Actividades de SIPAZ (Abril – Junio de 2004)
30/06/2004
Pablo Salazar Mendiguchía © Expediente 2010
COYUNTURA: Elecciones en Chiapas, ¿quién ganó?
30/12/2004

ARTICULO: Postales desde Quito en el marco del Foro Social de las Américas

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“No es que el conflicto que se vive en Chiapas se haya resuelto, o que haya perdido su importancia. Es que la Paz no será construida sólo sobre la base de esfuerzos nacionales, cuando sus causas son cada vez más globales y aluden a la urgencia de un cambio profundo en el sistema económico y político dominante”. (Samuel Ruiz García, obispo emérito de San Cristóbal de Las Casas, Chiapas, “Una nueva hora de gracia”, 25 de enero de 2004).

 

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Resulta difícil escribir sobre cualquier Foro Social y en este sentido, el primer Foro Social de las Américas (FSA) que se realizó en Quito, Ecuador, del 25 al 30 de julio pasado no es excepción a la regla. Desde el día anterior y empezando con el registro, uno se pregunta si confiar en la teoría del caos. Alrededor de 10.000 participantes originarios de 44 países, principalmente del continente americano, se juntaron en esta ocasión.

Osvaldo León, director de la Agencia Latinoaméricana de Información (Alai) explicaba: “Este primer FSA se inscribe en el proceso que viene impulsando el Foro Social Mundial (FSM), para articular la diversidad de sectores y fuerzas sociales que se oponen a las políticas neoliberales, y con esa diversidad ir tejiendo conjuntamente propuestas alternativas con un sentido de humanidad. El FSM nació a finales de enero del 2001, en un evento celebrado en la ciudad brasileña de Porto Alegre, como antípoda del Foro Económico Mundial (FEM) que anualmente congrega en Davos, Suiza, a los líderes financieros y políticos de los países ricos”. Además de los Foros Sociales Mundiales, se han venido organizando Foros regionales y temáticos.

En Quito, cada participante habrá tenido una experiencia diferente. De hecho, participar en el FSA habrá resultado una pesadilla para los indecisos, ya que se llevaron a cabo un centenar de espacios distintos –entre conferencias, paneles, mesas de diálogo, testimonios y encuentros-, muchos de ellos realizados al mismo tiempo.

Bajo el eje aglutinador de “otro mundo es posible”, la gama de temas abarcados estuvo muy amplia: los acuerdos de libre comercio, la militarización, los derechos humanos, la deuda externa, el desarrollo sustentable, la soberanía alimentaria, etc. No todo llevaba a un análisis sombrío de la realidad o suficientemente negro como para desanimar a cualquier activista. Varias experiencias de resistencia al neoliberalismo y a su corolario militar, a nivel nacional, regional y más global, se ofrecían en contraste, como rayos de luz: procesos más conocidos (como el neozapatismo mexicano, los sin tierras brasileños o los piqueteros argentinos) u otros todavía no tanto (como los movimientos indígenas de Bolivia y Ecuador). No en vano se ha dicho de América Latina que es el “continente de la esperanza”.

Se podría comparar el FSA con un gran bufete del pensamiento de izquierda actual, un arcoiris que va de lo más ortodoxo (la estrategia de los dos pasos: primero tomar el poder y luego, cambiar el mundo) a lo más antisistémico, o en la línea de la tradición anarquista. Después de unos días, la dinámica hacía pensar en los procesos de construcción de consensos en las comunidades indígenas de Chiapas: todos tienen la posibilidad de dar su punto de vista, lo cual puede resultar repetitivo, y a la vez, esa participación sigue siendo importante para llegar a acuerdos reales no nada más en el sentido de un diagnóstico sino apuntando a acciones concretas.

De hecho, en un artículo de julio titulado “El Foro Social Mundial en la encrucijada”, Immanuel Wallerstein, profesor-investigador del Departamento de la Universidad de Yale, EE.UU., ubicaba el principal desafío de este proceso a este mismo nivel: “Lo que determinará la capacidad del espacio abierto para servir el objetivo de transformar el mundo en un sentido más democrático e igualitario, es la manera en la que el FSM pueda desarrollar mecanismos para conciliar un espacio abierto y una actividad política real y concreta”.

Es en el cómo llegar a construir este “otro mundo posible” que se dan las divergencias y críticas en estos foros, en particular por su poca incidencia práctica más allá de la amplitud y diversidad de los mismos Encuentros. No todas estas criticas vienen de fuera sino también de dentro. Immanuel Wallerstein en el artículo ya mencionado resumía la mayor parte de ellas en estos términos: “Las críticas (…) son múltiples: el FSM dice que otro mundo es posible; debería decir que el socialismo es el objetivo. El FSM es un foro abierto; por lo tanto, no es sino pura cháchara. No se involucra con la acción, por lo tanto es inherentemente ineficaz. Acepta dinero de fundaciones y organizaciones no-gubernamentales; por lo tanto se vendió. No permite participar a los partidos políticos; por lo que excluye a grupos claves. No permite la participación de grupos involucrados en la violencia; pero la violencia es legítima para los grupos oprimidos que no tienen otra alternativa. Todas las afirmaciones iniciales sobre el FSM son exactas. Pero las inferencias, presentadas luego del punto y coma, son rechazadas por el FSM. “

Fue en gran parte en la selva Lacandona de Chiapas que se originó en 1996 ese movimiento global de resistencia, que hoy se expresa en la consigna del Foro Social Mundial: “Otro mundo es posible”. El neozapatismo también abre algunas pistas de cómo ir superando las discusiones que se dan dentro de estos mismos Foros desde esta invitación suya a la construcción utópica: “un mundo en el que quepan todos los mundos”, un tema que subrayaron el grupo mexicano “Jóvenes en Resistencia Alternativa” (ver ponencia completa “Cinco sueños del zapatismo, cinco sueños para la resistencia”)

Un teólogo chileno preguntó en uno de los espacios: “¿Yo quisiera saber si todos los que quieren cambiar el mundo, están dispuestos a cambiar ellos mismos?”. Esta interpelación recuerda a una de la frase de Gandhi. “Debemos ser el cambio que queremos ver en el mundo”. La búsqueda de congruencia en la construcción de una cambio real sigue siendo un reto dentro y fuera de los Foros sociales, para cada uno de los que pensamos que es necesario.

José Astudillo, vicepresidente de SIPAZ, de Ecuador, recuperaba también después del Foro: “Pasar de la caridad a la solidaridad, de la beneficencia a la corresponsabilidad para transformar las relaciones injustas entre los que más tienen y los empobrecidos, fue una reflexión muy importante. Muchas organizaciones de Estados Unidos y Europa, están cuestionando la forma de Cooperación de los organismos internacionales. “Las ayudas”, “los alivios”, en la mayoría de los casos son condicionamientos para explotar más a los países pobres. La cooperación debe entonces ser una militancia en defensa de la Vida, no hay benefactores y beneficiarios sino una alianza”. Para entrar en el sueño de construir “otro mundo posible” todos estamos en el mismo barco.

Para más información, consulte: http://alainet.org o www.forosocialamericas.org