariamente, algunos temen que el gobierno declare que los problemas de los desplazados han sido resueltos y que las demás comunidades también pueden retornar sin peligro. Por ejemplo, el EZLN insiste en que sus desplazados van a seguir en resistencia hasta que las condiciones apropiadas para su retorno sean establecidas (i.e., reparaciones por el desplazamiento, desarme y enjuiciamiento de los grupos paramilitares.

¿Qué significa esto para Polhó, el municipio autónomo zapatista contiguo a Acteal, donde muchas de Las Abejas desplazadas han estado viviendo? Si sus vecinos son capaces de retornar sin peligro a sus comunidades, los desplazados zapatistas en Polhó tal vez teman perder el apoyo de la opinión pública y las organizaciones internacionales. De igual manera, como Las Abejas han participado en negociaciones con el gobierno para garantizar su retorno, existe la inquietud entre los desplazados de que el gobierno trate de adjudicarse una victoria política por haber “resuelto” sus problemas.

Por medio del nombre “retornos forzados”, los desplazados intentan subrayar el hecho de que las condiciones necesarias para un retorno justo y sin peligro aún no han sido establecidas. Sin embargo, la percepción pública respecto a la difícil situación de los desplazados, como lo indica la prensa local, parece inclinarse hacia la opinión de que dichos asuntos han sido resueltos. Aún está por verse el impacto que estos retornos tendrán sobre el apoyo que brindan organizaciones nacionales e internacionales a las víctimas del conflicto de Chiapas.

Mas allá de Chenalhó

En enero de este año, el Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de las Casas organizó una reunión a la cual acudieron más de 100 personas desplazadas provenientes de todo Chiapas. A partir de esta reunión se formó una comisión negociadora integrada por representantes de 16 comunidades, con el objetivo de plantear cuatro demandas al gobierno estatal:

  1. que sean enjuiciados quienes provocaron los desplazamientos;
  2. que se pague indemnizaciones por las pérdidas sufridas;
  3. que se les proporcione una nueva parcela o se regularice el estatuto legal de sus tierras, y
  4. que se cumplan los Acuerdos de San Andrés.

La comisión se reunió en abril y mayo con Pablo Salazar y las instituciones gubernamentales con competencia en los asuntos a negociar. Si bien el gobernador se muestra dispuesto a resolver los problemas de los desplazados, existe una brecha importante entre su visión respecto a dicha resolución y la de los desplazados. La posición oficial es que no hay dinero ni tierras disponibles para las reparaciones. Lo que el gobierno ha ofrecido es ayuda humanitaria y los servicios de la Comisión gubernamental para la Reconciliación, la cual prefiere tratar el problema como si se tratara de conflictos intracomunitarios aislados, en los cuales se puede “hacer borrón y cuenta nueva” y llegar a un acuerdo entre las partes. Esta propuesta es inaceptable para la gente que ha sido desplazada de sus hogares como resultado directo del conflicto armado, ya que pretende ignorar un factor clave del problema: la persistente impunidad de los grupos paramilitares en las comunidades.

A pesar de estas diferencias, las reuniones permitieron llegar a un acuerdo sobre una agenda de discusión: justicia, tierra y desarrollo. Las negociaciones están programadas para principios de diciembre, quedando pendiente el resultado de un estudio por parte del gobierno sobre la situación de los desplazados y sus comunidades de origen. Hasta ahora el gobierno no ha ofrecido propuestas concretas, y la comisión negociadora para los desplazados ha expresado dudas respecto a la seriedad de las intenciones gubernamentales en estas negociaciones. Sin embargo, aún hay esperanzas de alcanzar resultados positivos en diciembre. Si para entonces no hay avance, tendrán que decidir si continúan en el proceso de negociación o bien evaluar si otras vías de acción pudieran ser más efectivas.

Saliendo adelante

Mientras tanto, la vida sigue para aquellos que han retornado a sus comunidades. Aunque aún hay miedos e inquietudes, hasta el momento no ha habido reportes de incidentes graves. Las Abejas han creado un comité para abordar las disputas de tierras y otras quejas que pudieran presentar los que regresan a sus comunidades. En su mayoría, parecería que la gente se está dedicando a reconstruir sus vidas. Una parte importante de este proceso es que se restablezcan relaciones dentro de las comunidades, las cuales fueron rotas a raíz de los desplazamientos.

Un testimonio conmovedor de uno de los equipos de observadores describe una reunión informal entre un miembro de un grupo armado en la comunidad de Puebla y un líder de Las Abejas en esa comunidad. Después de una charla general y de haber leído y discutido un pasaje de la Biblia juntos, el hombre identificado como paramilitar solicitó el perdón de una de Las Abejas por su participación en los desplazamientos. Esto es un acontecimiento aislado, y el “perdón” a nivel individual no resuelve los problemas colectivos de justicia. Sin embargo, esto indica que, aunque las posibilidades de que se reanude la violencia durante estos retornos forzados son reales, el hecho de que la gente comience a restablecer sus relaciones significa que existe también la posibilidad de reconstrucción y renovación dentro de estas comunidades.

Si los retornos fueron para bien o para mal es ahora una discusión meramente teórica: los desplazados ya no podían resistir las condiciones en las cuales estaban viviendo, y tuvieron que tomar una decisión. Lo que está claro es que los problemas de otros grupos desplazados en el estado aún no han sido resueltos con estos retornos. La comisión negociadora lo ha dejado muy claro aún no existen las condiciones adecuadas para el retorno de los desplazados en otras zonas, como no existieron para Las Abejas. Hasta que las causas de fondo de los desplazamientos sean atacadas, los problemas de los aún miles de desplazados seguirán sin solución.