Actividades de SIPAZ (Junio-Agosto de 2002)
30/08/2002
2002
31/12/2002

ENFOQUE: AUTONOMÍA -¿Fuente de conflictos o camino hacia la Paz?

“La autonomía no es una palabra nueva sino que llevó mucho tiempo para que nos demos cuenta que ahí está nuestra dignidad”
(Representante del Municipio Autónomo de San Andrés, octubre 2002)

Antecedentes históricos

La demanda de autonomía se convirtió a partir de los años ’80 en la reivindicación central del movimiento indígena continental, representando la vía para ejercer el derecho a la libre determinación de los pueblos. Desde la creación del Estado mexicano, numerosas experiencias de autonomía se han dado en el territorio, como una forma de resistir frente a una estructura estatal que desconoce la diversidad cultural y social existente.

La lucha del pueblo yaqui en Sonora, el movimiento de la Coalición Obrero-Campesina-Estudiantil del Istmo (COCEI) en Tehuantepec, la Policía Comunitaria o el Consejo de Pueblos Nahuas del Alto Balsas (ambos en Guerrero), la autonomía tojolab’al en Chiapas, son experiencias de autonomía existentes antes de diciembre de 1994, momento en que el EZLN rompe el cerco militar, constituyendo 34 municipios autónomos que, desde entonces, conviven superpuestos y de forma paralela a los municipios constitucionales.

Desde abril de 2001, el EZLN ha permanecido en silencio, en protesta por la aprobación de la reforma constitucional sobre derechos indígenas, considerada como “una traición”. El fallo de la Suprema Corte de Justicia de la Nación en septiembre de 2002, al rechazar los recursos presentados por los pueblos indígenas contra dicha reforma, no permite esperar una pronta reanudación del proceso de paz.

Este estancamiento del diálogo no significa sin embargo que los zapatistas y el resto de las organizaciones indígenas se hayan quedado paralizados. En realidad, desde 1994 han apostado a la construcción de la autonomía por la vía de los hechos, un proceso poco visible pero que va afirmándose con el tiempo.

Las principales organizaciones indígenas del país parecen compartir la misma postura. Después del fallo de la SCJN, el Encuentro Nacional de Pueblos Indios (Guerrero) y el III Foro Nacional en Defensa de la Medicina Tradicional (Estado de México) llamaron a los pueblos indios del país a fortalecer todas las expresiones de autonomía. En el VI Taller de Reflexión y Planeación estratégica del Congreso Nacional Indígena (CNI), se decidió continuar con la “política de silencio” (acordada con el EZLN) y volver a sus comunidades “no como derrotados, sino para reforzar la defensa de nuestros territorios e identidad”. Construir la autonomía implica también avanzar en la creación de normatividad propia, frente a la reforma de leyes secundarias que vendrán en cascada tras la reforma constitucional.

Para el Instituto Nacional Indigenista, hay una nueva y diferente demanda indígena que consiste en la reconstrucción de los pueblos indígenas de manera interna, en su autoafirmación como sujetos colectivos con filiación étnica y culturas propias.

¿Qué entendemos por autonomía?

” Desconozco un poco la palabra autonomía. A lo mejor ser autónomo es ser libre, no sé. Les platico mejor cómo estamos trabajando y ustedes van a decir si eso es autonomía o no”
(Representante de la zona de Trinitaria, octubre 2002)

El concepto de autonomía se ha debatido en forma incansable. En ocasiones se generan discusiones teóricas sobre qué es y qué no es autonomía. Quizás la confusión venga de la mano de la diversidad: podemos hablar de una autonomía, pero hay múltiples formas de ejercerla.

En opinión de un representante del municipio de Tila (Chiapas), para que exista la autonomía, “tiene que existir el pueblo, o sea un grupo establecido por personas que conforman un asentamiento. Este pueblo tiene características propias en su forma de ser: la casa, la vivienda, la lengua, la forma de vestir, de organizarse, la relación directa con la tierra, la educación de los hijos, la salud, la religión, o sea la forma de vida. La autodeterminación es la capacidad de establecer condiciones políticas, sociales, económicas y culturales para llegar a ser autónomos” (octubre 2002).

Los argumentos contrarios al reconocimiento de la autonomía consideran que ésta puede “balcanizar” el país, y convertir a las comunidades en entes estáticos, atrasados en el tiempo, cerrados, así como perpetuar costumbres que violan derechos fundamentales individuales. Frente a ellos, la Comandante Ester del EZLN aclaraba en el Congreso de la Unión (28/3/01) qué México quieren los zapatistas: “(…) uno donde los indígenas seamos indígenas y mexicanos; uno donde el respeto a las diferencias se balancee con el respeto a lo que nos hace iguales; uno donde las diferencias no sean motivo de muerte, cárcel, persecución, burla, humillación, racismo; (…) uno en donde en los momentos definitorios de nuestra Historia, todas y todos pongamos por encima de nuestras diferencias lo que tenemos en común, es decir, el ser mexicanos”.

También se rechaza la autonomía indígena por considerarla contraria al principio de igualdad ante la ley. Ante esta postura, Adelfo Regino, del CNI, afirmaba: “Los indígenas no queremos fueros, no queremos privilegios. Los indígenas no queremos ni deseamos separarnos de este país o estar por encima de las leyes. Lo único que pedimos es que se reconozca lo que ya de por sí es un hecho en nuestras comunidades. (…) Lo que queremos es (…) que se reconozca, pues, una realidad y que finalmente haya eso que algunos llaman ‘pluralismo jurídico’ (Congreso de la Unión, 28/3/01).

El respeto a los denominados usos y costumbres indígenas es una de las cuestiones más controvertidas en torno al reconocimiento de la autonomía. Se critica la conservación de aquéllos que discriminan a la mujer y que podrían perpetuar las desigualdades existentes. Cabe recordar sin embargo que en los Acuerdos de San Andrés (ASA) se estableció el respeto a los derechos humanos como una condición para el reconocimiento de los usos y costumbres indígenas.

El EZLN representó un verdadero cambio en este aspecto, desde el momento que las mujeres zapatistas dictaron su Ley Revolucionaria de las Mujeres en 1993, exigiendo el respeto a su capacidad de decisión y participación e iniciando una lucha por el reconocimiento de sus derechos, que ha influido en otras organizaciones indígenas. De esta forma, la reivindicación de la autonomía se convierte para muchas mujeres indígenas en la posibilidad de transformar la situación de opresión en la que viven: “Decimos que la autonomía es una manera de hacer democracia, y en una democracia todas las voces son importantes, se les tiene que respetar su derecho, por eso los hombres indígenas no deben privarnos de nuestros espacios, de lo que nos corresponde, si no, estarían haciendo lo mismo que los mestizos hacen con nuestros pueblos, pisoteando los derechos. (…) La autonomía es por definición una propuesta de liberación, por eso los hombres, mujeres y sociedades autonómicas tienen que cambiar, democratizarse, reconocer internamente la liberación de las mujeres” (Margarita Gutiérrez y Nellys Palomo en México: experiencias de autonomía indígena, de Aracely Burguete).

La autonomía en camino: modelo multifacético

“Aprendimos de nuestra historia y de nuestra propia lucha que la libertad se conquista ante todo y a pesar de todo, ejerciéndola”.
(Leopoldo de Gyves en op. cit.)

En Chiapas no se ha esperado la implementación de los ASA para iniciar este proceso de construcción de la autonomía. Los municipios autónomos zapatistas, las regiones autónomas pluriétnicas, y otros municipios y comunidades indígenas están decidiendo cómo organizarse económica, política y culturalmente. La autonomía en cada caso aparece con un rostro distinto.

Los zapatistas ejercen la autonomía sin mantener relación alguna con el gobierno -mientras no se cumplan los ASA- y sin participar en las elecciones. Los municipios eligen sus propias autoridades e implementan sus propios proyectos educativos, sanitarios y económicos con el apoyo de la sociedad civil mexicana e internacional. En este caso, la autonomía es resistencia frente a un gobierno que desconocen. La participación externa permite tejer redes de solidaridad e involucrar a quienes por la distancia podrían sentir lejano el conflicto. Por otra parte, una excesiva dependencia del apoyo externo puede perjudicar la supervivencia y desarrollo de los proyectos.

Otra experiencia de autonomía son las Regiones Autónomas Pluriétnicas (RAP), constituidas a partir de diciembre de 1994. Se diferencian de los municipios zapatistas en que ellos sí aceptan programas gubernamentales y también participan en elecciones. Estas diferencias han provocado un distanciamiento entre ambos proyectos. Del mismo modo, la aceptación o no de ayudas gubernamentales es una fuente de divisiones en las comunidades, que muchas veces terminan en la expulsión o en el abandono de la resistencia.

En el Foro sobre Autonomía organizado a nivel de la Red por la Paz (ver Actividades de SIPAZ) en San Cristóbal de las Casas (octubre 2002), los representantes de varios municipios chiapanecos compartieron con las ONGs sus diferentes experiencias de autonomía.

En el municipio libre de Nicolás Ruiz, el pilar fundamental de su autonomía está constituido por un gobierno regido a través de sus usos y costumbres, y un reglamento interno establecido por consenso en una asamblea general. En La Trinitaria, la construcción de la autonomía pasa en buena medida por la independencia económica; por ejemplo, a través del desarrollo de su propio proyecto de producción y comercialización de café orgánico. Y para otros, es fundamental empezar por construir la autonomía desde el interior de la propia familia.

Obstáculos y desafíos

La construcción de la autonomía comunal, municipal o regional presenta muchos retos, entre ellos: “mantener una mayor relación entre los distintos municipios; construir una autonomía integral involucrando todos sus aspectos (político, social, educativo, económico, productivo); generar procesos de lo personal a lo colectivo y viceversa; reconocer los derechos de la mujer y su papel en la construcción de la autonomía; lograr un respeto entre grupos, comunidades y pueblos (unidad en la diversidad), así como mantener la resistencia sin caer en provocaciones contrainsurgentes”. (Conclusiones del Foro sobre Autonomía, octubre 2002).

Estos desafíos se dan en un contexto económico, social y político-militar a nivel nacional e internacional que, unido a las divisiones comunitarias, puede obstaculizar y limitar el alcance de los proyectos autonómicos: “La guerra sucia presuntamente implementada desde los niveles más altos de las estructuras del gobierno ha dividido a las comunidades, donde la referencia comunitaria va siendo desplazada por el de la organización y se convierte en lo más importante. El reto de estas autonomías es el cómo las organizaciones tienen que ponerse de acuerdo para implementar proyectos de resistencia frente al enemigo común. Las distintas organizaciones, independientemente de la filiación política, conviven en un territorio, donde comparten carreteras, tomas de agua, instalaciones deportivas, infraestructura, conflictos por la tierra, mandos, autoridades y gobierno, etc., que se disputan el control. Esto conlleva riesgos de constantes enfrentamientos. Sin embargo, en regiones donde las posiciones son más unificadas y hay acuerdos incluso hasta con algunos priístas, las autonomías funcionan. Por otro lado, algunas organizaciones sociales que no pertenecen al EZLN y que comparten el territorio, también pretenden ejercer el dominio bajo su lógica, lo que trae como consecuencia el choque de proyectos y lógicas distintas. En este sentido también entran en juego el poder de mando de autoridades civiles, militares y tradicionales.” (Boletín Chiapas al Día, CIEPAC, 6/5/98).

La autonomía puede convertirse en un camino hacia el logro de condiciones para la paz, a través de la construcción de una mayor justicia social en las comunidades, siempre que se superen los enfrentamientos en el interior de las mismas: “Hay algo común en todas las experiencias de construcción de la autonomía: el miedo al divisionismo. Tenemos que aceptarnos como somos, reconocer la diversidad de cada uno y que en el camino de la vida vamos aprendiendo cada vez más. (representante de Chalchiuitán, Foro sobre Autonomía, oct.2002).

Será necesario superar las confrontaciones y la distancia entre las distintas experiencias de autonomía existentes en Chiapas, para que esta diversidad no sea más fuente de conflictos, sino que por el contrario, la capacidad de construcción de alternativas se comparta y permita así reforzar las resistencias y las luchas no violentas, edificando las condiciones también para una paz por la vía de los hechos.

Por otro lado, la transformación de México en un país multicultural y pluriétnico a través del reconocimiento de la autonomía, exige que ésta incluya a la población no indígena: “La autonomía también se inscribe en la nueva relación entre los pueblos, el Estado y la sociedad nacional. Se trata de una piedra angular en la construcción de un nuevo proyecto de país democrático que demandan los mexicanos. La autonomía es un valor universal y no privativo de los pueblos indígenas. Es necesario explorar nuevas expresiones de la autonomía para las múltiples comunidades y colectividades que integran nuestra nación” (CNI, ¡Nunca más un México sin nosotros!, 11/1/98).