Actividades de SIPAZ (De Octubre de 2005 – al 15 de Enero de 2006)
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ARTICULO: Tras el paso del huracán Stan por Chiapas

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En enero, recibimos una petición del Centro de Derechos Humanos Fray Matías de Córdoba (Tapachula, zona Costa de Chiapas), solicitando apoyo para realizar una misión de observación en las zonas afectadas por el Huracán Stan. El pasado octubre, Stan azotó ciudades y comunidades de México y Centroamérica. En la Costa y Sierra de Chiapas, fuertes inundaciones dejaron más de 22 mil viviendas completamente destruidas y alrededor de 19 mil damnificados. Aunque SIPAZ no suele cubrir estas regiones del estado al concentrar sus actividades en la llamada “zona de conflicto”, decidimos responder al llamado del Centro de Derechos Humanos Fray Matías: las consecuencias del paso de Stan perdurarán por largo tiempo, afectando al estado en su totalidad.

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La misión de observación se realizó del 8 al 15 de enero, tres meses después de la catástrofe. Aunque había pasado ya lo más duro, el paisaje seguía siendo desolador: lugares que parecen playas sin mar, llenos de arena y rocas, largas extensiones vacías que dejan ver el cauce que llegaron a ocupar los ríos… Desde las alturas de la Sierra, y aunque predominan los colores grises y azules, no puedo dejar de pensar en el título del libro tan conocido de Galeano: “Las Venas abiertas de América Latina”…

Pudimos escuchar testimonios de lo más diversos, que daban cuenta de lo mejor y de lo peor, como suele ocurrir en situaciones de emergencia. La gente cuenta que antes allí estaba su pueblo, su casa, su matita de mango o de plátano. En el momento del paso del huracán, muchos ayudaron a otros a salvarse de las inundaciones. En varias comunidades, más pequeñas y aisladas, siguen compartiendo la poca comida de la que disponen, el hambre, el frío. Ya empiezan a reconstruir sus hogares.

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En las poblaciones más accesibles por carretera, las despensas llegaron con mayor rapidez. Muchos mencionan a las iglesias y a Caritas que dieron las primeras ayudas, el apoyo de la sociedad civil que llegó de otros estados de México. Por otro lado, también escuchamos denuncias como “me dieron las despensas incompletas”, “me han robado mis animales”. La falta de solidaridad y el individualismo han estado más marcados en zonas urbanas, en particular en la ciudad más grande de la zona: Tapachula. Grupos, a menudo armados, entraron a saquear las casas, las tiendas o asaltaron camiones de despensa. Otras personas defendieron sus bienes a la fuerza. Algunas tiendas aprovecharon para subir drásticamente los precios de los productos básicos.

Posteriormente a la Misión de Observación, buscamos una entrevista con la Junta de Buen Gobierno en la Realidad, que cubre las dos regiones damnificadas. “Muchas de nuestras bases de apoyo fueron afectadas”, nos dijeron, “Algunos perdieron sus casas, sus cultivos, sus tierras. Se juntaron en albergues en Huixtla, Belisario Domínguez, Motozintla y Comalapa. Recibimos mucha solidaridad de la sociedad civil nacional e internacional y de comunidades nuestras. (…) También mandamos brigadas de salud. Participaron médicos solidarios y promotores de otras comunidades”. Constatan avances: “La mayoría de gente ya regresó a su lugar o se reubicaron con familiares. Los que quieren reconstruir su casa ya entregamos material de reconstrucción”. Sin embargo persisten dificultades entre ellas: “Muchos de ellos viven en zona de riesgo. Les invitamos, mejor, a salir de allí y venir por aquí, a la selva donde tenemos tierras recuperadas. Pero es muy difícil, los compas están acostumbrados a su tierra y no quieren salir. Entonces si quieren construir allí, ni modos, respetaremos su decisión.”

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Las autoridades reconocen que “Stan” sobrepasó todas sus previsiones. En el camino, se encuentran varias máquinas y personas trabajando en la reconstrucción de carreteras y puentes. Se ven pocos avances tantos meses después. Escuchamos a la mayoría de los afectados y nos dicen que hay promesas pero que los gobiernos casi no han cumplido nada. También existen testimonios y rumores de despensas vendidas o de políticos locales que guardan escondidos despensas y materiales de construcción. “Yo vi costales de despensas en la policía”, nos cuenta una mujer en Mapastepeque, “me regañaron por mirar…” Es preocupante que estas ayudas puedan ser usadas de manera proselitista en el marco de las próximas elecciones. La zona se ve como botín electoral por la vulnerabilidad extrema en la que se encuentra gran parte de la población.

Las autoridades locales se defienden: por ejemplo en Acacoyagua, donde se escuchaban rumores de que iban a secuestrar al presidente municipal: “ya hemos repartido mucha ayuda, estamos reconstruyendo carreteras, pero siempre hay personas inconformes”.

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Se teme también que unos puedan aprovecharse de la situación para hacer avanzar otras agendas económicas o ambientales. Un grupo de afectados en la Sierra nos dijo: “El gobierno nos quiere reubicar hacia la Costa. Sospechamos que nos quieren sacar de las tierras de la reserva, porque hay recursos naturales allí.”

Las descalificaciones son mutuas. Se cuestiona que las autoridades, las distintas organizaciones y las iglesias beneficien exclusivamente a su propia gente. La reconstrucción ciertamente tardará mucho más tiempo. Los que tienen familiar o amigos en Estados Unidos intentan emigrar allí. Los “coyotes” cobran de 20.000 a 30.000 pesos (1US$=10.5 pesos aproximadamente) por el trayecto. Lamentablemente, para muchos la migración a otras partes del país o a Estados Unidos parece representar la única salida.