DESALOJOS EN “MONTES AZULES”
La conservación de la biodiversidad ¿con o
contra los pueblos?
“ Ok’eluk me asite
beluk me ya atsake
ok’eluk me asite
beluk me ya apike” |
“El mundo ante tus ojos en llanto,
nada puedes hacer,
el mundo ante tus ojos en llanto
nada puedes poseer” |
Mirada. Armando
Sánchez Gómez
(poeta tzeltal del municipio de Oxchuc, Chiapas) |
Apuntes históricos para entender el presente y pensar
el futuro.
La Reserva Integral de la Biosfera Montes
Azules (RIBMA) tiene
una superficie de 331,200 hectáreas, y está ubicada
en el corazón de la Selva Lacandona (ver mapa).
Esta reserva se creó en 1978, superponiéndose (en
un 75%) a la denominada “Zona Lacandona” (614,321
hectáreas.), un territorio propiedad de los lacandones.
Este grupo étnico asentado en la Selva Lacandona no
tiene relación cultural ni social con los habitantes
autóctonos de la selva, denominados con ese mismo nombre,
y que fueron aniquilados en la primera mitad del siglo XVIII.
Los actuales son descendientes de indígenas mayas que
llegaron desde el Petén y Campeche en el siglo XVII,
denominados también –caribes-.
A pesar de ello, el gobierno de Luís
Echeverría,
por medio de un decreto presidencial en el año 1972
concedió a 66 familias lacandonas más de 600,000
hectáreas, sin tener en cuenta a los 26 poblados tzeltales
y ch’oles asentados en la misma región desde los
años 50 y 60 como consecuencia del reparto agrario.
Es decir, el propio gobierno había venido impulsando
la ocupación de tierras para satisfacer las demandas
agrarias de las comunidades, evitando que los terratenientes
se vieran afectados por el reparto agrario.
Las imparables solicitudes de tierra llevaron a gobiernos
posteriores a legalizar ejidos no lacandones ubicados tanto
dentro de la zona lacandona como dentro de la RIBMA.
Desde posiciones gubernamentales, antropológicas y
hasta turísticas se reforzó la imagen de los
lacandones como descendientes de los originarios habitantes
de la Selva y por tanto, con legitimidad para ser ‘propietarios
verdaderos’ de la misma. Y a través de esta ‘mitificación’ el
gobierno se aseguró el apoyo de los lacandones durante
décadas. De hecho, en 1974 se creó por decreto
presidencial la Compañía Forestal de la Lacandona,
S.A. (COFOLASA) con el objetivo de controlar la explotación
forestal, frenando el avance de las empresas privadas madereras.
Por tanto, este paraíso natural está habitado
desde hace décadas. Pueblos indígenas han cohabitado
junto a la flora y la fauna del lugar, y han desarrollado técnicas
para su aprovechamiento medicinal. Esto les convierte también
en un elemento de disputa, porque ellos tienen el conocimiento
tradicional sobre la diversidad natural que les rodea.
En el año 1994 aparece un factor geopolítico
y social nuevo: surgen los municipios autónomos (ver
mapa
en CIEPAC), territorios controlados y gobernados por el
Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN).
Precisamente, en la Selva Lacandona se asientan los bastiones
más organizados del EZLN. La guerra de baja intensidad
implementada mediante la militarización de la región
y la formación de grupos paramilitares, llevó a
muchas comunidades a desplazarse hacia el territorio de la
RIBMA y de la Zona Lacandona.

Chiapas: Una tierra privilegiada
y......codiciada
La posición geoestratégica de Chiapas lo ha
convertido en un territorio con una gran cantidad de recursos
naturales: minerales, hidrocarburos, genéticos e hidrológicos.
Como señalaba el historiador Andrés Aubry (La
Jornada, 30/3/02), durante el proceso geológico que
dio lugar a la actual conformación de nuestro planeta, “Chiapas
se convierte en la bisagra que articula las dos Américas,
su posición ístmica lo permea a los vientos de
dos océanos con intercambios benéficos, y su
situación geográfica le da una posición
estratégica (ecológica y bióticamente
hablando) entre hemisferios. Así se explica la diversidad
prodigiosa de los recursos del corredor biológico ahora
conformado: como tiene una ubicación céntrica
en el planeta, próxima al Ecuador, los vientos dominantes
(los alisios) convergen hacia Chiapas soplando desde el noreste
(naciendo en las Azores) hacia Palenque, y desde el sureste
(naciendo en Amazonia y Colombia) hacia Tapachula, pero se
atoran al chocar contra sus montañas, creando la humedad
necesaria a sus selvas que hacen de esponja para almacenar
su riqueza acuífera; son el mejor caldo de cultivo biótico
para la diversidad vegetal que invita a una fauna variada”.
En este mismo sentido, miembros del Consejo
de Organizaciones de Médicos y Parteras Indígenas
Tradicionales de Chiapas - COMPITCH (organización que
defiende la biodiversidad existente en los territorios indios,
y en 2001
logró la cancelación de un proyecto de biopiratería),
afirman que en este territorio pueden encontrarse variedades
naturales que en cualquier otro lugar del planeta sólo
existen en estado fósil. Los lagos existentes en la
RIBMA proceden del mar, son ‘pedazos’ de océano,
y por tanto, también contienen toda la riqueza bacteriológica
propia de los fondos marinos.
La madera de la Selva Lacandona, explotada
durante décadas,
ha dejado de ser el recurso más codiciado. En plena
era del desarrollo bacteriológico, la biodiversidad
se vuelve el recurso en el que ponen los ojos las grandes multinacionales
de la biotecnología.
Desde los argumentos del ‘conservacionismo ambiental’ se
reclama el desalojo de los pueblos que habitan reservas naturales,
como en el caso de Montes Azules, afirmando el carácter
de “bienes de la humanidad” de los recursos naturales
y acusándoles de destruir “nuestros bosques” debido
a la tala y a la tradicional forma de trabajar la tierra con
la técnica de la ‘tumba, roza y quema’.
Para la organización Maderas del Pueblo del Sureste,
el caso de la reserva Montes Azules es un ejemplo del fracaso
de la política “conservacionista” de las áreas
naturales en México que, a su vez, enmascara numerosos
intereses económicos particulares.
El Titular de la Procuraduría Federal
de Protección
Ambiente (PROFEPA), Ignacio Campillo García, declaró que
el Ejército mexicano combatirá el crimen organizado
y brindará seguridad a posibles inversionistas. El funcionario
señaló que existen nueve zonas de “alta
ingobernabilidad”, y afirmó que, mientras ésta
no se elimine, no podrá llegar la inversión privada
a estas zonas. Entre ellas, mencionó a “Chimalapas” (en
los estados de Oaxaca y Chiapas) y “Montes Azules” (Chiapas),
considerándolas “regiones de mayor prioridad para
reinstaurar en ellas el orden y el estado de derecho” (El
Universal, 25/12/01)
Las organizaciones como Asociación Rural de Interés
Colectivo Unión de Uniones- Independiente y Democrática
(ARIC-ID), el EZLN o Xi’nich proponen otro tipo de manejo
de los recursos naturales, y otra forma de coexistir con la
diversidad natural, para no seguir destruyendo el medio ambiente
que nutre la vida.
Precisamente, los miembros de la ARIC-ID
(organización
a la que pertenecen algunas de las comunidades amenazadas de
desalojo) se pronunciaron en noviembre de 2001, rechazando
ser catalogados de “invasores agrarios” o de “destructores”;
allí informaron del Acuerdo adoptado desde mayo del
2001 en el Foro por la defensa de la vida, la tierra y los
recursos naturales en el que se comprometían a “no
tumbar, no quemar, dejar de usar agroquímicos y convertirnos
en guardianes de la Reserva”.
En el pronunciamiento la ARIC-ID también apuesta por
el diálogo y la negociación, y se muestra dispuesta
a “buscar una solución agraria y ecológica
definitiva, en beneficio de la conservación de las montañas
de los Montes Azules, pero respetando plenamente nuestros derechos
indígenas y con nuestra participación directa” (Comunicado
de la ARIC-ID, el 30 de noviembre de 2001)

La sombra del “desarrollo” neoliberal
A los proyectos de bio-prospección
que amenazan la reserva de Montes Azules, se debe añadir
que parte de la región se verá afectada por el
denominado
Plan Puebla-Panamá (PPP). Este plan multisectorial
abarca la región comprendida entre el estado de Puebla
(México)
y Panamá, es decir, todo el sur de México y toda
Centroamérica. Apunta a crear las condiciones necesarias
de infraestructura para implantar otro proyecto económico
más ambicioso, que convertiría a todo el continente
americano en una zona de libre comercio según el modelo
de la globalización neoliberal: el Acuerdo de Libre
Comercio de las Américas (ALCA). (consultar www.ciepac.org)
Para los gobiernos estatal y federal , el
PPP es sínónimo
de desarrollo y de modernidad, y será la solución
a la situación de pobreza y marginación en que
se encuentran Chiapas y los otros estados del sur mexicano.
En opinión del politólogo norteamericano
James Petras, este plan significaría una mayor subordinación
nacional a los intereses de los Estados Unidos y de sus socios
capitalistas de Asia, Europa y Canadá, gracias a la
mano de obra barata mexicana y centroamericana (La Jornada,
9/05/02)
Para el Subcomandante Marcos, el objetivo
de este proyecto sería extender el concepto geoestratégico de
America Central desde la frontera sur de Panamá hasta
la ciudad de Puebla y el istmo de Tehuantepec. Considera que
es una forma de poner bajo control una zona de migración,
para poder dosificar el acceso de los pobres a los países
del Norte desarrollado ( en este caso, los USA).
A los intereses económicos actuales se unen, por tanto,
décadas de colonización y deforestación
acompañadas por una política oficial contradictoria
y populista, en ocasiones contraproducente. El gobierno pensaba
que con la creación de la reserva y del latifundio lacandón
se pararían los asentamientos, sin darse cuenta de la
imprudencia de esta decisión que, por el contrario,
aumentó las disputas de tierra entre los mismos habitantes
del “Desierto de la Soledad” (como denominaban
los monteros al actual territorio de la Selva Lacandona durante
el siglo XIX).

Crónica de los desalojos anunciados
El 25 de marzo de 2002, las autoridades del
municipio autónomo
zapatista “Ricardo Flores Magón” denunciaban
la intención del gobierno federal y del estatal de desalojar
y reubicar parte de sus comunidades asentadas en el territorio
de la RIBMA (ver www.enlacecivil.org.mx)
La decisión gubernamental está motivada por
las demandas penales interpuestas por los lacandones contra
el resto de las comunidades que consideran dentro de su territorio.
Ante ello Más de treinta comunidades afectadas solicitaron
medidas cautelares ante la Comisión Interamericana de
Derechos Humanos (CIDH), a través de la Red de Defensores
Comunitarios por los Derechos Humanos. Esta organización
ha señalado que la denuncia lacandona está apoyada
por multinacionales como Conservation International, McDonald’s,
Exxon, Ford, Intel y el Grupo Pulsar ( Proceso Sur, Nº 56)
Este conflicto dio origen a la creación, en septiembre
de 2001, de la "Mesa ambiental para dirimir la denuncia
de despojo y daños ecológicos y la posible reubicación-indemnización
convenida con los asentamientos”, presidida por el gobernador
de Chiapas. Esta mesa interinstitucional establecida para coordinar
al gobierno estatal y federal, anunció durante el año
2002 el desalojo y la reubicación de algunas comunidades.
En diciembre del pasado año se produjo el primer desalojo “pacífico
y negociado” de cinco familias pertenecientes a la comunidad
Lucio Cabañas. Tras el mismo, las familias fueron llevadas
a un albergue de Comitán. El 9 de mayo anunciaron e
invitaron a las ONGs a tomar posesión de las tierras
ofrecidas por el gobierno. Finalmente, no se llevó a
cabo la reubicación. Cansados de esperar han decidido
abandonar Comitán y desplazarse a la región de
Marqués de Comillas donde residen algunos de sus familiares.
No obstante, la movilización pública y la solidaridad
a nivel nacional e internacional frenó la operación
de desalojo del resto de los poblados en los meses siguientes.
Ante este primer operativo, el EZLN afirmó que no permitiría
el desalojo de ningún poblado ubicado en Montes Azules: “Hemos
hablado con los representantes de esos poblados zapatistas
y con las autoridades de los municipios autónomos que
les corresponden. Ellos nos han comunicado su decisión
de mantenerse ahí, aún a costa de su propia vida,
mientras no se solucionen las demandas zapatistas (Comunicado
del EZLN del 29/12/03, publicado en La Jornada, 30/12/03. También
en: www.ezln.org).
La tensión en la zona aumentó en
abril del 2003 cuando autoridades lacandonas de Lacanjá-Chansayab,
acompañadas por ch’oles de Frontera Corozal y
tzeltales de Nueva Palestina llegaron a las comunidades zapatistas
Nuevo San Rafael y Nuevo San Isidro (al sur de la RIBMA), armados
y acompañados de funcionarios de la PROFEPA,
de la Comisión
Nacional de Áreas Naturales Protegidas (CNANP) y
de la SEMARNAT (Secretaría de Medio Ambiente y Recursos
Naturales), amenazando con desalojar a sus habitantes
y arguyendo que ellos son los “legítimos” propietarios
de la Selva. ( LaJornada, 14/04/03. Sobre los distintos
intentos de desalojo en las comunidades de Nuevo San Rafael
y Nuevo
San Isidro puede consultarse http://chiapas.mediosindependientes.org)
Cabe recordar que Frontera Corozal y Nueva
Palestina están
conformadas por ch’oles y tzeltales que habitaban el
territorio decretado en 1972 como “Zona Lacandona” antes
de su constitución como tal. El creciente descontento
de las mismas hizo que el gobierno reconociera sus derechos
sobre los bienes comunales ya reconocidos a los lacandones
en 1979. Por ello, también se consideran ‘verdaderos
propietarios’ de la Selva junto a los lacandones. Las
autoridades de Frontera Corozal han amenazado a parteras de
la misma comunidad que se muestran contrarias al desalojo.
Posteriormente al incidente se organizó una caravana
de observación civil para conocer in situ la situación.
En la actualidad, el Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de
Las Casas ha establecido dos campamentos permanentes de observadores
en ambas comunidades zapatistas.
La Red de Defensores reafirmó su convicción
de que "sólo una salida negociada y pacífica
y la voluntad de los gobiernos federal y estatal pueden resolver
el conflicto con pleno respeto a los derechos humanos e indígenas
de los involucrados". (Boletín de Prensa del 13/04/03.)
Por su parte, la ARIC-ID se pronunció en Ocosingo contra
los desalojos en Montes Azules y las amenazas contra sus dirigentes,
y expresó su rechazo a los "agentes de empresas
nacionales y trasnacionales que quieren patentar la riqueza
biológica de la selva" (La Jornada, 14/04/03.)
Durante el Primer Encuentro Hemisférico frente a la
Militarización celebrado en San Cristóbal
de Las Casas (del 6 al 9 de mayo) dos representantes de las comunidades
de Nuevo San Rafael y Nuevo San Isidro, fueron invitados a
participar en una mesa para explicar la situación en
la que se encuentran. Ello les permitió desenmascarar
los intereses económicos y contrainsurgentes que se
encuentran disfrazados por el discurso ambientalista defendido
por los lacandones y los comuneros de Frontera Corozal y Nueva
Palestina, así como por el discurso conservacionista
internacional.
Ese mismo día, el gobierno estatal y dirigentes lacandones
pactaron una tregua para no realizar desalojos de comunidades
en la RIBMA. Las autoridades estatales se comprometieron a
beneficiar a los integrantes de la etnia con diversos apoyos
económicos y de desarrollo, entre ellos su participación
en el Programa de Manejo de la Reserva Lacantún, mientras
que los lacandones suspenderán sus intentos de expulsar
de la región a otros grupos indígenas. (La Jornada,
08/05/03. )

Perspectivas inciertas
Es necesario no considerar la Selva Lacandona
sólo
como un espacio natural a proteger y salvaguardar, sino también
como el refugio de supervivencia, durante décadas, de
comunidades indígenas que migraron hacia ella en búsqueda
de tierras, o en años más recientes, huyendo
de la violencia paramilitar desatada en otras zonas chiapanecas.
Por ello, la Selva se ha convertido en lugar de encuentro entre
la diversidad de etnias chiapanecas, y a su vez, de surgimiento
de proyectos políticos-sociales como el neozapatismo.
Es imprescindible tener en cuenta este factor
en un país
como México, en el que una gran parte de la población
rural subsiste gracias al campo, y sin olvidar la importancia
cultural que el territorio representa para los pueblos indígenas.
Este conflicto en Montes Azules lleva a replantearse
las causas estructurales que provocaron el levantamiento de
las comunidades
zapatistas en 1994, y más allá, las demandas
por las cuales hoy en día se mantienen en resistencia
frente a los gobiernos federal y estatal. De hecho, no debemos
olvidar que gran parte de las comunidades que pretenden desalojarse
de la RIBMA son bases de apoyo zapatistas; por ello muchos
analistas coinciden en señalar que los desalojos anunciados
tienen, además de los intereses económicos mencionados,
un fin claramente contrainsurgente, lo que explicaría
en buena medida la fuerte presencia militar en la región.
Reconociendo la complejidad de la realidad
sociopolítica
de la Selva Lacandona, la solución a este conflicto
demanda, ante todo, el respeto de los derechos humanos reconocidos
en textos internacionales, que son condición necesaria
para reconstruir la paz en la región, así como
para evitar una radicalización de las posturas de los
actores implicados, que pudiera llevar a un desenlace violento.
Y para ello debemos evitar la simplificación de este
conflicto como una rivalidad interétnica.
En ese sentido, la opción del desalojo, aun por razones
ambientalistas, no es respetuosa de los derechos colectivos
de los pueblos indígenas, reconocidos en el Convenio
169 de la OIT (Convenio internacional sobre los “Derechos
de los Pueblos Indígenas y Tribales en países
independientes” ratificado por México en 1989,
y en vigor desde 1991).
En dicho texto se establece que los pueblos
indios “deberán
tener derecho de decidir sus propias prioridades en lo que
atañe al proceso de desarrollo, en la medida en que éste
afecte a sus vidas, creencias, instituciones y bienestar espiritual
y a las tierras que ocupan o utilizan de alguna manera, y de
controlar, en la medida de lo posible, su propio desarrollo
económico, social y cultural” (art.7). Se establece
también el derecho a la propiedad y posesión
de las tierras (que incluye “la totalidad del hábitat
de las regiones que los pueblos ocupan y utilizan de cualquier
manera”), y el derecho a los recursos naturales existentes
en ellas. Aun en los casos en los que la propiedad de éstos
corresponda al Estado, se prevé la obligación
de consultar a los pueblos originarios para indagar si sus
intereses pueden verse afectados; y en todo caso, tienen derecho
a participar de los beneficios que reporten esas actividades
(arts. 14 y 15). El documento prohibe que los pueblos indios
sean desplazados de las tierras que ocupan, estableciendo que
si excepcionalmente ello fuera necesario, se requeriría
el consentimiento libre y con conocimiento de causa de los
pueblos afectados (art.16). Este Convenio inspiró los
incumplidos Acuerdos de San Andrés sobre Derechos y
Cultura Indígenas.
SIPAZ considera necesario tomar medidas para
proteger y preservar los recursos naturales (ya se trate de
los bosques, de la biodiversidad,
del agua o de los hidrocarburos); pero por lo mismo, ningún
discurso conservacionista debe ser usado para enmascarar intereses
privados que buscan apropiarse de esos ‘bienes de la
humanidad’ con fines mercantilistas.
Más aun, cuando esos recursos se encuentran en territorios
habitados por pueblos indígenas, debe respetarse la
autonomía de dichos pueblos, así como permitir
y favorecer la recuperación de técnicas que les
faciliten la preservación y coexistencia con la riqueza
natural en la que habitan.
En un contexto de conflicto de larga duración como
el que se vive en Chiapas, es necesario promover un diálogo
serio y profundo sobre la participación de los pueblos
indígenas en la protección y usufructo de las
riquezas naturales. Por el contrario, la privatización
de las mismas conllevaría una mayor injusticia social,
un aumento de los desplazamientos internos, y un recrudecimiento
de los conflictos interétnicos, cuya radicalización
puede quedar fuera del control de los gobiernos estatal y federal.
El respeto a la diversidad biológica debe ir de la
mano del respeto a la diversidad cultural, como único
camino hacia una paz justa y sustentable. Por eso es insoslayable
reconocer los derechos humanos y colectivos de los pueblos
indígenas, plasmados en el mencionado Convenio 169 de
la OIT y en los Acuerdos de San Andrés, cuyo cumplimiento
continúan reclamando.

BIBLIOGRAFÍA
- AUBRY, Andrés, “El PPP (una información
geográfica del país no divulgada)”
- DE VOS, Jan “El Lacandón: una introducción
histórica” en VIQUERA, Juan Pedro y RUZ, Mario
Humberto (ed.) Chiapas: los rumbos de otra historia, México,
UNAM, CIESAS, UNIVERSIDAD DE GUADALAJARA, 1998, PP.331 a 361.
- MADERAS DEL PUEBLO DEL SURESTE, A.C. “ El Caso de
la Reserva Montes Azules en la Selva Lacandona. Un ejemplo
del reiterado fracaso de la política “conservacionista” de
las áreas naturales en México y de los intereses
creados que se esconden detrás de ello (Apunte cuasi
sintético)”,
- RAMONET, Ignacio. Marcos. La dignidad
rebelde. Cybermonde, s.l., Valencia, 2001, pp.55 y 57
 |