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Alerta roja en Chiapas
Ana Esther Ceceña
ALAI-AMLATINA 21/06/2005, México.- El anuncio de alerta roja emitido el 20 de junio por el EZLN, a pesar de las múltiples razones que le podrían dar contenido, provocó una reacción de sorpresa similar a la del 1° de enero de 1994 cuando todo estaba listo para la entrada de México en el primer mundo anunciado por el TLC. Una década después todo parecía indicar una situación de coexistencia pacífica entre las Juntas de Buen Gobierno zapatistas y los gobiernos institucionales, y la construcción de las autonomías parecía estar avanzando sin más tropiezos que los de las medidas de contrainsurgencia habituales, que las comunidades zapatistas habían aprendido a sortear, qué fue lo que desató este llamado de emergencia.
Probablemente en las próximas horas se tendrán más noticias desde la comandancia zapatista, sin embargo, hay una serie de indicios que nos pueden ayudar a ir entendiendo el momento y condiciones en que esta alerta roja ocurre.
- Aun no habiendo enfrentamientos armados en Chiapas, el ejército, de acuerdo con una investigación realizada por el CAPISE, ha estado realizando un trazado de toda la zona zapatista, colocando cuarteles o posiciones temporales, abriendo caminos, haciendo ejercicios de patrullaje, simulación y entrenamiento. Poco a poco las posiciones militares fueron construyendo un cerco sobre Montes Azules, la tan disputada reserva de la biosfera, que parecería apuntar hacia una posible operación quirúrgica.
- La construcción de carreteras en los dos bordes de Montes Azules, una bordeando la frontera con Guatemala y otra entrando a las zonas más identificadas de arraigo zapatista avanzó con gran velocidad en los últimos dos ańos logrando una comunicación rápida hacia dentro y fuera de la Selva y los Altos.
- La cancelación de cuentas bancarias de Enlace Civil aduciendo lavado de dinero y el operativo realizado por la
Secretaría de la Defensa para destruir campos de cultivo de mariguana en tierras zapatistas (SEDENA, comunicado 168) indican la construcción de un escenario, donde por cierto sorprende la complicidad de BBVA, para colocar al EZLN en la circunstancia de grupo narcoterrorista y “legitimar” la aplicación de políticas antiterroristas, similares a las del Plan Colombia, contra él.
- La visita de Condoleeza Rice a México en marzo para fijar las nuevas normas de convivencia en términos de seguridad se centró en el tema fronterizo y en la operatividad efectiva de una “frontera inteligente” “…que no es ni una frontera abierta, ni una frontera cerrada, sino que pretende ser una frontera flexible y capaz de garantizar seguridad” (Enriqueta Cabrera, CENCOALT), en la que el aspecto de información e inteligencia ocupa la primera línea. La preocupación estadounidense se centra sobre todo en la problemática de la frontera norte, donde un hecho sin precedentes y muy preocupante es la situación de Nuevo Laredo, ciudad de la frontera con Estados Unidos, en la que las fuerzas de seguridad mexicanas perdieron temporalmente el control y se puso en evidencia el involucramiento de los cuerpos locales con el narcotráfico. Durante varios días fueron ejecutados los jefes de la
policía local e incluso miembros de la AFI (FBI mexicano) sin que pudiera restablecerse el orden. Y eso ocurre en la frontera con Estados Unidos, así que se considera que la disuasión de los migrantes, narcotraficantes o terroristas miembros de Al Qaeda o de grupos similares, que entrarían a Estados Unidos por México, exige un control estricto de todas las puertas de ingreso. La frontera de Chiapas con Guatemala es un foco de interés prioritario
también por esta causa.
- El cuidado de la frontera sur mexicana se ha justificado, además, por las actividades de una mafia que trafica con
migrantes, con mujeres, adolescentes y nińos para prostitución y con drogas, llamada la Mara Salvatrucha. Esta organización indudablemente debe ser combatida y erradicada pero llama la atención que justo el 20 de junio, día de la alerta zapatista, estuvieran reunidos en Chiapas algunos miembros acreditados del FBI, con fuerzas locales de seguridad, para “…analizar el combate a las pandillas juveniles como la Mara Salvatrucha”. “…tres días después de que finalizara la Cumbre Internacional AntiMaras en la ciudad de Tapachula bajo el auspicio de la Organización de Estados Americanos (OEA)” (Isaín Mandujano, Este-Sur/noticias de Chiapas). De golpe, cuando se refuerzan las políticas antiterroristas desde Estados Unidos, casualmente la Mara cobra una importancia que no había mostrado en todo el tiempo que lleva causando desmanes.
- Es una coincidencia que la OEA, que es quien auspicia el Tratado Interamericano de Asistencia [militar] Recíproca (TIAR) y el Consejo de Seguridad Hemisférica en que participan los ministros de defensa de todo el continente, haya decidido realizar su reunión en Chiapas (aunque la Mara sea fundamentalmente centroamericana). Este fue el marco para un acuerdo entre los países de Centroamérica, México y Estados Unidos para “…crear una base de datos de los integrantes de la banda Barrio 18 y MS- 13 que integran la mara salvatrucha” ya que, según Horacio Schroeder Bejarano, secretario de Seguridad Pública del Estado, “…hay interés y preocupación de las autoridades norteamericanas, por mantener un cerco en la frontera sur” “…lo importante es practicar una política integral y mantener la vigilancia en la frontera sur por ser un interés de los norteamericanos” (Gaspar Romero La Voz del Sureste). El combate a la Mara se hace “…desde la perspectiva adecuada, que es la cooperación interinstitucionales e internacional. (Comunicado de Lic. Magdalena Carral, Comisionada de la Secretaría de Gobernación). Sin embargo las fronteras “inteligentes”, como ha sido demostrado, tienen múltiples propósitos; el del control de los denominados “terroristas” es, por lo menos desde el Plan Cóndor, el más importante.
- A esto hay que agregar, evidentemente, la gran importancia que tiene Chiapas en términos de recursos que no han podido ser explotados por causa de la insurrección zapatista y la posición geoestratégica de esta región que cierra el territorio de América del Norte y que ocupa un lugar privilegiado (el centro geográfico) en los proyectos del Corredor Biológico Mesoamericano del Banco Mundial y del Plan Puebla Panamá. Esto, que no es un indicio sino una realidad, es uno de los desafíos no resueltos del presidente Fox y uno de los puntos de interés de Estados Unidos. La salida de Fox de la presidencia se acerca y las seńales para hacer viable la posible candidatura de su esposa hablan de Chiapas y de privatizaciones en petróleo, agua y electricidad, una vez que ya se avanzó con la ley Monsanto.México se encuentra en una profunda crisis, agravada por la decisión estadounidense de desplegarse hacia el sur en todos los sentidos. El clima político pre-electoral, atravesado por disputas de mafias, corrupción y descomposición determina un escenario muy revuelto en el que son previsibles los magnicidios y, sin duda, los intentos por terminar de una vez con el conflicto en Chiapas.
Con todos estos indicios, y otros que irán completando el cuadro, no sería muy arriesgado asegurar que la alerta roja zapatista responde a un intento por detener una posible operación quirúrgica o una inminente ofensiva represiva contra todas las autoridades zapatistas para descabezar el movimiento. Por ello anuncian la vuelta a la clandestinidad. La única manera de evitar una masacre, y un avasallamiento total de nuestros pueblos, desatendiendo el llamado a alejarse de la zona por seguridad hecho por la Comandancia, es acudir masivamente a caminar al lado y con las comunidades indígenas de Chiapas para mostrar que ni ellos ni nosotros estamos solos y que no dejaremos de pelear por democracia, libertad y justicia, donde quiera que nos encontremos.

Falta lo que falta
Luis Hernández Navarro
LA JORNADA, Martes 21 de junio de 2005
El partido se ha reanudado. Después de recibir un ilegal gol en su portería y de ser condenados al olvido, los zapatistas han puesto el balón en la media cancha y reanudado el juego. Saben que el árbitro y los jueces de línea están en su contra. Que apenas ayer el Ejército los acusó de sembrar estupefacientes en Tapilula, Pueblo Nuevo y Rayón, a ellos que ni la venta de alcohol permiten en sus comunidades. Pero no importa: la pelota se ha puesto otra vez en movimiento.
Hace menos de un mes lo comunicaron. En una carta dirigida a Massimo Moratti, presidente del FC Internazionale de Milán, anunciaron: "Posdata: con tono y volumen de cronista deportivo. -El sup, usando la técnica del uruguayo Obdulio Varela en la final contra Brasil (Mundial de futbol, estadio Maracaná, Río de Janeiro, 16 de julio 1950), con el balón en la mano ha caminado como en cámara lenta (a partir de mayo de 2001) desde la portería zapatista. Luego de reclamar al árbitro la ilegitimidad del gol recibido, pone el esférico en el centro de la cancha. Voltea a ver a sus compañeros e intercambian miradas y silencios. Con el marcador, las apuestas y el sistema entero en contra, nadie tiene esperanzas en los zapatistas. Empieza a llover. En un reloj son casi las seis. Todo parece estar listo para que se reanude el encuentro..."
Los zapatistas, no hay que olvidarlo, dicen lo que hacen y hacen lo que dicen. Informan lo que van a hacer y lo llevan a cabo. La alerta roja decretada en territorio rebelde es la última muestra de este estilo de hacer política. Desde hace meses advirtieron: falta lo que falta. Hoy sabemos nuevamente que aquí están. "Falta lo que falta" es el subtítulo de la novela Muertos incómodos, que a cuatro manos escribió el subcomandante Marcos con Paco Ignacio Taibo II. Falta lo que falta es el remate de varios comunicados difundidos por los rebeldes a la opinión pública, en los que analizan el comportamiento de la clase política y la coyuntura nacional.
¿Qué falta? Que en un momento de la vida política del país, definida por la agenda de los de arriba, el otro jugador, el de abajo, al que se ignora, al que desde hace mucho tiempo el réferi le sacó la tarjeta roja, se meta a la cancha de juego y diga nuevamente ¡Ya Basta! Aquí estoy, el partido sigue. Que, en una época en la que la sobrevivencia del pensamiento autónomo de izquierda está en peligro, sobreviva. Eso es lo que los zapatistas hacen ahora. El 14 de agosto de 2001 fue promulgada una caricatura de reforma constitucional sobre derechos y cultura indígena, aprobada por el Congreso de la Unión, que cerró la puerta de la inclusión política al zapatismo y a los pueblos indios. Nada hizo la Suprema Corte de Justicia de la Nación por evitarlo, a pesar de las más de 300 controversias constitucionales planteadas por municipios indígenas. El Estado mexicano en pleno condenó a los de abajo a la ruta de la exclusión.
Desde entonces, el gobierno de Vicente Fox siguió la política del avestruz. Pero aunque en foxilandia no haya guerra en el sureste mexicano, el Ejército sigue patrullando la región y los paramilitares actuando. Su comisionado para la paz, Luis H. Alvarez, se ha dedicado a hacer la guerra. Con maletines repletos de dinero disparó cañonazos de miles de pesos contra las comunidades en resistencia. En respuesta, en varias ocasiones las poblaciones rebeldes, tan necesitadas de todo, prendieron fuego a los billetes. En Guadalupe Tepeyac el enviado gubernamental tuvo que poner pies en polvorosa, ante la ira de los habitantes. Casi nadie pareció entender entonces el mensaje de los rebeldes. Pero sería iluso suponer que el problema es sólo con el gobierno federal. La clase política en pleno ha sacado de su agenda el asunto de la paz y el de los derechos plenos para los pueblos indígenas. En las grandes movilizaciones ciudadanas contra el desafuero el tema fue inexistente. Los acuerdos de San Andrés se han convertido, si acaso, en muletilla retórica para los discursos de ocasión de algún político de izquierda.
Los grandes medios electrónicos de comunicación están dispuestos a dar cuenta del posible encuentro entre el seleccionado zapatista de futbol y el Inter de Milán, pero ignoran sistemáticamente la experiencia de las Juntas de Buen Gobierno o la lucha de las comunidades en resistencia. La prensa internacional reportó la aparición de la novela policiaca Muertos incómodos, pero olvidó contar lo que sucede en Chiapas.
Y aun desde las filas de cierta izquierda se ha querido ignorar la importancia del EZLN para las luchas de resistencia contra el neoliberalismo en curso. La incomodidad que provoca su heterodoxia en quienes tienen ya todas las preguntas resueltas ha dado paso a críticas abstractas desde la pureza revolucionaria, a la reivindicación del modelo venezolano como algo enfrentado con la experiencia zapatista y con el silencio. Sí, falta lo que falta. Sí, se necesita que los invisibles, los de abajo, los excluidos, los sobrantes, los no escuchados, tengan un lugar digno en este país. El zapatismo ha sabido ser paciente, pero la paciencia tiene un límite. El zapatismo ha sido prudente, pero la prudencia no puede confundirse con inacción. El zapatismo ha sido mesurado, pero la mesura no puede consistir en soportar estoicamente todo tipo de agresiones. Ya son las seis. El partido se ha reanudado. Sí, falta lo que falta. Esperemos que no sea muy tarde para que la palabra -ésa que desde arriba ha sido deliberadamente ignorada- se escuche.

La alerta
Luis Javier Garrido
LA JORNADA, Viernes 24 de junio de 2005
El país se halla devastado por las políticas salinistas de Vicente Fox, y mientras la "clase política" de todos los partidos no parece querer darse cuenta de la gravedad de la situación, una vez más la voz de los de abajo se deja escuchar para, con sus palabras y con sus actos, plantear una serie de interrogantes ante el proceso electoral de 2006.
- El texto del subcomandante insurgente Marcos del 19 de junio, y los hasta ahora cuatro comunicados de la Comandancia General del EZLN de los días 20, 21 y 22, anunciando que los campesinos indígenas zapatistas de Chiapas se declaran en alerta roja luego de que el gobierno foxista anunciara calumniosamente haber destruido plantíos de mariguana en territorio rebelde (La Jornada, 20, 21 y 22 de junio), han causado conmoción, no solamente porque han puesto de manifiesto una vez más que la situación de las comunidades indígenas se ha agravado por la continua intervención del Ejército, por las políticas sociales del foxismo, y porque los pueblos indios no tienen sus derechos reconocidos ante la traición de Vicente Fox y la "clase política" con la contrarreforma constitucional de 2001-2002, sino también por otra razón: porque una vez más están planteando las dudas que hay sobre el futuro del país.
- El texto de Marcos del 19 de junio, aun con todos sus excesos, tiene la virtud de insistir en la posición histórica del EZLN, en el sentido de que en el contexto actual y con los partidos existentes, las elecciones muy difícilmente pueden ser en ninguna parte la vía para el cambio, lo que en el mundo entero no parece dejar a los pueblos más que dos caminos: a) el de la revolución, o b) el de la resistencia social y cívica en sus diversos niveles. Y de manera prioritaria la resistencia a ultranza, a la que muy poco se ha recurrido en América Latina, salvo en los casos recientes de Argentina, de Ecuador, de Bolivia y de Venezuela, y desde luego de México con la intentona de Fox de inhabilitar para 2006 a Andrés Manuel López Obrador y cancelarle sus derechos políticos al pueblo mexicano.
- El papel desempeñado por la izquierda electoral mexicana en los procesos electorales de los últimos años le da la razón a los zapatistas, pues sus dirigentes han estado de manera reincidente de espaldas y en contra del pueblo, sufriendo una involución antidemocrática que ha culminado en la postulación de candidatos contrarios a los intereses populares, en la tolerancia de actos de corrupción, en un corrimiento hacia las tesis del Banco Mundial y del FMI y en negociaciones oscuras, de ahí el cuestionamiento a la vía electoral.
- En 1988, tras el fraude electoral del 6 de julio, Cuauhtémoc Cárdenas optó por la negociación y la desmovilización del FDN, y cuando amplios sectores reclamaban en agosto la resistencia civil como la vía para hacer respetar el voto, Cuauhtémoc y Adolfo Gilly optaron mejor por la constitución del PRD. En 1994, la campaña del PRD, en la que influían nada menos que Adolfo Aguilar Zinser y Jorge Castañeda, se desdibujó tras la muerte de Colosio, y empezó a presentarse tan neoliberal como las del PRI y del PAN, lo que se acentuó seis años después, pues en noviembre de 1999, no puede olvidarse, el quinto congreso del PRD aprobó una plataforma electoral para el 2000 que aceptaba ya la privatización del sector energético.
- La opción electoral de izquierda tiene muy difícil viabilidad en el escenario del neoliberalismo, pues requiere de dos condiciones. La primera es que exista un candidato comprometido con un programa de cambio, el cual suponga una reivindicación a ultranza de la soberanía del Estado, de los recursos estratégicos de la nación y de los derechos individuales y colectivos del pueblo frente a las corporaciones trasnacionales. Y la segunda, que haya además una sociedad en movimiento que impulse y defienda a ese candidato, pero que le exija sobre todo que no se aparte de esos principios.
- El temor fundado en muchos sectores, y que se expresa en este texto, de que Andrés Manuel López Obrador, el casi seguro candidato del PRD en 2006, a pesar del amplio movimiento popular que lo respalda por el compromiso que ha expresado con políticas que antepongan los derechos de los mexicanos a las ambiciones de las multinacionales, pudiera en los meses previos a los comicios establecer compromisos con toda una serie de redes de intereses creados y entrar en un proceso de "lulalización" -de manera que al llegar a la Presidencia, al igual que el presidente brasileño Lula, no pudiese ya gobernar conforme a un programa y tuviera que someterse al capital trasnacional- es, por lo mismo, real. Y evitarlo depende en buena medida de la sociedad civil.
- López Obrador no representa hoy, desde luego, al salinismo, que lo ha combatido todos estos años, sino una propuesta diferente que tiene que definirse mejor, y que no podrá hacerlo sin la participación popular. El salinismo ha sido por tres sexenios el saqueo sistemático de la nación por las trasnacionales, la entrega de los sectores estratégicos de México a éstas y a una serie de traficantes de influencias, la confiscación de los derechos colectivos de los mexicanos, el desmantelamiento del Estado, la sumisión a Washington, la militarización de Chiapas, la instauración de un narcosistema de poder en el país, la corrupción sin límites. La propuesta de López Obrador no puede, por lo mismo, limitarse a compensar al pueblo con paliativos, como lo intentó hacer Salinas, que es lo que dicen los zapatistas por voz de Marcos, sino que tiene que comprometerse con un cambio estructural.
- El panorama para México es crítico, pues la gestión antisocial y antidemocrática de Fox no sólo ha empobrecido sin límites a los mexicanos y consolidado el poder de las trasnacionales y de una serie de traficantes de influencias sobre el Estado nacional, sino que ha logrado seguir cancelando, por la vía de los hechos, cuando no de las contrarreformas legales, derechos colectivos fundamentales del pueblo a la tierra, a la educación, a la salud, al trabajo, a la cultura, a la vivienda y a la seguridad social. Y, como si fuera poco, la ultraderecha foxista, en abierto contubernio con los propietarios de los medios masivos de comunicación, tiene una obsesión transexenal, por lo que está haciendo hasta lo imposible por imponer a su candidato para 2006.
- La resistencia social debe, en consecuencia, ser permanente e ir más allá de la coyuntura electoral, teniendo como prioridad acciones concretas de resistencia para lograr hacer valer la soberanía popular, rescatar a la nación y recuperar los derechos que los gobiernos neoliberales han confiscado a los mexicanos. De ahí la importancia que tiene definir un programa mínimo de acción que comprometa a todos los mexicanos, y no sólo a quienes aspiran a ser candidatos.
- La alerta roja de los zapatistas del 19 de junio de 2005 no debe entenderse, por lo tanto, únicamente como la convocatoria de la dirigencia del EZLN a las tropas insurgentes, a sus comandantes y responsables y a sus bases de apoyo para "una consulta interna" en vistas a entrar en una nueva fase de su lucha, como lo expresaban los dos comunicados del día 20, y el del 21, que se publica hoy. Ha de tener otra lectura, y es la de que constituye también un llamado a los mexicanos para resistir, de manera mucho más activa, a las políticas neoliberales del foxismo-salinismo que amenazan con perpetrarse por seis años más.
Es una alerta para todos, y a cada quien de entenderla.

El país y el EZLN
Guillermo Almeyra
LA JORNADA, Domingo 26 de junio de 2005
Con muy buen uso del tiempo y de los medios, el Ejército Zapatista de Liberación Nacional ha colocado nuevamente en el centro de la vida nacional, indirectamente, la cuestión social, rasgando la aburrida e intoxicante capa de comentarios sobre chismes y dimes y diretes, y los "sabios" comentarios sobre las palabras y silencios de los fantasmas y hechiceros que se mueven en el aquelarre político institucional. Saltando repentinamente del inocuo partido con el Inter a la alerta roja, obliga a todos a bajar a la tierra, a los problemas nacionales (o, al menos, al problema del EZLN).
Este gambito ajedrecístico-político no responde al peligro inmediato (aunque el mismo está siempre latente) de un ataque militar o paramilitar (que sólo un político o militar loco podría encarar en este momento particular de descomposición del aparato estatal y de prelecciones en el que, además, el gobierno no ha podido soportar la manifestación del 24 de abril y teme como a la peste cualquier movilización radical y politizada de masas, como sería la respuesta a un ataque a los zapatistas, así como la condena de la opinión pública mundial). Tampoco responde en lo inmediato, aunque lo tenga en cuenta, a algo mucho más serio, o sea, a la concepción de la frontera móvil de Estados Unidos (que abarca Chiapas) y al plan de Seguridad y Prosperidad que, so pretexto de la lucha contra los narcos y contra la delincuencia tipo Mara Salvatrucha, requiere como conditio sine qua non la eliminación del doble poder en Chiapas volviendo al "orden" de los cementerios. La movida es política y no el preludio de una suicida operación militar ofensiva, sino de una reorientación del EZLN, que hasta ahora era militar-político, para darle una forma más política que militar.
Ello se ve en las descripciones e invectivas de Marcos contra el establishment, poco antes de la alerta roja, y en el abandono de la línea acomodaticia con la "normalidad" aberrante que vivimos de la preparación del partido con el Inter. El sup, en efecto, hace una caracterización correcta (que inclusive es piadosa y se queda corta) de los tres partidos principales y de sus direcciones. Y centra sus baterías contra quien podría dar validez a estas elecciones que sólo ofrecen, en esencia, optar por el mismo perro neoliberal con distintos collares (azul, tricolor, amarillo) y llevar más gente a votar, o sea, contra el peligro principal para un movimiento que no es antisistémico pues no es partidario de una revolución social, pero es, en cambio, rebelde y políticamente alternativo.
Por eso exagera diciendo que López Obrador es el huevo de la serpiente, el espejo de Salinas, un fascista (cuando, en realidad, AMLO repropone la tradicional izquierda del PRI, decisionista, vertical, ligada al gran capital, conciliadora con Washington, aparatista y clientelar, pero no fascista). Marcos habla de López Obrador, y no de la gente del 24 de abril; de los partidos y no de los problemas nacionales ni de los movimientos sociales, o sea, del país real. Y de sus palabras se desprende que es antihigiénico y estúpido votar por esos partidos y candidatos. O sea, se abre el camino a las siguientes opciones o mezclas de ellas: a) a la abstención activa, con movilizaciones; b) la resistencia civil de masas; c) la preparación insurreccional, y d) la creación de un frente social y político bajo dirección zapatista (porque se rechazaron alianzas, o sea, compromisos, con movimientos sociales, indígenas o no).
La alerta roja fue declarada en frío y mediante una decisión militar y vertical, al igual que la clandestinidad, dejando repentinamente en el aire (y expuestos) a los voluntarios, internacionalistas, ONG, partidos extranjeros, autoridades de los caracoles, cuadros públicos del EZLN. El deslinde no es tal porque para los organismos represivos y el imperialismo la gente es lo que ha hecho y lo que ha dicho, no lo que deja de hacer. No se puede decir que las juntas de buen gobierno seguirán trabajando en la clandestinidad porque, por definición, son gérmenes de Estado, resultantes de asambleas y del consenso de sus comunidades. No se puede hacer clandestino durante un periodo, ni siquiera de meses, todo el aparato que asegura hace diez años la educación, la sanidad, la circulación solidaria de mercancías y ayudas, la organización. Si se había optado por la esperanza de que el gobierno chiapaneco ayudase a las comunidades (cosa que discutí en su momento), es porque en éstas hay necesidades que exigían apoyo exterior y porque éstas no se desarrollan en el vacío, sino que están sometidas a las leyes del mercado, aunque contenidas por las JBG, y a la presión de la migración (mercado de mano de obra).
La ruptura actual con las autoridades chiapanecas, aunque correcta, no modifica esos problemas. Porque la autonomía no se puede lograr en una región pobre, sino que debe ser conquistada en todo el país para que los indígenas en general y los zapatistas en particular (que son una parte de ellos) no se cocinen en su propia salsa, sino que tengan una fuerza mayor para imponer los acuerdos de San Andrés y sus reivindicaciones políticas y sociales que los aparatos del Estado (todos ellos) les han negado.
De la alerta roja, para dar fuerza al EZLN, debería surgir un frente social y nacional, con medidas de movilización y reivindicaciones políticas que respondan a lo que requieren los grandes ausentes del artículo de Marcos: los que se movilizaron el 24 de abril, los movimientos sociales, las experiencias autonómicas no dirigidas por los zapatistas. El país de "los de abajo" (que tiene una relación conflictiva con el de "los de arriba") necesita organizarse en torno a proyectos, grandes ideas, propuestas de soluciones a sus problemas nacionales y sociales. No sólo en torno a la solidaridad, por necesaria que ésta sea.

EZLN: un viraje fundamental
Guillermo Almeyra
LA JORNADA, Domingo 3 de julio de 2005
El viraje del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), resultante de la sexta Declaración de la Selva Lacandona, debe ser saludado con entusiasmo porque es importantísimo para las clases subalternas de este país y para el propio zapatismo. Ahora, con el aval que le otorga una votación masiva de las comunidades indígenas y la redacción por los propios comandantes de la primera parte de la sexta declaración (después reaparecen los chistes superficiales y el estilo de Marcos), el zapatismo chiapaneco hace un balance positivo de su lucha pasada, se deslinda en parte del aparatismo militar el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), aunque destaca que éste fue útil en su momento para el progreso y el avance de las comunidades, pero decide pasar a la construcción de un frente político y social indígena, obrero, campesino, estudiantil y popular que luche no sólo por las reivindicaciones indígenas en Chiapas sino también por cambiar la Constitución y por una alternativa para las clases subalternas del país.
No se gana nada con llorar por la leche derramada y con decir que esta resolución, si se hubiese tomado en años pasados, habría enriquecido a los movimientos sociales, dado referentes al movimiento juvenil y a los campesinos, debilitado la influencia nociva de los aparatos partidarios sobre ellos y la captación de dirigentes, y habría influido positivamente en la reorientación de la parte sana y de base del PRD contra su aparato burocrático, y el país entonces sería diferente y el EZLN estaría menos aislado y desgastado.
Lo que ahora cuenta es cómo encarar el frente propuesto, que no puede tener sólo ese título (como el Frente Zapatista, en el cual si no se está ciento por ciento de acuerdo no hay lugar para nadie, y que se limita a citar incansable y acríticamente a Marcos), sino que debe ser realmente abierto, plural, pluricultural, y debe construirse en torno a un programa común, de clase y nacional. Porque los indígenas chiapanecos se definen frente a las clases dominantes no como multitud ni étnicamente, sino como explotados, oprimidos, campesinos, y buscan un frente de trabajadores sobre la base de una política a la vez social, nacional y antimperialista. Y porque un frente se hace con quienes están de acuerdo en lo fundamental con esa línea, aunque en otros aspectos difieran en 10, 20, 25 o hasta 45 por ciento de las posiciones y métodos mayoritarios, ya que "frente" significa aliar matices diferentes, y "democracia" quiere decir garantizar las opiniones de la minoría de la organización.
La sexta declaración, contra todo lo que declamaron tantos, demuestra que los zapatistas no sólo construyen poder en las cabezas de sus bases y gérmenes de poder estatal en las juntas de buen gobierno y en sus experiencias autonómicas pluricomunitarias y pluriétnicas, sino que también disputan el poder, en el campo político, en la escala nacional (aunque no se orienten a la toma violenta del poder estatal). Ella demuestra también que no hay una muralla china entre la política (el cambio cotidiano de las relaciones de fuerza mediante la lucha de clases y cultural) y la política institucional, y que, si bien ésta corrompe, es posible manejar materias infectas si se utilizan guantes y precauciones y se sabe cómo hacerlo, subordinando lo institucional a los cambios reales en la relación de fuerzas y en la conciencia y organización de los oprimidos.
Un frente social, de hecho, es un "partido" en el sentido no burocrático de la palabra, es decir, una corriente de opinión organizada, con una dialéctica interna. Por eso debe excluir el sectarismo, el fundamentalismo, el verticalismo y el caudillismo para poder llegar a quienes, llevados por su experiencia negativa, rechazan los aparatos partidarios, que son corruptos y fuentes de corrupción.
Por eso el EZLN debería mencionar y recordar sus limitaciones y errores anteriores, y mostrar entonces a todos sus aliados y ex aliados, muchas veces ninguneados o maltratados, que sí ha dado un viraje. Pero, sobre todo, debería pasar de la retórica y las invectivas, que llenaban las cartas de Marcos y sin duda no eran discutidas por las bases indígenas, a los análisis y a la discusión abierta con todos los que son zapatistas desde antes del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) o desde la aparición misma de éste pero, no son fideístas y se permiten un "sí, pero...", que para el fiel suena a blasfemia.
No se puede hacer un frente con el propio reflejo en el espejo ni con clones: el frente se hace con sujetos, con gente que piensa. Bienvenidas sean entonces las diferencias de opinión táctica entre quienes tienen los mismos objetivos políticos estratégicos, porque dentro de una franja común debe haber espacio para una "geometría variable" de opiniones. Por último, sería peligroso que una legalización del zapatismo implicase el desarme o la aparición pública de todos los cuadros y estructuras, para que no pase lo que sucedió con el M19 colombiano, cuyos dirigentes legales fueron asesinados. Como en el MST brasileño, algunos dirigentes deberían ser públicos y otros no, y las estructuras deberían ser preservadas. Porque esta es otra batalla, pero la guerra es la de siempre.

Las dos campañas
Luis Hernández Navarro
LA JORNADA, Martes 5 de julio de 2005
En política no hay espacios vacíos. Cuando una fuerza abandona una franja del espectro para tratar de ocupar otra, el hueco que deja es ocupado irremediablemente por un grupo emergente. Eso es lo que parece estar sucediéndole al Partido de la Revolución Democrática (PRD).
Desde su nacimiento, el partido del sol azteca se convirtió en la principal corriente de izquierda en México. La mayoría de los grupos y partidos socialistas del país, incluidos algunos de los más radicales, se sumaron al proyecto. Gran cantidad de luchadores sociales buscaron allí cobertura, apoyo y coordinación para su actividad.
Sin embargo, el PRD ha abandonado en los hechos muchos de sus postulados originales. Más allá de sus declaraciones y de lo que muchos de sus militantes hacen todos los días, parte de sus legisladores, gobernantes y dirigentes partidarios se han desplazado hacia el centro de la geometría política. Su comportamiento y las posiciones que defienden se diferencian poco de otros agrupamientos. Su oposición al neoliberalismo es más retórica que práctica. El partido ha dejado libre un enorme hueco a la izquierda.
Ese corrimiento hacia el centro se ha profundizado a partir de la gran expectativa de triunfo electoral que el PRD tiene en las próximas elecciones presidenciales. Basada más en la popularidad de Andrés Manuel López Obrador que en un proceso de acumulación de fuerzas del partido, alimentada más por el crecimiento de un estado de opinión que por el crecimiento organizativo, la posibilidad de la victoria ha obligado al jefe de Gobierno de la ciudad de México a establecer compromisos con los factores reales de poder, o al menos a considerarlos a la hora de fijar su posición política.
Es así como a pesar de su origen, de su larga trayectoria como dirigente de importantes movilizaciones sociales, de su compromiso con los pobres, de su decisión de no permitir el fraude cometido con el Fobaproa, y de su convicción de que no hay que privatizar el sector energético, López Obrador ha declarado a la prensa internacional que su proyecto es de centro, se ha comprometido a no modificar la política macroeconómica, ha ofrecido una especie de inmunidad a los integrantes de la actual administración y no se ha preocupado por fomentar la construcción de organizaciones autónomas de ciudadanos. Sin un sólido tejido social que lo apoye abajo, el tabasqueño ha debido hacer acuerdos arriba.
Durante la lucha contra su desafuero, López Obrador fue, simultáneamente, el dirigente de un potente, pero inorgánico movimiento político transformador y precandidato presidencial; un dirigente social y un funcionario público. Pero, colocado en una difícil disyuntiva y con poderosos enemigos en contra, el tabasqueño optó por competir por la Presidencia de la República. Después de todo, la lógica del movimiento social es distinta a la de una campaña electoral.
El movimiento tiene una radicalidad que no conviene a quien aspira a ocupar un puesto de elección popular. Para ganar, un candidato debe obtener cuantos votos sea posible, y para ello requiere moderar su discurso. Por el contrario, un movimiento transformador genuino tiende naturalmente a la confrontación. Así las cosas, desmontada la ofensiva política en su contra, el Peje optó por disolver el movimiento al que convocó, moderar su discurso hacia las elites, terminar sus obras de gobierno, pactar alianzas con sectores medios y relanzar su plataforma electoral.
Existe, pues, en la izquierda del espectro político nacional un espacio "vacío". La fuerte crítica del EZLN al PRD y López Obrador (efectuada más con la rudeza del machete que con la precisión del bisturí) anuncia su intención de ocupar ese territorio abandonado. Un espacio que no es sólo ideológico, sino, sobre todo, político y social. Su apuesta, sin embargo, parece querer ir mucho más allá de su conversión en una corriente de izquierda alternativa de masas para transformarse en una fuerza constituyente. Su diagnóstico de la situación nacional prevé el colapso de la clase política en su conjunto, establecer un nuevo pacto social y refundar la nación desde abajo. Los rebeldes, según la Sexta Declaración de la Selva Lacandona, han asumido como su mandato la realización de estos objetivos.
Quien se asome a la realidad latinoamericana de los últimos 15 años verá que el horizonte rebelde está lejos de ser descabellado. Los movimientos populares anti-neoliberales en el continente han derrumbado presidentes, frenado privatizaciones y servido de telón de fondo para el triunfo de gobiernos progresistas. Son un factor de poder real. Su potencia nace de la energía social generada al calor de la movilización. Su convicción es que la única garantía de que se produzcan cambios a su favor proviene de la organización independiente y la lucha por modificar la relación de fuerzas.
La iniciativa zapatista de salir por todo el país para articular las resistencias al neoliberalismo constituye, de hecho, una campaña que corre de manera paralela a las campañas electorales de los partidos con registro. Una campaña no electoral que busca mostrar la posibilidad de hacer otra política. Se topa, sin embargo, con el peligro de que el ruido de los comicios en los grandes medios masivos de comunicación la vuelva inaudible e invisible para el público.
La campaña del EZLN chocará también con las expectativas de triunfo y de cambio que la candidatura de López Obrador ha levantado entre muchos sectores populares. Lejos de saludarla, intelectuales y líderes de opinión, que en el pasado apoyaron a los rebeldes, la ven hoy como divisionista.
La apuesta rebelde modificará la coyuntura y cambiará las reglas de la política en México. Más que el silencio, la respuesta que los sectores que se reclaman de izquierda debieran dar a la iniciativa es analizarla, criticarla y debatirla. Nuestra vida política nacional se enriquecería con ello.

LA JORNADA, Jueves 7 de julio de 2005
Adolfo Gilly/1
Navegar es necesario (Estudio de un documento)
1. "Alguien pregunta: ¿todavía eres marxista? Nunca antes ha sido tan extensa como hoy la devastación provocada por la búsqueda de la ganancia, según la define el capitalismo. Casi todo el mundo lo sabe. Cómo es entonces posible no hacerle caso a Marx, quien profetizó y analizó tal devastación. La respuesta sería que la gente, mucha gente, ha perdido sus coordenadas políticas. Sin mapa alguno, no saben a dónde se dirigen". Así escribe John Berger en un texto reciente, Dónde hallar nuestro lugar (en Ojarasca, junio 2005). El Ejército Zapatista de Liberación Nacional dice, en la Sexta Declaración de la Sierra Lacandona, que una vez más se va a lanzar a caminar, ahora por territorios para ellos apenas explorados y de los cuales tienen referencias amigas, pero no experiencias muy directas. Saben a dónde quieren dirigirse, pero el mapa de la ruta lo irán haciendo junto con otros en el camino. Razón de más para estudiar qué nos quisieron decir con su Declaración. Pues en su caminata ellos esperan encontrar abrigo y compañía.
Es como lanzarse a navegar, nada más que por tierra. En las montañas andinas al autobús que va de pueblo en pueblo lo llaman "flota" -"apúrate, mamá, que ya viene llegando la flota..."-, tal vez por misteriosas reminiscencias marinas de aquellas alturas. Se van a lanzar a navegar, pues, por los caminos. La Declaración y sus documentos preliminares son la preparación escrita de este andar.
2. Cuando uno va a partir en empresa semejante, no lo hace sin antes recapitular lo pasado: el mapa para un camino que no tiene mapas está en la memoria de lo vivido. Uno sí sabe a dónde quiere ir, lo que no tiene es el mapa preciso. La Sexta Declaración comienza diciendo lo que hasta ahora han hecho, contando para las comunidades indígenas y para todos su propia historia de estos años. Empieza entonces donde ésta empieza, en el ¡Ya Basta!:
"... nos levantamos en armas en enero de 1994 porque vimos que ya está bueno de tantas maldades que hacen los poderosos, que nos humillan, nos roban, nos encarcelan y nos matan, y nada que nadie dice ni hace nada". Por la humillación se inicia la insurrección, porque "ya no vamos a permitir que nos hacen menos y nos traten peor que como animales. [...] Nuestra pequeña historia es que nos cansamos de la explotación que nos hacían los poderosos y pues nos organizamos para defendernos y para luchar por la justicia".
Humillación y explotación , es decir, racismo y capitalismo entrelazados, son dos ideas clave que sustentan cuanto sigue en esta Declaración. La tercera es rebelión, insurrección, desquite, el nombre que se le quiera dar a la fulgurante acción principio de todo lo que vino:
"Entonces nos preparamos bien con la política y las armas y de repente, cuando los ricos están echando fiesta de Año Nuevo, pues les caímos en sus ciudades y ahí nomás las tomamos y les dejamos dicho a todos que aquí estamos, que nos tienen que tomar en cuenta."
Luego vino el apoyo, la gritadera de la gente de las ciudades que pudo parar la guerra, los diálogos, los acuerdos y otra vez, como en la historia inmemorial, los engaños y las traiciones de los gobiernos, la paciencia y la espera indígenas, la unión con los "otros pueblos indios de México" y, también, los encuentros internacionales en territorio zapatista.
Después fueron las marchas, las consultas nacionales, la Marcha por la Dignidad Indígena de inicios de 2001, apoyada por millones, hasta el Congreso de la Unión. Todo lo que se podía hacer, se hizo. Pero no: el Congreso se negó a reconocer esos derechos y aprobó una ley tramposa: "O sea que ese día que los políticos del PRI, PAN y PRD aprobaron una ley que no sirve, pues lo mataron de una vez al diálogo".
Entonces, "desde mediando el 2001 hasta mediando el 2005", se dedicaron, explica la Declaración, a cumplir solos, por su lado, en territorio zapatista, lo que dicen "los Acuerdos de San Andrés en lo de los derechos y cultura indígenas" y formaron las Juntas de Buen Gobierno:
"Este modo de gobierno autónomo no es inventado así nomás por el EZLN, sino que viene de varios siglos de resistencia y de la propia experiencia zapatista, y es como el autogobierno de las comunidades."
Cuenta entonces la Declaración los problemas, las dificultades, los apoyos, los logros ("aunque todavía falta un buen tanto para lo que debe de ser") y explica sobre la tarea silenciosa de esos años:
"Bueno, pues nosotros los zapatistas del EZLN nos dedicamos ese tiempo a nuestra fuerza principal, o sea a los pueblos que nos apoyan." Pero también, agregan, "lo que pasó en este tiempo es que nuevas generaciones renovaron toda nuestra organización" y en esos 12 años "los comités han estado preparando toda una nueva generación de comandantes y comandantas [...] insurgentes, insurgentas, milicianos, milicianas, responsables locales y regionales, así como las bases de apoyo que eran jóvenes en el inicio del alzamiento, son ya hombres y mujeres maduros, verdaderos combatientes y líderes naturales en sus unidades y comunidades". Y además quienes entonces eran niños ahora son jóvenes y "estos jóvenes tienen una formación política, técnica y cultural que no teníamos quienes iniciamos el movimiento zapatista".
Esta recapitulación de la propia historia, como todo el documento, parece estar destinada en primer lugar a las propias comunidades, a ser leída y releída, comentada y platicada, reconocida y recordada y pormenorizada con más detalles ("¿y te acuerdas aquella vez cuando...?") por los lectores, escuchadores y comentadores colectivos. Comienza por la insurrección y sus prolegómenos en donde tomaron la decisión y esta vez no, como en otras historias dirigidas a otras audiencias, con la larga y silenciosa tarea preparatoria del grupo guerrillero que años antes se internó en la selva.
Quien tiene idea de cómo se organizan las fuerzas de un movimiento para lanzarse a una lucha incierta -e inciertas son en sus inicios todas las grandes luchas- sabe que es preciso primero asegurar la comprensión, la solidez interior, la confianza en si misma de la fuerza inicial, del entramado humano ya existente y probado del propio movimiento. Requiere pues explicar, discutir, recapitular, razonar entre todos, no nomás lanzar directivas desde arriba o "bajar línea", como se dice en jerga de activista.
Cuando uno va a partir, recapitula entre todos lo andado y deja a su gente, en el puerto o en el poblado, al mejor reparo que pueda tener. Esa tarea no se improvisa ni se deja al azar. Seguros de sí mismos, y no desarmados, tienen que quedar los que organizados en sus pueblos permanecen mientras los otros parten, ahora que "llegó la hora de arriesgarse otra vez y dar un paso peligroso pero que vale la pena". El Congreso no sirve, los partidos tampoco, la soledad no es buena, el encierro tampoco: "Un nuevo paso en la lucha indígena sólo es posible si el indígena se junta [...] con los trabajadores de la ciudad y el campo".
A razonar y explicar los fundamentos y el contenido de ese paso está destinada la parte sucesiva de esta Sexta Declaración.
3. Cuando uno va a partir, estudia las costas conocidas, averigua las corrientes y los vientos, pregunta al cielo por el estado del mar y, a quienes saben, por los peligros y las sorpresas que lo esperan. Pero sobre todo se asegura de llevar consigo los buenos instrumentos de navegación. Una lectura atenta de la Sexta Declaración me dice que, en este caso, esos instrumentos existen. Bien utilizados, deberán permitir lo principal en cualquier lucha: no equivocarse de enemigo.
En la descripción del mundo y del país, la Declaración pinta una inconfundible raya roja y negra: el enemigo es el capitalismo y éste no es un conjunto de personas, sino "un sistema social , o sea una forma como en una sociedad están organizadas las cosas y las personas, y quien tiene y quien no tiene, y quien manda y quien obedece". Los que tienen grandes riquezas "las obtienen de explotar el trabajo de muchos. O sea que el capitalismo se basa en la explotación de los trabajadores ". Entonces:
"Al trabajador no le pagan cabal lo que es su trabajo, sino que apenas le dan un salario para que coma un poco y se descanse un tantito" y al otro día vuelva al "explotadero". Esta palabra, "explotadero", es una definición, porque al parecer deriva del nombre popular del lugar donde se trabaja, el trabajadero, nada más que ahora es también el lugar donde se explota, el explotadero.
De estas ideas fundadoras, explotación y plustrabajo , enunciadas en el párrafo anterior, la Declaración pasa a otros dos conceptos clave para explicar la dinámica del capital: el despojo y la violencia .
"Y también el capitalismo hace su riqueza con despojo , o sea con robo, porque les quita a otros lo que ambiciona, por ejemplo tierras y riquezas naturales. [...] Y además de explotar y despojar , el capitalismo reprime porque encarcela y mata a los que se rebelan contra la injusticia."
De allí, la Declaración lleva a sus lectores a la mercancía:
"El capitalismo todo lo convierte en mercancía , hace mercancías a las personas, a la naturaleza, a la cultura, a la historia, a la conciencia. Según el capitalismo, todo se tiene que poder comprar y vender. Y todo lo esconde detrás de las mercancías para que no veamos la explotación que hace. "
Las mercancías, a su vez, no son lo que aparentan o lo que dicen ser, sino un fetiche escondedor y engañador:
"Y entonces las mercancías se compran y se venden en un mercado. Y resulta que el mercado, además de servir para comprar y vender, también sirve para esconder la explotación de los trabajadores. [...] O sea que en el mercado vemos mercancías, pero no vemos la explotación con la que se hicieron."
Extender explotación, despojo, represión y mercancías, es decir, extender el capitalismo, en superficie y en profundidad, a todos los territorios geográficos y humanos del globo terráqueo, es lo que se llama "globalización neoliberal", agrega el documento:
"O sea que el neoliberalismo es como la teoría, el plan pues, de la globalización capitalista. Y el neoliberalismo tiene sus planes económicos, políticos, militares y culturales", que consisten en imponer y mandar en "un mercado mundial, un mercado para comprar y vender todo lo del mundo y para esconder toda la explotación de todo el mundo ". Por eso, "la globalización neoliberal es una guerra de conquista de todo el mundo, una guerra mundial".
Además de tratar de eliminar a los indígenas pues "estorban a la globalización neoliberal" porque "no producen ni venden las mercancías de la modernidad" y encima se rebelan, "el capitalismo neoliberal también quita las leyes que no lo dejan hacer muchas explotaciones y tener muchas ganancias": las leyes sociales, las regulaciones sobre los movimientos y las ganancias del capital, los derechos de los trabajadores, las tierras ejidales y comunales -es decir, el artículo 27-, las propiedades públicas como la energía y el petróleo:
"Entonces, como quien dice que resumiendo, el capitalismo de la globalización neoliberal se basa en la explotación, el despojo, el desprecio y la represión a los que no se dejan. O sea, igual que antes, pero ahora globalizado, mundial".
Pero resulta que los que no se dejan son muchos y "hacen resistencias", y "no sólo en un país sino que donde quiera abundan, o sea que, así como hay una globalización neoliberal, hay una globalización de la rebeldía . [...] Y vemos todo esto en todo el mundo y ya nuestro corazón aprende que no estamos solos ".
Con esta concepción teórica del mundo del capital, de la explotación y de las luchas, escondida en la desconcertante dulzura de la traducción literal al castellano de modos de los idiomas indígenas, la Sexta Declaración traza un cuadro muy preciso de la situación -es decir, se sitúa, se ubica y dice, entonces, que ese es el punto de partida del programa que, junto con otras y otros, propone elaborar.
En ese cuadro coloca después el análisis y la descripción de la situación mexicana. Es trasparente y no creo necesario repetirlo aquí. Sólo subrayar que una y otra vez insiste en otras dos palabras: experiencia y organización , organización y experiencia, es decir, la herencia intangible que cada generación recibe, recicla y enriquece, a su modo y con sus broncas, en la nueva situación que le tocó vivir.

LA JORNADA, Viernes 8 de julio de 2005
Adolfo Gilly /II y última
Navegar es necesario (Estudio de un documento)
4. Grandes interrogantes se han planteado muchos, en estos días, sobre las dos últimas partes de la Sexta Declaración de la Selva Lacandona, "lo que queremos hacer" y "cómo lo vamos a hacer". Cada uno tiende a interpretarlas en función de sus propias inquietudes, preguntas y deseos: el conocido y natural "efecto espejo".
Me parece que, hasta donde lo tienen claro, lo dicen claro. Aparte de las acciones simbólicas de solidaridad con tantos que en su momento fueron solidarios o están luchando, lo que se proponen es "un acuerdo con personas y organizaciones de mero izquierda", y con ellas hacer "un plan para ir a todas las partes de México donde hay gente humilde y sencilla como nosotros" y "preguntarles cómo es su vida, su lucha, su pensamiento, de cómo está nuestro país y de cómo hacemos para que no nos derroten". Entonces "tal vez encontramos un acuerdo [...] y juntos nos organizamos en todo el país", y unimos "nuestras luchas que ahorita están solas, apartadas unas de otras, y encontramos algo así como un programa que tenga lo que queremos todos" y un plan de "cómo vamos a conseguir que ese programa se cumpla".
A eso la declaración le llama "un programa nacional de lucha, pero un programa que sea claramente de izquierda, o sea anticapitalista, o sea antineoliberal, o sea por la justicia, la democracia y la libertad para el pueblo mexicano", que tenga en cuenta "las demandas del pueblo mexicano, como son: techo, tierra, trabajo, alimento, salud, educación, información, cultura, independencia, democracia, justicia, libertad y paz". Y, además, "una nueva Constitución que reconozca los derechos y libertades del pueblo y defienda al débil frente al poderoso".
Estando escrito tan claro (del mismo modo como está escrito que no dejan las armas: ver el comunicado sobre la restructuración de los mandos del EZLN), me resulta extraño tanto ir y venir de interpretaciones y deducciones sobre qué se proponen, qué se traen y adónde nos quieren llevar.
Este "adónde" lo dicen muy claro, y también el "con quién" y el "contra quién". Pero el "cómo" y el "por dónde" es lo que, según explica la Sexta Declaración, se proponen averiguar en el trayecto: "si por mar en un buque de guerra, si por tierra en un tren militar", habría agregado el corrido aquel.
Yo además creo que, como decía la frasecita clásica, todavía "falta lo que falta". Entre otras cosas, que ahora hablen otros y cuenten también sus historias y sus triunfos y sus derrotas y sus empates y de por qué fue así y no de otro modo y de cómo se pudo una vez y otra vez no se pudo y de cómo no hay que tanto andar buscándonos culpas mutuas sino trayendo memorias y aprendiendo experiencias.
Escuchar entonces, escuchar el uno al otro y el otro al uno, escuchar a cuantos vengan y tengan algo que decir. Escuchar es respetar y sin respeto al otro y a la otra ni siquiera a sí mismo uno se respeta: La pace fra gli oppressi, la guerra all'oppressor, según la canción de los anarquistas italianos en los inicios del siglo pasado.
El EZLN, dice la declaración, "enviará una delegación de su dirección para hacer este trabajo en todo el territorio nacional y por tiempo indefinido". También esto está claro: serán dirigentes responsables de lo que hacen y de a qué se comprometen. Encontrarán, creo, fraternidad y solidaridad y, espero, no mando ni obediencia, sino acuerdos entre libres y entre iguales cuya ley es que la palabra empeñada se respeta. Encontrarán también, de esto sí estoy seguro, peligros, asechanzas y amenazas. Lo saben y al anunciarlo a todos se están tomando el riesgo.
"Pero mientras lo piensan -concluye el documento- les decimos que hoy, en el sexto mes del año 2005, los hombres, mujeres, niños y ancianos del Ejército Zapatista de Liberación Nacional ya nos decidimos y ya suscribimos esta Sexta Declaración de la Selva Lacandona".
En términos militares: una vez más -y por sorpresa, único modo de lograrlo- los zapatistas se lanzaron a romper el cerco. Se adelantaron así a la amenaza inminente que tendía sobre las comunidades indígenas y sobre ellos el Gran Acuerdo de las Grandes Cúpulas, después del reality-show de todos conocido, para el restablecimiento neoliberal del orden antes de que termine este sexenio.
Romper el cerco es siempre un momento de peligro, para los que salen y para los que se quedan. Romper el cerco es para ambos, una vez más, poner el cuerpo: necesidad manda, compromiso obliga.
Como en enero de 1994, como en la Consulta, como en la Marcha del Color de la Tierra, como en otras ocasiones, esta empresa requiere apoyo, discusión, intervención y, sobre todo, organización de otras fuerzas e iniciativas convergentes. Una vez más, y a ver cómo resulta.
Decían los antiguos marinos del Mediterráneo: "Navegar es necesario, vivir no". Entonces, pues, una vez más a navegar, hasta encontrar buen puerto.
5. Describe John Berger, en Dónde hallar nuestro lugar, lo que él llama "el tiempo digital":
"Es el tiempo del presente guardado aparte del pasado y el futuro. En su interior sólo el presente tiene carga, los otros dos carecen de gravedad. El tiempo ya no es una matriz sino una única columna de unos y ceros. Un tiempo vertical sin nada que lo circunde, excepto la ausencia. [...] Con un solo presente, dentro del tiempo digital no puede hallarse ni establecerse localización alguna".
Dónde, entonces, encontrar nuestro lugar. Hay que buscarlo en nuestros propios órdenes del tiempo, el del altiplano boliviano, el de los indígenas ecuatorianos, el de los barrios de París y de las ciudades italianas, los de los varios tiempos de esta infinita tierra mexicana. Así lo dice John Berger:
"Tomemos nuestras coordenadas de otro sistema temporal. Lo eterno, según Spinoza (que fue el filósofo más querido de Marx) es ahora. No es algo que nos aguarde, sino algo que encontramos durante esos breves y no obstante intemporales momentos donde todo embona con todo y ningún intercambio es inadecuado".
Ciudad de México, 6 de julio de 2005

Apuestas y riesgos en la Sexta Declaración de la Selva Lacandona
Neil Harvey
LA JORNADA, Domingo 10 de julio de 2005
De nuevo los zapatistas han tomado la iniciativa política en la lucha por la democracia, la libertad y la justicia. La Sexta Declaración de la Selva Lacandona reafirma los planteamientos centrales de su postura política a lo largo de los recientes 11 años. Estos son: la defensa de la memoria contra el olvido, la construcción de una nueva patria contra la destrucción neoliberal y el ejercicio de nuevas formas de hacer política contra el modelo partidista dominante.
Como en las cinco declaraciones anteriores, los zapatistas proponen una serie de acciones concretas para avanzar en estos objetivos: la realización de nuevos encuentros intercontinentales en contra del neoliberalismo y por la humanidad, una campaña nacional para construir un programa de izquierda y una nueva Constitución, así como la promoción de nuevas prácticas políticas como las que están impulsando en Chiapas los propios zapatistas en sus juntas de buen gobierno y concejos autónomos.
Cabe señalar que estos planteamientos son producto de la misma evolución del zapatismo desde su Primera Declaración de la Selva Lacandona. El "¡Ya basta!" de aquel 31 de diciembre de 1993 tuvo tres destinatarios principales: el Ejército federal, "pilar básico de la dictadura que padecemos", contra el cual el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) declaró la guerra; los poderes Legislativo y Judicial, a quienes pedía destituir al titular ilegítimo del Poder Ejecutivo, y a la población mexicana, con la invitación de sumarse a la lucha insurgente.
Como sabemos, la guerra oficial duró 12 días, el Ejecutivo no fue destituido y gran parte de la población aceptó las demandas, pero no los métodos del EZLN. Sin embargo, de esta primera declaración quedaron varios elementos que han caracterizado al zapatismo hasta la fecha. Por ejemplo, la reivindicación de la memoria (el comunicado empieza con el recordatorio de que "somos producto de 500 años de luchas"), la vinculación de su lucha social con el patriotismo mexicano (que tiene la función de evitar que sus demandas sean reducidas a un ámbito local), y la afirmación de que la aplicación de las leyes debe reflejar la voluntad del pueblo y no la arbitrariedad del Estado (la referencia al artículo 39 constitucional fue repetida en varias de las declaraciones posteriores). Por su parte, el llamado a la guerra de la primera declaración no volvió a aparecer en ninguna de las siguientes y, de hecho, quedó rebasado por la forma en que reaccionó la sociedad civil.
La lucha pacífica fue claramente privilegiada en la segunda declaración, emitida en junio de 1994 en el contexto del proceso electoral de aquel año. En ésta los zapatistas rechazaron la oferta gubernamental surgida de los primeros diálogos de paz en febrero, debido a la falta de respuesta a demandas de carácter nacional. En ese momento, el EZLN convocó a todas las organizaciones sociales y políticas a participar en una nueva Convención Nacional Democrática (CND), con el fin de elaborar una nueva Constitución mediante la elección de una asamblea constituyente.
En esta misma declaración los zapatistas empezaron a formular su concepto alternativo del poder, diciendo que "el problema del poder no será quién es el titular, sino quién lo ejerce. Si el poder lo ejerce la mayoría, los partidos políticos serán obligados a confrontarse a esa mayoría y no entre sí". Sin embargo, la CND no logró cuajar, debido, en gran parte, a las disputas por su dirección, pero también por el contexto adverso que se abrió con la ofensiva del Ejército federal en febrero de 1995. Justo un mes antes, el EZLN había emitido la tercera declaración, en la cual convocó a la CND y a los simpatizantes del cardenismo a construir, junto con los zapatistas, un nuevo frente de lucha (encabezado por el ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas), llamado el Movimiento de Liberación Nacional (MLN). De nuevo, esta declaración enfatizó la defensa de la nación, la centralidad de la memoria y la necesidad de impulsar la transición a la democracia, en la cual se incluyen de manera explícita los derechos de los pueblos indígenas a gobernarse de acuerdo con sus propias "razón y voluntad".
Al igual que la CND, el MLN no logró consolidarse, aunque en niveles más locales estas dos iniciativas tuvieron un impacto más positivo, sobre todo cuando se presentó un objetivo más concreto y de corto plazo. Me refiero a la primera consulta nacional que el EZLN organizó en agosto y septiembre de 1995 sobre el camino que debe seguir su lucha. Uno de los resultados de esta consulta fue la organización y consolidación de más de 200 Comités Civiles de Diálogo en todo el país, demostrando que las organizaciones locales y regionales eran capaces de responder a la convocatoria zapatista. Resulta que esta movilización de base tuvo un impacto muy importante en legitimar y defender al EZLN durante las negociaciones con el gobierno en San Andrés, entre octubre de 1995 y febrero de 1996.
Fue sobre esta base y esta experiencia de acercamiento que los zapatistas convocaron, en la cuarta declaración (publicada el primero de enero de 1996), la formación del Frente Zapatista de Liberación Nacional (FZLN). Lo novedoso de esta declaración fue la propuesta de que el frente deba constituirse en una fuerza política "que no aspire a la toma del poder. Una fuerza política que no sea un partido político (...) Una fuerza política nacida de los Comités Civiles de Diálogo". Aunque todavía se hablaba del MLN, en los siguientes dos años se hizo evidente la división entre el camino de la democracia electoral y el camino del zapatismo. Las reformas electorales de 1996 y las derrotas del PRI en los comicios de 1997 llevaron a gran parte del cardenismo a las filas del PRD, mientras los votantes empezaban a creer que era posible que por fin el PRI pudiera perder la Presidencia en 2000. Con la atención puesta en las candidaturas y las elecciones, la crisis chiapaneca perdió su lugar en la agenda nacional. No fueron aplicados los acuerdos de San Andrés sobre Derechos y Cultura Indígenas, creando el contexto de abandono en el cual los paramilitares atacaban impunemente a los simpatizantes del zapatismo. La matanza de Acteal, en diciembre de 1997, y las acciones policiaco-militares en los meses siguientes, obligaron una nueva respuesta de los zapatistas.
En junio de 1998 el EZLN rompió el silencio con su Quinta Declaración de la Selva Lacandona. De nuevo los zapatistas se comprometieron a la lucha pacífica y el diálogo con la sociedad. Afirmando que "es el tiempo de que hable la paz", esta declaración anunció una nueva iniciativa en apoyo a los derechos indígenas. A diferencia de las declaraciones anteriores, la quinta no hizo un llamado a crear un nuevo frente nacional, sino puso el acento en la movilización social mediante una consulta popular, método que había arrojado resultados positivos en 1995. De nuevo, este llamado fue ampliamente recogido y dio lugar a la Consulta Nacional por el Reconocimiento de los Derechos de los Pueblos Indígenas y Por el Fin de la Guerra de Exterminio, celebrada en marzo de 1999. El mismo documento todavía expresaba la esperanza de que los legisladores miembros de la Comisión de Concordia y Pacificación (Cocopa) pudieran lograr un consenso para hacer valer los acuerdos de San Andrés en una reforma del marco constitucional.
Sin embargo, ni el cambio en el Poder Ejecutivo en 2000 logró concretar dicha reforma. Aunque los zapatistas mantuvieron la capacidad de movilizar a miles de personas en su marcha a la capital, en marzo de 2001, el Congreso aprobó una reforma muy limitada, lo cual tuvo el efecto de cancelar la posibilidad de avanzar en la solución del conflicto en Chiapas. Desde ese momento, los zapatistas se dedicaron más a la construcción de sus propias formas de gobierno, llegando en 2003 a la conformación de las cinco regiones autónomas y sus respectivas juntas de buen gobierno. Mientras tanto, se hizo muy evidente la separación entre el zapatismo y todos los partidos políticos. El creciente escepticismo de los votantes, aunado a los videoescándalos y la corrupción, forma parte del contexto reciente en el cual el EZLN de nuevo busca resistir el olvido y retoma la necesidad de vincularse con las luchas de otros sectores nacionales e internacionales.
En la sexta declaración los zapatistas reconocen lo riesgoso de su nueva iniciativa. Es una apuesta a la unidad con las personas que comparten las mismas carencias y que no encuentran opciones en los partidos existentes. La decisión fue tomada para que las luchas indígenas tengan mayores posibilidades de desarrollarse al unirse con otros sectores en contra de la prolongación del neoliberalismo. La unidad que se logre debe servir para fortalecer tanto al zapatismo como a los otros grupos y personas que decidan entrar en alianza. Sin duda es una apuesta grande, pero esto es algo constante del zapatismo desde sus orígenes. Si la campaña nacional logra abrir espacios de diálogo con el resto de la sociedad, será más difícil que los partidos políticos ignoren las discusiones y propuestas que vayan surgiendo. Retomando lo expresado en la segunda declaración (junio de 1994), la campaña nacional representará un aporte muy positivo si los partidos se sienten presionados a confrontar las demandas populares en vez de ocuparse de sus imágenes y disputas entre sí.
Como cualquier apuesta, conlleva varios riesgos. Tomando en cuenta la historia de las apuestas anteriores, podemos señalar por lo menos dos riesgos principales. Primero, ¿cuáles son las implicaciones de esta campaña para seguir avanzando en la consolidación de las regiones autónomas y las juntas de buen gobierno? Estas estructuras de autonomía son los logros más importantes del zapatismo. Sin embargo, como reconoció el subcomandante Marcos el año pasado en su texto "Leer un video", hay dos fallas grandes que merecen la atención: el lugar de las mujeres en la dirección de las juntas y los concejos autónomos, y la relación entre la estructura político-militar del EZLN y las autoridades civiles de las regiones y municipios zapatistas. La campaña nacional debe buscar maneras de ayudar a superar estos dos problemas. Para ello es importante incluir en los diálogos la comparación de diversas experiencias de luchas sociales para ir aprendiendo cómo pasan las mujeres de la participación de base a los puestos de dirección política. Al mismo tiempo, es necesario discutir las lecciones que existen sobre los retos de practicar esa "nueva forma de hacer política", pero que muchas veces topa con las prácticas autoritarias que han servido mucho al Estado y los partidos políticos, y muy poco a la "gente sencilla y humilde". La campaña debe servir no solamente para elaborar un programa nacional de lucha, sino también a encontrar soluciones prácticas a los problemas y contradicciones de esa misma lucha.
El segundo riesgo tiene que ver con la dirección de la campaña y las experiencias ya vividas, sobre todo la de la CND en 1994-95. La sexta declaración busca otro modelo de organización, y lo más positivo de las iniciativas anteriores ha sido la experiencia de las consultas nacionales realizadas en 1995 y 1999. Los comités locales y la coordinadoras regionales dejaron muchas lecciones sobre las ventajas y problemas de esta forma de organización nacional "desde abajo". Los resultados fueron mucho más positivos que los intentos de unidad de organizaciones nacionales y deben servir como punto de referencia básica para la nueva campaña. Una iniciativa nacional con estas características ayudaría a reducir el riesgo de que se pierda el tiempo y la energía que podrían ser destinados a proyectos más locales.
La sexta declaración es, como las cinco anteriores, un manifiesto contra el olvido y por un futuro con paz y dignidad. Reafirma el compromiso de los zapatistas con la lucha pacífica e invita a la población a participar en la construcción, desde la izquierda, de alternativas económicas y políticas para el país. Su reto principal no es crear un nuevo frente con nombre y dirección nacional, sino tejer una nueva red de personas y grupos que puedan aportar sus experiencias de lucha para que los riesgos de esta iniciativa sean minimizados mientras sus apuestas sean acertadas.
* Historiador inglés, catedrático de la Universidad de Las Cruces, Nuevo México, autor de La rebelión de Chiapas (Ed. Era) nharvey@nmsu.edu

EZLN: reforma, insurrección y rebeldía
Marcos Roitman Rosenmann
LA JORNADA, Sábado 16 de julio de 2005
Desde hace 12 años el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) ha provocado un cisma en la izquierda latinoamericana y occidental. Sus propuestas son osadas y rompen moldes, hasta el extremo de ser consideradas herejías por quienes dicen estar compartiendo sus anhelos de libertad, democracia con justicia y dignidad. Me refiero a la izquierda institucionalizada. Sus dirigentes consideran al EZLN una organización molesta e irreverente, por la descalificación de sus formas de actuar. Por esta razón sus representantes toman distancia y se enfrentan, como sucedió con la aprobación de una ley indígena pactada al margen de los acuerdos de San Andrés. No sin razón, el EZLN, en su Sexta Declaración de la Selva Lacandona, señala: "los políticos que son del partido PRI, del partido PAN y del partido PRD se pusieron de acuerdo entre ellos y nomás no reconocieron los derechos y la cultura indígena. Eso fue en abril de 2001 y ahí los políticos demostraron claro que no tienen nada de decencia y son unos sinvergüenzas, que sólo piensan en ganar sus buenos dineros como malos gobernantes que son... O sea que ese día que los políticos de PRI, PAN y PRD aprobaron una ley que no sirve, pues mataron de una vez el diálogo y claro dijeron que no importa lo que acuerdan y firman porque no tienen palabra". Pero si al PRD no le gusta que lo metan en el mismo saco que el resto de los partidos, a la derecha, PRI y PAN, le supone un revés en su proyecto de vender el país a las trasnacionales. Así, el EZLN, organización político-militar, se transforma en un sujeto político no deseado. Su existencia es un peligro para el capitalismo trasnacional de organización neoliberal y para una izquierda progresista.
Por otro lado, el EZLN se enfrenta y está inmerso en una sociedad racista, con un poder político obcecado en su aniquilamiento físico, su derrota militar y su disolución. Bajo estas coordenadas transcurre su quehacer. Es una resistencia continua enfrentando cárcel, provocaciones, matanzas (Acteal, 1997) y la descalificación de su portavoz y comandancia. En estas condiciones no resulta fácil mantener, por más de una década, una organización político-militar. Enfrente tiene un sistema que despliega día a día su aparato represivo e institucional-legal para su destrucción total. Minar y ejercer presión sobre sus bases de apoyo, las juntas de buen gobierno y, en particular, a su militancia, es la estrategia. Desgastar hasta obtener la rendición político-militar es el punto de mira. Aun con este handicap, el EZLN ha sido capaz de impulsar, proponer alternativas y recuperar para una nueva izquierda mundial los valores éticos asentados en una conducta ejemplar que refuerza convicciones y renueva la lucha contra el neoliberalismo y en defensa de la humanidad.
Si el alzamiento zapatista del primero de enero de 1994 concitó la solidaridad de partidos políticos y de las gentes bien nacidas, fue por la extrema virulencia con la cual respondió el gobierno del PRI y por evitar un etnocidio. Gracias a la respuesta inmediata, retrocedió en su deseo de aplicar la solución final. Sin embargo, para muchos la insurrección y las armas eran incompatibles con una transición democrática. Y lo más curioso, que para el propio EZLN también. El ¡Basta ya!, muestra un potencial que une dos tradiciones hasta ese momento incompatibles: insurrección y reforma. Si algo es evidente, son sus principios: cambio de legalidad, transformación de la institucionalidad vía la reforma constitucional, conquistar las libertades políticas para toda la sociedad mexicana, defender la propiedad nacional de los recursos y las riquezas naturales, y todo ello realizarlo sin el recurso de las armas, debiendo callar y dejar paso a un proceso de refundación política de la nación y la ciudadanía. Su convocatoria a quienes creen en la vía pacífica y están dispuestos a pactar un nuevo orden fue a la primera convención democrática, en 1994. En este sentido, el EZLN toma distancia de las experiencias político-militares de liberación nacional en El Salvador y Guatemala, cuya debacle viene precedida de una concepción vanguardista y de la posterior renuncia a la lucha antimperialista y abdicación a construir un proyecto alternativo al capitalismo global.
Sin embargo, tras 12 años de luchas, el alzamiento del EZLN corrobora una afirmación incuestionable desde la independencia: las reivindicaciones democráticas en América Latina forman parte de la historia y de las luchas de clases populares y dominadas. Por ello la insurrección llena de rebeldía es una forma de protesta democrática frente a las estructuras neoligárquicas, en las cuales prima el ejercicio de la violencia y la exclusión en el proceso de toma de decisiones. Sus demandas hablan por sí solas: trabajo, tierra, techo, alimentación, salud, educación, independencia, libertad, democracia, justicia y paz.
Lamentablemente, las clases dominantes no están dispuestas a conceder derechos democráticos y no dudan en romper la institucionalidad cuando ven amenazado su disfrute omnímodo del poder. Sin rubor, han impuesto tiranías asesinando a lo más granado de sus ciudadanos. Una parte de la sociedad es exterminada bajo el eufemismo de guerra antisubversiva, anticomunista o antiguerrillera. Dirigentes sindicales y políticos, jóvenes, niños, estudiantes, profesionales, indígenas, campesinos y obreros engruesan la lista de ejecutados, detenidos-desaparecidos, torturados y exiliados. Sin apego a valor humano, justifican los horrores como imperativo de la guerra sucia. Imbuidas del odio racial y de un desprecio hacia la justicia social, construyen un mundo del cual se sienten amos. Educados en Londres, París o Nueva York, hablan idiomas extranjeros, consumen productos importados y reniegan de su identidad. Para sus intereses, los pueblos indios sirven para ser estudiados como culturas primitivas y expuestos en museos antropológicos. Considerados ignorantes y pendencieros, nada bueno puede salir de sus cabezas, menos aún construir alternativas y convertirse en protagonistas. Su lugar es el infierno y la sumisión de por vida.
Hoy, la realidad es otra. El EZLN abre brecha y presenta a su sociedad un quehacer para crear futuro. Así, la dimensión del presente se alarga hasta modificar el escenario del conflicto y poner en entredicho a quienes rechazan una alternativa al orden neoliberal. Pero desde 1994 el EZLN viene siendo un movimiento político-militar que anuncia los cambios. Reforma, insurrección y rebeldía contra la explotación, se unen para dar consistencia y develar el sentido de las revoluciones sociales del siglo XXI. Demos la bienvenida a la Sexta Declaración de la Selva Lacandona.

Immanuel Wallerstein “Los zapatistas: la segunda etapa”
LA JORNADA, Martes 19 de julio de 2005
Desde 1994 la rebelión zapatista en Chiapas ha sido el movimiento social más importante del mundo, el barómetro y el disparador de otros movimientos antisistémicos por todo el planeta. ¿Cómo puede ser que un pequeño movimiento de indígenas mayas en una de las regiones más pobres de México pueda desempeñar un papel tan importante? Para contestar eso debemos hacer el recuento de los movimientos antisistémicos en el sistema-mundo desde 1945.
De 1945 a mediados de los sesenta, por lo menos, los movimientos antisistémicos (o Vieja Izquierda) -los partidos comunistas, los partidos socialdemócratas, los movimientos de liberación nacional- crecieron y llegaron al poder en una amplia gama de estados. Había revuelo en torno a ellos. Pero justo cuando parecía que estaban en la cúspide de un triunfo universal se toparon con dos impedimentos: la revolución mundial de 1968 y el renacimiento de la derecha en el orbe.
Por supuesto, los revolucionarios mundiales de 1968 protestaban por todas partes contra el imperialismo estadunidense, pero también contra los movimientos de la Vieja Izquierda. Para los estudiantes y trabajadores implicados en los movimientos del 68, los movimientos de la Vieja Izquierda habían llegado al poder, sí, pero no habían cumplido las promesas de transformar el mundo en una dirección más igualitaria, más democrática. El anhelo continuaba. Los sesentayocheros crearon nuevos movimientos (los verdes, los feministas, los identitarios), pero ninguno fue capaz de atraer el respaldo masivo que habían adquirido los movimientos tradicionales en el periodo posterior a 1945.
Además, con el despuntar de un importante viraje de la economía-mundo, la derecha mundial cobró aliento y se reafirmó. Los más notables, por supuesto, fueron los gobiernos neoliberales de Margaret Thatcher y de Ronald Reagan. Pero tal vez lo más importante fue la habilidad del Fondo Monetario Internacional y del Departamento del Tesoro estadunidense de imponer a la mayor parte de los gobiernos de la Vieja Izquierda que continuaban en el poder una retirada importante de sus políticas económicas, haciéndolos cambiar el desarrollismo de sustitución de importaciones por el crecimiento basado en las exportaciones.
Cuando el último y más fuerte de estos gobiernos de la Vieja Izquierda -los regímenes comunistas de la Unión Soviética y sus satélites de Europa Oriental y de Centro- se colapsó, entre 1989 y 1991, el creciente desmantelamiento de los movimientos antisistémicos (tanto de la Vieja como de la Nueva Izquierda) alcanzó el punto culminante de desilusión y desencanto acerca de su capacidad de transformar el mundo.
Pero justo cuando la marea de ideología neoliberal parecía alcanzar su clímax, a mediados de los noventa, la ola comenzó a virar. El punto de quiebre fue la rebelión zapatista del primero de enero de 1994. Los zapatistas pusieron muy en alto la bandera de los segmentos más oprimidos de la población mundial, los pueblos indígenas, y reclamaron su derecho a la autonomía y al bienestar. Es más, lo hicieron sin exigir la toma del poder del Estado mexicano, sino buscando el poder de sus propias comunidades, para las cuales pidieron el reconocimiento formal del primero. Y mientras el lado militar de su rebelión terminó muy pronto con una tregua, políticamente buscaron a la "sociedad civil" de México, y luego a la del mundo entero. Acordaron encuentros "intergalácticos" en las selvas de Chiapas y pudieron convocar la asistencia de un número impresionante de militantes e intelectuales de todo el orbe. Cuando en 2000 llegó al poder en México un nuevo presidente (que había sacado al decrépito movimiento "revolucionario" que mantuvo el poder durante 60 años), los zapatistas marcharon a la ciudad de México para exigir que los términos de los convenios de tregua de 1996 (los llamados acuerdos de San Andrés) fueran por fin puestos en práctica por el gobierno mexicano.
Cuando la legislatura mexicana no cumplió, pese al enorme respaldo que los zapatistas tenían en la "sociedad civil", regresaron a sus comunidades en Chiapas y comenzaron a implementar su autonomía unilateralmente, creando -de facto si no de jure- gobiernos democráticos, su propio sistema escolar y sus propias instalaciones de salud. Pero el Ejército Mexicano se mantuvo siempre como contrapeso a su alrededor, amenazando potencialmente con desmantelar su estructura de facto.
La importancia de los zapatistas fue mucho más allá de los estrechos confines de Chiapas o aun de México. Se volvieron ejemplo de lo posible para otros en cualquier parte. Si en los pasados cinco años la mayoría de los países sudamericanos han puesto a gobiernos populistas/izquierdistas en el poder, el ejemplo zapatista fue parte de las fuerzas disparadoras. Si los manifestantes en Seattle fueron capaces de descarrilar la reunión de la Organización Mundial de Comercio en 1999, y pudieron hacer manifestaciones semejantes en Génova, Quebec y otros lugares, así como este año en Gleneagles, en no poca medida fue inspirado por los zapatistas. Y cuando en 2001 el Foro Social Mundial aglutinó esta renovación de la lucha antisistémica, los zapatistas fueron un modelo heroico.
Pero ahora, repentinamente, en junio de 2005, los zapatistas proclamaron una alerta roja, llamaron a sus comunidades a abandonar los poblados e internarse en el monte para realizar una "consulta" masiva a la base. ¿La razón? Dijeron que ya no podían sólo esperar indefinidamente mientras el Estado mexicano ignoraba sus promesas hechas hace 10 años en los acuerdos de tregua. Se declararon entonces listos "para arriesgar lo poco que habían obtenido" (es decir, la limitada autonomía de facto sin base jurídica), con el propósito de intentar algo nuevo. Declararon que habían finalizado la primera fase de su lucha y que era tiempo de pasar a una segunda etapa, que sería política y no militar, añadieron.
En la tercera y última parte de la Sexta Declaración de la Selva Lacandona, difundida el 30 de junio de 2005, los zapatistas brindan indicios claros de la línea política que proponen. No hacen mención de partido político alguno, ni en México ni en ningún otro lado. Dicen a la gente de todas partes, a quienes luchan por sus derechos, a los que están a la izquierda, que los zapatistas están con ellos. Hablan de crear una vasta alianza política en México -somos indígenas, pero también somos mexicanos-. Y hablan de crear una vasta alianza política en el mundo. Usan un lenguaje inmediatamente incluyente -incluyente de todos los estratos y todos los pueblos, y sobre todo de todos los grupos oprimidos-, pero en la izquierda, sin atarse necesariamente a ningún partido.
En mi opinión, la cuestión más importante de esta iniciativa es su sentido del tiempo. Han pasado 11 años desde que la marea comenzó a ir contra el neoliberalismo y el imperialismo. Pero para los zapatistas no se ha logrado lo suficiente. Tengo la sensación de que no son los únicos que lo piensan. Tengo la sensación de que por toda América Latina, en especial en aquellos países donde los grupos populistas o de izquierda han llegado al poder, hay una sensación semejante de que no es suficiente, de que estos gobiernos han hecho muchas concesiones, de que el entusiasmo popular se agota. Tengo la impresión de que en el Foro Social Mundial hay esa misma sensación de que lo logrado desde que comenzó en 2001 es muy notable, pero no suficiente, y que no puede seguir haciendo las mismas cosas una y otra vez. En Irak y en Medio Oriente en general también parece haber la sensación de que la resistencia al intervencionismo machista de Estados Unidos ha sido sorprendentemente fuerte, pero, aun así, no ha sido suficiente.
En 1994 la rebelión zapatista fue el barómetro de un rechazo al sentido de incapacidad que había comenzado a apoderarse del impulso antisistémico mundial. Sirvió entonces para encender una serie de otras iniciativas. Hoy, cuando los zapatistas nos dicen que su primera etapa ya terminó y que no podemos quedarnos ahí, parecen de nuevo ser un barómetro de un cambio de sentimiento en otras partes. Los zapatistas quieren moverse a una segunda etapa -política, incluyente-, pero están todavía lejos de haber detallado sus objetivos. ¿Serán ahora la inspiración de una revaluación semejante por toda América Latina, en el Foro Social Mundial y en todos los movimientos antisistémicos del planeta? ¿Cuáles serán los objetivos detallados de la siguiente fase?
Traducción: Ramón Vera Herrera
©Immanuel Wallerstein

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